Habla obrero que entregó regalo al Santo Padre


 

 

Mario Popoca nunca imaginó encontrarse un día con el Papa Francisco. Mucho menos en su propia tierra, Ciudad Juárez.

Pero este obrero que trabaja desde hace 23 años en una maquiladora de ensambles automotrices recibió la bendición de saludar, junto a sus dos hijos, al Santo Padre en el Encuentro que sostuvo el pontífice con el Mundo del Trabajo en Ciudad Juárez, el pasado miércoles 17 de febrero, día de su visita histórica a esta frontera.

“Fue una sorpresa estar ahí, algo que no me imaginaba y me causó un gran sentimiento”, dijo Mario al compartir el momento en que su párroco, el padre Rodolfo Murillo, lo llamó para avisarle que entregaría un regalo al Papa Francisco en su visita a Ciudad Juárez.

“Fue algo hermoso, di gracias a Dios porque no me suelta y me sigue dando fuerza para amar a mis semejantes y humildad para continuar”, confesó el hombre, quien hace un año perdió a su esposa Laura por una neumonía.

Desde hace 15 años, Mario es servidor en la parroquia Jesús El Salvador, donde ha colaborado en la Asamblea de matrimonios y lo sigue haciendo aunque su esposa ya no vive.

“Me aferré a Dios y sigo sirviendo”

Fiel a la Palabra de Dios, el trabajador ha podido dar ejemplo de disciplina a sus dos hijos Mario y Raúl Andrés, pues desde hace 20 años ha obtenido el premio por puntualidad y asistencia perfecta.

“Con mucha disciplina y amor a lo que esta uno haciendo. En todo hay que perseverar para lograr algo y es por eso que me aferro a Dios porque es de donde tomo las fuerzas”, dijo a la pregunta de cómo se logra tal perfección.


 

Perder para ganar

Al comentar las palabras del Santo Padre en el Encuentro en el Gimnasio de Bachilleres, Mario agradeció que haya hablado a favor de los trabajadores y para que los patrones se pongan más sensibles ante los “malos pagos” y el abandono a los hijos por causa del trabajo.

Dijo que le gustó mucho que el papa haya compartido la anécdota de un amigo suyo, líder obrero, quien le dijo que siempre hay que perder algo, para que todos ganen.

En el evento Mario entregó al Santo Padre una Canasta de mimbre elaborada por tarahumaras, con productos regionales como asadero, carne seca y otros.

Recibió del Santo Padre como detalle un Santo Rosario.

“¡Es hermoso!”, exclamó al confesar que todavía siente los brazos del papa abrazándolo y respira su aroma “a  hostia”.

Para finalizar la entrevista Mario pide a todos los juarenses amar a los hijos por sobre todo.

“He tenido que aprender a hacer cosas que antes no hacía: lavar, ir a juntas escolares, hacer comida…¡Qué difícil es ser mamá! pero que Dios me de sabiduría porque mi prioridad son mis hijos”, reconoció.