Ana María Ibarra

En 2012, Mayra Araceli Martín el Campo Ortiz escuchó la invitación al taller de Madres Responsables mientras acudía al Catecismo con su hija.

Desde entonces, su vida y la de su hija cambiaron de tal forma, que ahora Mayra se dedica a impartir talleres dentro del CERESO.

 

Descubrió sus capacidades

Como madre soltera, Mayra no se acercaba a la Comunión hasta que la catequista de su hija le dijo: “Si tienes la oportunidad de comulgar, hazlo, restituye la dignidad de ser hija de Dios”

“Esas palabras me hicieron analizar mi situación y me di cuenta que no tenía inconveniente. Decidí acercarme a la Confesión y luego a la Eucaristía”, dijo la entrevistada, quien luego de esto, en una misa, escuchó el anuncio MaRes y decidíó entrar.

Mayra reconoció que por ser madre soltera se sentía culpable de que su hija no tuviera una familia convencional: papá, mamá e hijos, hasta que comprendió que para Dios, ella y su hija son una familia completa a la que Él quiere feliz y plena.

“Antes de entrar a MARES no le daba a mi vida el valor que merecía, a mi hija no le daba la verdadera prioridad de estar conmigo. A partir de ese taller me di cuenta que mi hija me necesitaba. En ese tiempo me quedé sin trabajo y he tenido más tiempo de estar con ella y a la vez hago mi servicio con el grupo de MARES diocesano”, compartió.

Mayra ha impartido el taller en la parroquia La Transfiguración del Señor, y actualmente en el CERESO.

“Inicié a impartir el taller por invitación de Martha Siciliano, mi maestra, ella vio en mi esta posibilidad. Al entrar descubrí en mí dones que no conocía y al quedar sin trabajo, Dios me llenó de situaciones y me di cuenta que soy capaz de hacer muchas cosas para salir adelante”, dijo.

 

Vida de paz

Mayra compartió que su vida cambió y que hoy se encuentra llena de paz y tranquilidad. “Antes vivía estresada en el trabajo, no tenía tiempo para mi hija. Ahora tengo tiempo para ella, estoy cuidando a mi abuelita que ya es grande y tengo la posibilidad de estar en mi casa. A pesar de que antes tenía más dinero, no tenía la paz que hoy tengo por medio del Señor”.

Actualmente la hija de Mayra tiene 14 años y también ella ha aceptado su situación, incluso apoya a su madre en los talleres cuidado a los niños de las mujeres que asisten.

“Me da satisfacción poder ayudar a otras mujeres. En el CERESO es doble responsabilidad porque es ayudar a sanar su pasado y el delito que cometieron o bien la injusticia que cometieron con ellas. Es un trabajo muy arduo”, aseguró.

Aunque el servicio para Mayra es muy gratificante, reconoce que las madres solas siguen encontrando desaires de algunas personas, incluso dentro de la Iglesia.

“A nosotras nos tocó vivir esta situación, pero también somos plenas y felices. Invito a las mujeres que se sientan solas a que si encuentran un taller de MARES se integren. Van a encontrar un antes y un después en su vida. También necesitamos promotoras, si alguien le interesa y puede unirse en nuestro proyecto, son bienvenidas”, finalizó.