Ramon Iglesias L./Caballeros de Colón
Todo católico sabe que Jesús no tuvo un padre terrenal, lo que implica que el cien por ciento del ADN y sus células se generaron de la Virgen María mientras crecía el niño en su vientre.
En 1979 en la Universidad de Stanford se descubrió que las células del feto se incrustaban en la madre y las células de la madre en el feto, a esto se le llama microquimerismo. Estas células las usa el cuerpo receptor para curar ciertas enfermedades y pueden durar varias décadas o incluso de por vida.

Esto implica que la Virgen María tenía células de Jesús en su cuerpo, células de Dios nuestro Señor en su cuerpo. Esto nos lleva a concluir que la Asunción de Virgen María era una necesidad, ya que las células de Jesucristo estarían en el cuerpo de la Virgen María mientras viviera en la tierra y que tenían que incorporarse al Cielo con Jesucristo.
Para que la resurrección de Jesucristo fuera completa, todas las células vivas de Jesús que se encontraban en el cuerpo de la Virgen María tenían que ser reunidas con Jesucristo en el cielo, y fueron reunidas mediante la Asunción de María.
María conservó en su cuerpo una huella biológica de Jesús, esa huella es un signo material de su unión con Jesús, y para llevar a plenitud esa unión y salvaguardar la dignidad singular de María, fue mediante la Asunción la entrada de María al Cielo.































































