Ana María Ibarra
Con alegría y emoción, la comunidad de la Parroquia La Asunción de María celebró su fiesta patronal, gozosos por recibir la imagen de la Virgen María asunta al cielo, que fue sometida a un proceso de restauración.
Los festejos se realizaron del viernes 14 al domingo 16 de agosto reuniendo a cientos de familias.

La imagen de la Virgen María, que representa su asunción al cielo, tiene en la comunidad parroquial más de 60 años y originalmente se encontraba en la capilla dedicada también a la Asunción de María.
De acuerdo con los testimonios que el padre Ricardo González, párroco de la comunidad, ha recogido entre los feligreses, fue una religiosa quien logró adquirir la imagen, traída al parecer de Europa.
“Cuando se decidió construir el actual templo parroquial, la imagen fue trasladada de la capilla a la parroquia, un cambio que en su momento generó cierta resistencia entre algunos miembros de la capilla. Finalmente, los feligreses decidieron cederla con cariño para que permaneciera en el nuevo templo”, compartió el padre Ricardo.

Con el paso de los años, la imagen sufrió diversos deterioros, entre ellos la fractura de algunos dedos y de las alas de los ángeles que representan el momento en que María es llevada al cielo.
“Fue enviada a la Ciudad de México para ser restaurada, el proceso duró aproximadamente dos meses y medio”, explicó el sacerdote.
El regreso de la imagen tuvo un significado especial, pues llegó precisamente el día de la fiesta patronal -sábado 15 de agosto-, alrededor de la una de la tarde, apenas unas horas antes de la celebración eucarística solemne, que contó con la presencia de un mariachi.

“Estaba con muchos nervios, pero llegó la imagen. Llegó a tiempo”, dijo aliviado el sacerdote, quien destacó la alegría de los feligreses al contemplarla nuevamente en el templo.
La celebración también incluyó una kermés, cuyos recursos serán destinados para cubrir parte del costo de la restauración de la imagen.
Devoción arraigada

El domingo los festejos continuaron. En misa de una de la tarde, el padre Ricardo invitó a los fieles a reconocer que el amor de Dios no tiene límites, así como a convertirse en instrumentos para acercar a otros a Él.
A la luz del Evangelio, que narra el encuentro de Jesús con la mujer cananea, el sacerdote destacó la fuerza de una fe que persevera y recordó a los presentes que están llamados a ofrecer consuelo, esperanza y alimento espiritual a quienes lo necesitan.
En el marco de la solemnidad de la Asunción, presentó a María como modelo de sencillez y humildad, al recordar sus palabras: “Aquí estoy yo, que soy la esclava del Señor”.
La comunidad de Asunción de María, integrada en buena parte por personas adultas y con una historia de varias décadas, conserva diversas tradiciones, entre ellas el novenario previo a la fiesta patronal.
“Durante nueve días, los fieles peregrinan desde el templo hacia distintas casas de la comunidad, donde rezamos el rosario, celebramos la Eucaristía y compartimos un momento de convivencia”, mencionó el párroco.
Para el padre Ricardo, estas costumbres reflejan la fe y devoción arraigadas en una comunidad que, pese al paso de los años, mantiene vivas sus tradiciones.































































