El panorama para Estados Unidos y para el mundo se avizora negro, gane quien gane las elecciones. Nunca como hoy habíamos tenido en la contienda electoral norteamericana a dos candidatos de tan baja calidad. Por una parte Donald Trump ha aparecido en el escenario político más como un intruso, que como una esperanza seria. Muchas veces ha abierto la boca para proferir insensateces, o para transparentar su racismo, y así ha alejado sus posibilidades se llegar a la Casa Blanca.

 

Trump ha destacado en el escenario político por sus arrebatos pasionales. El descabellado proyecto de construir un muro de tres mil kilómetros y obligar a México a pagarlo, o su discurso nacionalista de devolver la gloria que tenía Estados Unidos nos alertan de que estamos frente a un demagogo. Sus abusos sexuales a algunas mujeres ventilados por la prensa; y sus negocios, como casinos y concursos de belleza, hablan de frivolidad y guasonería.

 

Al verse desfavorecido en las encuestas, el candidato republicano parece desesperado y ha afirmado que existe un complot en su contra. Nos preguntamos ¿hacia dónde irá la primera potencia mundial gobernada por un hombre tan pasional y tan carente de juicio? De hecho no es atrevido pensar que Donald Trump ha sido puesto como candidato a la presidencia, con toda la intención de favorecer el asenso al poder de alguien tan peligroso como ella: Hillary Clinton.

 

La candidata demócrata, al contrario de Trump, tiene una largo colmillo político. Desde primera dama de Arkansas, primera dama de Estados Unidos, senadora y Secretaria de Estado, la Clinton representa un serio peligro para la vida humana, la libertad religiosa y la paz mundial.

 

Según analistas políticos de la rusa Radio Sputnik, la filosofía de Hillary siempre se ha basado en la agresividad del sueño americano. Ella ha jugado un papel preponderante en la desestabilización del Medio Oriente. Votó a favor de la invasión en Irak en 2003 y se enorgullece de ser responsable del desastre en Libia, ya que –según ella– un dictador fue eliminado. La señora siempre ha exigido acciones agresivas contra el gobierno de Siria y su hostilidad contra Irán no tiene límites. Es además partidaria de una política contra Rusia, a quien trata de aislar en sus relaciones comerciales con Europa. Muchos ven a la Clinton como alguien que empujaría al mundo hacia una guerra mundial.

 

Hillary enarbola la bandera feminista y son las mujeres quienes más la apoyan. De resultar electa el 8 de noviembre, sería la primera mujer presidenta de Estados Unidos. Influida por el feminismo radical, la Clinton tiene una mancuerna –que no podemos dejar de calificar de siniestra– con la señora Cecil Richards, quien es la presidenta de Planned Parenthood, la mayor organización promotora del aborto en el mundo, que no sólo mata millones de bebés al año sino que vende sus partes.

 

Si la ex Secretaria de Estado llega a la Casa Blanca vendrán tiempos difíciles para las religiones. La señora Clinton, durante una conferencia para mujeres en Manhattan hizo una declaración sin precedentes: “Los códigos culturales profundamente enraizados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”. ¡San Miguel Arcángel! Esto significa que todos debemos de abandonar nuestras convicciones para ajustarlas en la aceptación del aborto, anticonceptivos, eutanasia e ideología de género. Y ello con los recursos coercitivos del gobierno. ¿Significa que podrán los cristianos ir a la cárcel por tratar de vivir según las enseñanzas de su fe? Un obispo de Estados Unidos ha señalado que si un ciudadano pierde el derecho a vivir según sus convicciones religiosas por intromisión del Estado, pierde su esencia de estadounidense.

 

Muchos electores en Estados Unidos están preocupados por la posibilidad de que Donald Trump llegue a la presidencia. Votarán seguramente por Hillary Clinton en quien no ven ningún peligro. Si Trump es temido por los inmigrantes y los mexicanos, ella debe ser temible por los no nacidos, por los pro-vida y por quienes quieren vivir según los principios de su religión. Como lo hizo Jezabel, la antigua reina de Israel, Hillary querrá que abandonemos nuestras convicciones religiosas para postrarnos en adoración a los baales, y amenaza con perseguir a quienes, como el profeta Elías, pretendan ser fieles al culto al Dios verdadero.