Ángel Vidal/Autor
Al llegar al final de esta serie para conocer a cada uno de los 25 santos mexicanos que son mártires de la Guerra Cristera en México y fueron canonizados en el año 2000, presentamos a san Pedro de Jesús Maldonado, primer santo chihuahuense.
Recordemos que estamos conmemorando el primer centenario del inicio de la Guerra Cristera en México. Los mártires mexicanos que ocupan este artículo murieron entre los años 1915 y 1937, durante la persecución religiosa que se dio en México, conocida como la «guerra cristera».
Fueron canonizados en el año 2000 por el papa Juan Pablo II, quien pidió que la intercesión de estos 25 mártires mantenga al pueblo de México «siempre fiel», y que multipliquen «grandes» cristianos de la talla de los canonizados.
Hoy presentamos al primer santo chihuahuense y uno de los más significativos modelos de fortaleza cristiana.
En la siguiente edición, la última sobre este artículo, tocará el turno al beato Miguel Agustín Pro, el único de la lista beatificado en una fecha previa, en 1988.
San Pedro de Jesús Maldonado modelo de fortaleza cristiana
Pedro de Jesús nació en el Barrio de San Nicolás de la ciudad de Chihuahua, Chihuahua, a las 12 horas del día 15 de junio de 1892, y no el día ocho de junio en Sacramento, como erróneamente aparece en otras biografías. Fue bautizado en la parroquia del Sagrario el 29 del mismo mes. Sus padres fueron Apolinar Maldonado y Micaela Lucero.

A la edad de nueve años entró en un colegio particular que dirigían los padres Paúles. Hasta los diecisiete años sintió el llamado de la vocación religiosa. Sus profesores le recomendaron seguir la carrera del sacerdocio y lo ayudaron para inscribirse en el Seminario de Chihuahua.
Su ordenación sacerdotal tuvo lugar en 1918, en El Paso, Texas, pues el obispo de Chihuahua estaba enfermo en ese tiempo, por lo cual fue el señor obispo Antonio J. Schuler, S.J., quien el día 25 de enero de 1918 le impuso las manos. Su primera misa la cantó en la ciudad de Chihuahua, en la parroquia La Sagrada Familia, el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes.
Lo destinaron de inmediato a San Nicolás de Carretas, atendiendo también pueblos como Cusihuiriachi y Jiménez. Desde ese momento se dedicó con entusiasmo a la catequesis de niños, sacerdote enamorado de Jesús Sacramentado. Incrementó notablemente la adoración nocturna y las asociaciones marianas.
El 1 de enero de 1924 se le nombró párroco de Santa Isabel donde estuvo hasta su muerte, en 1937.
Persecución religiosa
En 1926 se desató la persecución religiosa, se suspendió el culto público, se cerraron templos, seminarios y escuelas, murieron varios sacerdotes y cristeros en la desigual lucha por la libertad religiosa que concluyó en 1929 con los «arreglos» del presidente Portes Gil.
No obstante, en Chihuahua fue menos dura, lo que no quitó que el Padre Pedro de Jesús tuviera que abandonar el edificio parroquial y ejercer su ministerio desde fuera, escondiéndose de las autoridades civiles y militares.
En 1931 estalló una nueva racha de persecución aún más terrible que la anterior. El pretexto era hacer cumplir los preceptos hostiles para quedar bien con el presidente Lázaro Cárdenas, quien trataba de intensificar la enseñanza socialista y comunista en las escuelas.

Por tanto, se desató una encarnizada persecución en contra de los sacerdotes. Se cerraron de nuevo los templos, se obligó a los maestros a firmar declaraciones y adhesiones impías y se prohibieron, desde luego, las manifestaciones de protesta.
Desterrado
El 14 de marzo de 1932 el Padre Maldonado fue detenido por orden del gobierno; un testigo declaró: «Me contaba el Padre Pedro que lo llevaron de noche por lugares fuera de la ciudad y lo bajaban del automóvil formándole cuadro de fusilamiento… Se lo llevaron a El Paso, Texas, USA… y le dijeron: «cuidadito y regreses a México, ya sabes lo que te espera».
Permaneció algunos días en El Paso, pero «su corazón estaba en su parroquia y no pudiendo soportar más, pidió reiteradamente a su Prelado le permitiera regresar porque le consumía el pensar que sus feligreses se hallaban solos, y sus ovejas sin pastor». Por fin, temiendo por su vida, el Sr. Obispo le permitió regresar.
En 1934, el Padre Maldonado fue nuevamente detenido, amenazado y maltratado por la policía y regresó de nuevo a El Paso, pero tan pronto como le fue posible, aun temiendo por su vida, regresó a la parroquia de Santa Isabel en 1936 decidió quedarse en un poblado cerca de Santa Isabel, llamado Boquilla del Río, donde una heroica familia cristiana convirtió su casa en oratorio, en la que casi públicamente celebraba los actos de culto.
Su captura y martirio
El 10 de febrero, Miércoles de Ceniza, se dedicó a confesar e imponer ceniza. Como a las tres de la tarde se presentó en la casa de Boquilla del Río un grupo de hombres armados y borrachos, que iban a aprehender al Padre Maldonado.
Dijeron al padre que, si no salía, quemarían el cuarto. El clérigo pidió a sus captores que esperaran un momento mientras le llevaban su sombrero, donde iba el relicario con Hostias consagradas que habían quedado.

Le fue ordenado caminar por delante de los caballos, descalzo, y seguido por algunas personas se dirigieron hasta Santa Isabel. Rezando el Rosario recorrió casi tres kilómetros, hasta llegar a Santa Isabel.
Llegaron a la presidencia. El Padre Maldonado entró, pero los que estaban esperando impidieron que pasara la gente que venía acompañándolo. Al entrar el presidente municipal lo tomó de los cabellos y le propinó un fuerte golpe. Al llegar al segundo piso de la presidencia municipal, Andrés Rivera, cacique de los políticos de la región, lo recibió con un tremendo pistoletazo en la frente, descalabrándolo y saltándole el ojo izquierdo.
Luego los esbirros siguieron golpeando al indefenso Padre Maldonado con las culatas de los rifles, arrastrándole por la escalera hasta la planta baja. El Padre Maldonado cayó y soltó el relicario que se abrió, regándose las Hostias consagradas por el piso.
Jesús Salcido las recogió y se las dio al Padre Maldonado diciéndole: «Cómete eso». Esta última comunión, de manos de sus propios verdugos, fue como respuesta a lo que el Padre Maldonado había pedido a Dios en una Hora Santa celebrada tiempo atrás: que le concediera recibir la Sagrada Comunión en sus últimos momentos. Los esbirros siguieron golpeándolo a puntapiés y con las culatas de los rifles. El Padre Maldonado quedó inconsciente, en estado de coma, bañado con su inocente sangre.
Moribundo
Unas mujeres consiguieron un carro que las llevara a Chihuahua para pedir garantías al gobernador, quien se limitó a enviar una comisión de la policía para que recogiera al herido. Cuando éstos llegaron a Santa Isabel el Padre Maldonado permanecía tirado en el piso, moribundo, lleno de golpes en la cabeza, cara, brazos, espalda y en todo el cuerpo. Los policías levantaron un acta haciendo constatar el estado en que lo recibían para que, si se les moría en el camino, no los culpara a ellos. Lo echaron en la camioneta y se lo llevaron a Chihuahua.
Llegando a la ciudad lo entregaron a la dirección del Hospital Civil. El señor obispo Antonio Guízar y Valencia, al saber lo ocurrido, envió al padre Espino (después nombrado obispo) y al padre Sixto Gutiérrez para que se enteraran del estado del Padre Maldonado y vieran qué se podía hacer. Llegaron al cuarto donde se hallaba. Dice el padre Gutiérrez: «Lo encontré en un estado verdaderamente lastimoso e incognoscible a causa de las heridas y golpes que tenía. Estaba inconsciente casi agónico. Tenía el cráneo materialmente levantado, la cara golpeada, los dientes quebrados, las manos arañadas y una pierna rota. Esto era lo que a primera vista se veía.
Al Cielo

En esa fecha, 11 de febrero de 1937, festividad de la Virgen de Lourdes, en el XIX aniversario de su Cantamisa, entregaba su vida al Señor.
El sangriento asesinato del Padre Maldonado provocó la molestia de la población, que, pese a las amenazas, se movilizó en una manifestación pidiendo el respeto y la libertad de culto. La fama de martirio permanece viva en la memoria de muchos fieles. Su muerte puede presentarse como modelo de fortaleza cristiana.
Beatificado y canonizado
La Beatificación del Siervo de Dios Pedro de Jesús Maldonado se realizó el 22 de noviembre de 1992, por S.S. Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. La Canonización del Beato Pedro de Jesús Maldonado, junto con sus 24 compañeros Mártires de la persecución religiosa en México, se realizó el 21 de mayo del Año Jubilar 2000, en la Plaza de San Pedro, donde el Santo Padre se refirió así a los santos mártires mexicanos, entre ellos san Pedro de Jesús.
Todos aceptaron libre y serenamente el martirio como testimonio de su fe, perdonando explícitamente a sus perseguidores. Fieles a Dios y a la fe católica tan arraigada en sus comunidades eclesiales a las cuales sirvieron promoviendo también su bienestar material, son hoy ejemplo para toda la Iglesia y para la sociedad mexicana en particular.
Tras las duras pruebas que la Iglesia pasó en México en aquellos convulsos años, hoy los cristianos mexicanos, alentados por el testimonio de estos testigos de la fe, pueden vivir en paz y armonía, aportando a la sociedad la riqueza de los valores evangélicos. La Iglesia crece y progresa, siendo crisol donde nacen abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, donde se forman familias según el plan de Dios y donde los jóvenes, parte notable del pueblo mexicano, pueden crecer con esperanza en un futuro mejor. Que el luminoso ejemplo de Cristóbal Magallanes y compañeros mártires os ayude a un renovado empeño de fidelidad a Dios, capaz de seguir transformando la sociedad mexicana para que en ella reine la justicia, la fraternidad y la armonía entre todos.
Actualmente las reliquias de San Pedro de Jesús Maldonado Lucero se veneran en la Catedral de Chihuahua.
«He pensado tener mi corazón siempre en el Cielo y en el Sagrario»
San Pedro Maldonado






























































