Desde la Casa del Migrante y la Pastoral de Movilidad Humana de la Diócesis de Ciudad Juárez expresamos nuestra profunda consternación, dolor y preocupación por el fallecimiento de connacionales mexicanos ocurrido en el contexto de operativos migratorios en los Estados Unidos, entre ellos el más reciente caso de Lorenzo Salgado Araujo, quien perdió la vida durante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Tomamos conocimiento de las declaraciones realizadas el lunes 13 de julio por la titular del Ejecutivo Federal, Claudia Sheinbaum Pardo, en relación con los recientes fallecimientos de connacionales mexicanos en el contexto de operativos migratorios en los Estados Unidos. En ellas anunció acciones para exigir el esclarecimiento de estos hechos y la protección de los derechos de nuestros connacionales. Confiamos en que dichas acciones contribuyan a que prevalezcan la verdad, la justicia y la defensa efectiva de la vida y la dignidad de las personas migrantes.
Como Iglesia, reiteramos con absoluta claridad que ninguna persona pierde su dignidad por su condición migratoria. Ningún ser humano es ilegal ante Dios. Toda política migratoria debe tener como fundamento el respeto irrestricto a la vida, a la integridad física, al debido proceso y a los derechos humanos.
Manifestamos nuestra profunda preocupación por los hechos de violencia que han cobrado la vida de personas migrantes y hacemos un llamado a las autoridades de los Estados Unidos para que toda actuación de sus cuerpos de seguridad se apegue plenamente a la legalidad, a la proporcionalidad en el uso de la fuerza y al respeto de la dignidad humana.
Del mismo modo, exhortamos a que estos acontecimientos sean investigados con transparencia y que, de existir responsabilidades, se actúe con justicia y sin impunidad.
Reconocemos también la obligación permanente del Estado mexicano de brindar acompañamiento, asistencia consular y una defensa firme de los derechos de sus ciudadanos en el exterior, especialmente de quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.
Desde la frontera conocemos el rostro humano de la migración. Sabemos que detrás de cada persona migrante hay una historia, una familia, una comunidad y un proyecto de vida. Por ello, insistimos en que la respuesta al fenómeno migratorio no puede construirse desde la violencia, el miedo o la criminalización, sino desde la justicia, la cooperación y el reconocimiento de la dignidad inviolable de toda persona.
Como ha recordado el Papa León XIV, la dignidad humana no es una concesión de los Estados ni depende de la nacionalidad, del origen o de la condición migratoria; es un don recibido de Dios que ninguna autoridad puede desconocer. Por ello, afirmamos con firmeza que ninguna política migratoria, por legítima que sea en el ejercicio de la soberanía de los Estados, puede justificar la pérdida de vidas humanas ni el menoscabo de los derechos fundamentales de las personas. La seguridad fronteriza jamás puede construirse a costa de la dignidad humana.
Como nos recuerda el Señor en el Evangelio:
«Fui forastero y me recibieron» (Mt 25,35).
Ese mandato sigue siendo el criterio con el que serán juzgadas nuestras sociedades y quienes ejercen responsabilidades públicas. La manera en que tratamos a la persona migrante revela la calidad ética de nuestras instituciones y la profundidad de nuestra humanidad.
Elevamos nuestra oración por el eterno descanso de Lorenzo Salgado Araujo y de todos los migrantes que han perdido la vida. Encomendamos a sus familias al consuelo de Dios y renovamos nuestro compromiso de seguir acompañando, defendiendo y sirviendo a quienes se ven obligados a dejar su tierra en busca de seguridad, trabajo y esperanza.
Ninguna frontera es más grande que la dignidad de la persona humana.
Pbro. Francisco Javier Bueno Guillén/ Director Casa del Migrante






























































