Profanación a nuestros templos católicos

P. Eduardo Hayen Cuarón 

 

¿A quién le interesa allanar un templo católico y esculcar los cajones de la sacristía en búsqueda de la llave del Tabernáculo? Así ocurrió la noche del 31 de diciembre en la Capilla de San José, templo que está en el territorio de la Catedral, en Barrioalto, en el centro de Ciudad Juárez. Al no poder encontrar esa llave, ¿qué mentes, en su desesperación por llegar al Santo de los Santos, arremeten con violentos golpes al Sagrario para abrir la puerta con la intención de robar las Hostias consagradas? Por gracia de Dios no pudieron hacerlo.

Sin embargo días después, estos espíritus dando muestras de perversión sacrílega, entraron en la capilla del Divino Niño, en donde sí lograron encontrar las llaves del trono de Cristo sacramentado; lo abrieron para profanarlo y hurtaron el píxide con las sagradas formas, dejando algunas tiradas por el suelo. Sobre el respeto hacia las cosas sagradas bien lo había dicho el Señor: «No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos» (Mt 7,6). No se las dimos. Fueron ellos los que hurtaron las perlas más sagradas de la Iglesia.

En Catedral se hicieron oraciones de reparación por el sacrilegio cometido, pero en Divino Niño hubo más dolor en la comunidad y en su párroco. Ellos fueron testigos del cumplimiento de las palabras del Señor: «Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar» (Lc 5,35). Con la comunidad del padre Hugo Muñoz hoy nos hacemos solidarios en la oración de reparación y desagravio por la abominación hecha contra el Santísimo Sacramento dentro de su templo.

Volviendo a la pregunta inicial: ¿a quién le interesa allanar un templo católico? ¿Qué mentes atentaron contra lo más santo que hay en la Iglesia? No lo sabemos con exactitud, pero sí lo suponemos. En el intento de profanación en San José fue encontrada tirada en el suelo una bolsa de tela negra con cierre de cordón marcada con un símbolo de una organización anticatólica de esta ciudad. Es muy probable que en este contenedor los ladrones hubieran querido que las Hostias consagradas salieran del templo. Evidentemente el motivo del allanamiento no era un robo económico sino el hurto de la Eucaristía para fines desconocidos.

El allanamiento de los templos y robo de la Eucaristía, además de ser un grave atentado contra el Señor de los Ejércitos, es una profunda ofensa a los sentimientos religiosos de los católicos. La Eucaristía no es un mero símbolo religioso –como lo creen los evangélicos– sino que se trata de la presencia real de Jesucristo, oculto en las especies del pan y del vino. El que Jesús haya querido quedarse en el sacramento debe suscitar en nosotros sentimientos de adoración, reverencia, respeto y de un gran amor a Él, porque se sigue quedando a pesar de los riesgos y peligros.

Hagamos actos de desagravio y de adoración eucarística en nuestras comunidades por lo ocurrido en Divino Niño y, en menor grado, en San José. Oremos por quienes cometieron estos sacrilegios a fin de que se arrepientan antes de que san Miguel Arcángel deje caer su espada de fuego sobre sus impías cabezas. Que estos hechos nos duelan y que, al mismo tiempo, sean una llamada a la conversión para ser personas más devotas de la Eucaristía.

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