Un reto para el año nuevo

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Dr. Oscar Ibáñez/ Académico universitario

En el 50 aniversario de la Jornada Mundial de la Paz que inició el Beato Paulo VI en 1968, el Papa Francisco propuso un tema de mucha actualidad que hay que leer y que representa un verdadero reto para todos, en particular para los cristianos: “La no violencia: un estilo de política para la paz”.

La violencia se sufre de muchas maneras en el mundo, desde la violencia intrafamiliar, hasta la serie de conflictos que se viven en todos lados y que Francisco ha denunciado como una tercera guerra mundial “por partes”, que incluye los atentados terroristas que se suceden en todo el mundo casi a diario, como el de inicio de año en Turquía, o las persecuciones religiosas que sufren en mayor proporción los cristianos globalmente, o la violencia cada vez más salvaje ejercida por el narcotráfico y el crimen organizado en México.

Hay otras formas de violencia que se manifiestan contra los más débiles, sean los no nacidos, los pobres, los migrantes, las mujeres y aquellos que sufren esclavitud, trata y abuso de distintas formas, desde la violencia verbal, pasando por la física y llegando a la institucional, que se deriva de políticas públicas que afectan principalmente a quienes menos tienen.

Por ejemplo al iniciar el año, los mexicanos son agredidos por el descomunal incremento a los precios de gasolina, sumándose a los aumentos en gas, electricidad y su consiguiente efecto en los precios de productos, servicios y transporte que afectan a todas las familias. La tentación de responder a la violencia con más violencia siempre está presente, por eso la invitación a los ciudadanos es participar utilizando la no violencia activa.

“Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así.” Nos explica el obispo de Roma en su mensaje de paz de este año, al contrario implica un compromiso total como el de la Santa Teresa de Calcuta cuya “misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas.”

El Papa hace un recuento de los cambios y triunfos a nivel internacional y político que han sido fruto de la no violencia activa, desde la independencia de la India encabezada por Ghandi, hasta las luchas por los derechos civiles de Martin Luther King, o de las mujeres africanas lideradas por Leymah Gbowee que han logrado vencer la violencia mediante oración y protestas pacíficas, sin olvidar la caída de los regímenes comunistas mediante la oración y acción de miles de cristianos.

El mensaje de la Jornada Mundial de la Paz establece que “Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.”

“Es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio.”

La no violencia es un estilo, es una manera de ser, señalada por Jesucristo: “Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21).” Al iniciar un nuevo año, tenemos un reto fundamental y personal que nos puede llevar a construir el bien común: “quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones»”.