Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con mucha alegría en este tiempo de Adviento, tiempo de espera, tiempo de paz en el que nos preparamos en la oración y en la misericordia para recibir al Salvador que nacerá en nosotros.

Hemos vivido la fiesta este 8 de diciembre pasado de la Inmaculada Concepción de María y estaremos celebrando el próximo lunes la solemnidad de Santa María de Guadalupe, María como figura del Adviento. Por ello quiero proponerles una reflexión en torno a María, nuestra madre, modelo de esperanza, modelo de amor y de servicio.

María sale al encuentro para servir. Iniciamos esta reflexión con una oración: Padre rico en misericordia que has colmado los corazones de tus hijos con la plenitud de tu Espíritu Santo, en especial de María la Virgen Pura, concédenos experimentar vivamente su presencia para que al igual que nuestra Madre Santa, podamos salir al servicio fiel y generoso de nuestros hermanos, especialmente de los más necesitados de tu misericordia.

Contemplar a María en este tiempo, siempre, toda nuestra vida, pero particularmente en este tiempo de Adviento y de Navidad, contemplamos a la Virgen María hermosísima, pura, servicial, que cumple el mandato del Señor.

Un texto muy importante que nos ilumina esta reflexión durante este tiempo estará puesto en la liturgia constantemente desde Lucas, capítulo 1, 39-45: En aquellos días se levantó María y se fue con prontitud  a la región montañosa a una ciudad de Judá, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel, y sucedió que en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamando con voz fuerte dijo: Bendita tú entre las mujeres, bendito el fruto de tu seno… y de dónde a mí que la Madre de mi señor venga a mí… porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. Un texto hermosísimo de la anunciación, de la visitación de María a Isabel. Un encuentro entre dos mujeres. María e Isabel, ambas llenas del amor de Dios y del Espíritu Santo.

¿Qué nos dice el texto? ¿Qué nos invita a reflexionar este texto que acabamos de proclamar?  la narración del pasaje que hemos escuchado se encuentra enmarcada dentro del anuncio del ángel y del nacimiento del Salvador ¿Qué mueve a María?. María parte de las palabras del ángel: Isabel, tu pariente ha concebido un hijo en su vejez, las interpreta como una invitación para ir a estar con ella.

Es muy importante esto, escucha María el anuncio de Dios a través del ángel y ella descubre que Dios la invita a salir a ir al encuentro de Isabel. En ese sentido, nosotros debemos estar atentos durante este tiempo a la voz de Dios, a la presencia del Hijo de Dios que viene a nuestro encuentro.

Es Dios que nos llena de su gracia, de su amor, con su Palabra, pero también nos invita a preparar nuestro corazón y nuestra mente para que, a ejemplo de María, sintamos la motivación, la inspiración de parte de Dios para salir al encuentro de nuestros hermanos.

El Adviento y la Navidad es eso: recibo la gracia de Dios, siento el impulso del Espíritu Santo para salir al encuentro de mi hermano, de mi prójimo, de mi familia, de mis amigos, de los necesitados; para anunciarles, compartirles, llevarles la alegría del Salvador. “Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” no parece ser casualidad la mención de la casa de Zacarías. El detalle nos remite a la escena anterior, la cual ocurrió en el templo de Jerusalén donde la duda de Zacarías había llevado a su mudez. María va a la casa del mundo, va como portadora de una Palabra de origen divino, el cual ella ha creído.

Así nosotros, tú y yo, todos llenos de fe debemos ir al mundo, ir a la sociedad, ir a los rincones, ir a todas las personas como portadores de una palabra divina y esa Palabra es Dios, es Cristo, es el Hijo de Dios, siempre impulsados por el Espíritu Santo. Cuando Isabel y María se saludan entienden, captan la vibración del espíritu y se abrazan con una inmensa alegría. Así deben ser nuestros encuentros en este tiempo de Adviento y de Navidad: de alegría, de gozo, de felicidad, porque Dios está ahí, porque Dios nace.

Ya nos dijo el papa Francisco: la Navidad está en tí, en tu corazón, en tu vida, en tus pensamientos, por lo tanto, a ejemplo de este encuentro lleno de gozo entre Isabel y María, así que nuestros encuentros con todas las personas sean de una inmensa alegría: “saltó de gozo el niño en su seno”. El encuentro entre las dos mujeres hace saltar de alegría al niño de Isabel, lo cual es manifestación de la acción del espíritu santo.

A partir de este momento muchos saltarán de gozo a lo largo de todo el evangelio, cada vez que se encuentren con Jesús. Saltar de gozo. ¡qué expresión!, que es física, un salto físico, una emoción externa, pero también se refiere en un saltar de alegría desde el interior del amor de Dios, de la fe, de la esperanza. Y el motivo de ese salto interior profundo es Cristo. Encontrarnos con Cristo, más bien recibir a ese Jesús, el Salvador que viene a nuestro encuentro y que viene a salvarnos.

Quedó llena del Espíritu Santo la voz de María es portadora del Espíritu Santo que la ha llenado y con ello introduce a Isabel en el ámbito de su experiencia, el de una emoción profunda que es capaz de estremecer y hacer danzar de alegría.

Nosotros estamos llenos del Espíritu Santo, lo hemos recibido en el Bautismo, los que estamos confirmados recibimos la plenitud del Espíritu Santo y cada día, en cada Eucaristía, la presencia del Espíritu Santo llena nuestros corazones.

Que deveras tú y yo sintamos esa presencia del Espíritu Santo en nosotros, que nos llena, que nos invade, que nos transforma, que nos anima, y por consecuencia esa presencia del Espíritu santo se traduce en caridad, se traduce en amor, se traduce en servicio.

Como contemplamos a María Purísima, Inmaculada, como contemplamos a nuestra Madre Santísima la Virgen de Guadalupe, amorosísima, siempre tierna, siempre cercana a nuestro pueblo mexicano, a nuestra diócesis. Y por eso Isabel exclama : ¡Bendita tú entre las mujeres, bendito el fruto de tu seno! Lo que hasta el momento era solamente el secreto de María, ahora Isabel lo anuncia a gritos y con el corazón desbordante.

Que nosotros, también esa noticia de la llegada del Salvador, no la dejemos ahí guardadita, encerrada, sino que tengamos la convicción de anunciarla a gritos y con un corazón desbordante como Isabel.

Pero también nosotros gritemos ¡bendito el vientre de María! que nos trae al Salvador que nos comunica gozo, que nos comunica vida y amor.

En ese sentido pues los invito a seguirnos preparando, a seguirnos uniendo y fortaleciendo en este tiempo de Adviento, con la figura de María en el adviento y en Navidad. Es muy importante, acerquémonos a ella, contemplémosla,  admirémosla y sobre todo sigamos el ejemplo de amor, de entrega, de servicio, de alegría y de gozo.

Ánimo, los bendigo como siempre con todo mi amor paternal de obispo y les doy mi bendición: la bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Amén.

 

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