Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con gran afecto, con amor de padre y pastor a todos ustedes mis queridos hermanos. Mes de septiembre, mes de mucha fiesta, por una parte espiritual, mes de la Biblia, mes de la kermés del Seminario que estamos viviendo precisamente este domingo. Hemos tenido la fiesta diocesana 60 años de la diócesis, los 6 nuevos sacerdotes, en fin, y fiesta también civil la independencia, mes del testamento, en fin, un mes muy interesante. Seguimos reflexionando y compartiendo lo que la Palabra de Dios cada domingo nos dice.

 

Un aspecto impotante

La Palabra de Dios hoy toca un aspecto muy importante: la corrección fraterna. Algo importante y necesario, importante porque todos cometemos errores, todos nos equivocamos y es importante que haya alguien con caridad que nos corrija, para nuestro bien necesario, porque en ese camino de santidad, en ese camino de perfección siempre es bueno convertirnos, siempre es bueno enderezar el camino. Y qué mejor que dejarnos ayudar por alguien.

Ahí está el problema, dejarnos ayudar. A veces nos gana el egoísmo, la soberbia, nos gana cerrarnos a nosotros mismos y no permitimos que el otro me corrija, y hoy la Palabra de Dios te invita: ten un corazón sencillo, humilde, por tu bien. Y es una obligación desde la fe evangélica corregirnos.

 

Corrección vs crítica

Dice el evangelio de san Mateo. si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. A veces más bien recurrimos a la crítica, al señalamiento, mira a este, mira a aquel,  uy, nos escandalizamos y juzgamos y señalamos y nos concretamos con eso. Y eso es dañino. Ve y amonéstalo a solas, habla con él ahí en lo privado, aconséjalo, oriéntalo, invítalo a cambiar un segundo momento, si no te hace, caso lleva a otros dos, dice el evangelio, hazte acompañar de una o dos personas para que entre dos o tres hablen con él como testigos, pero si ni así te hace caso, entonces díselo a la comunidad, y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él-

Es un proceso. Lo importante es ayudar a mi hermano, debo fijarme en él, debo tenderle la mano, debo amonestarlo con paciencia, con caridad, con prudencia, utilizando mucho amor, dispuesto a ayudarle, que sienta mi ayuda, mi cariño, mi apoyo, nunca mi condena, nunca mis señalamientos. El que comete un pecado requiere humildad para aceptar la corrección que venga de otro, hay que trabajar en eso, yo cometo pecado y si alguien viene a mí de buen modo, hacerle caso, escucharlo, dejarme amonestar, pero también de parte del que amonesta se requiere una virtud de la prudencia, de la caridad, de buscar el bien. Eso es un don de Dios y pedirle Señor, ilumina mi palabras, mis pensamientos, mis gestos. Habla tu a través de mí para que mueva su corazón, cambie y sea mejor.

 

Cuidar del hermano

Por eso también escuchamos en la primera lectura, en Colosenses, es importante trabajar en ese sentido, dice el profeta Ezequiel: a ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel, a ti ciertamente, a mi obispo me pone como centinela, y la palabra obispo quiere decir el que vigila todo una porción del pueblo de Dios, una diócesis, pero también al párroco en su parroquia, también al maestro en su grupo de clase, también al papá, a la mamá,  a los padres de familia, entre hermanos.

Te he constituido centinela, ayuda a tu hermano, corrígelo, amonéstalo para que se convierta, salves su vida y tú también hayas hecho un bien, porque dice el profeta, si no lo amonestas yo te pediré cuentas a ti de su vida, es una responsabilidad, pecamos de omisión. Recuerden cuando decimos ¨yo confieso, de palabra, obra y omisión¨ y un pecado de omisión que seguramente cometemos frecuentemente es eso: debo de corregir a mi hermano y mejor me callo, no digo nada por pena, por falsa prudencia … Dios te pide que amonestes a tu hermano, a tu prójimo, le ayudes para salvar su vida, salvarlo y así tú también te salvarás, si no, el Señor nos pedirá cuentas de esa omisión.

 

Por la Salvación

Queridos hermanos, como es una vocación, una tarea, una misión que hoy en este domingo el Señor nos confía, la famosa corrección fraterna, debo yo dejarme corregir fraternamente, yo corregir a mi hermano fraternalmente. La razón de hacer esto por la salvación mía, si me corrigen a mí, si yo corrijo a mi hermano buscando el bien de los demás, buscando su salvación. Por eso con el salmo responsorial le pedimos a Dios, como un compromiso al mismo tiempo, ¨Señor, que no seamos sordos a tu voz¨ Si yo me necesito corregir, que te escuche directamente a través de alguien que me va a corregir, si yo voy a corregir, ilumina mi mente, mis palabras, para que sepa corregir a mi hermano. Ambos nos necesitamos el corregido y el que corrige, pero siempre con esa característica: una corrección fraterna.

Queridos hermanos, es algo muy delicado, es algo que a veces no hacemos, nos olvidamos, es parte del amor: amar a mi prójimo es un mandamiento, y el amor implica buscar su salvación, y si buscar la salvación de mi hermano implica amonestarlo, ayudarlo, corregirlo, hay que hacerlo con caridad, con tiento, con prudencia, con mucha espiritualidad, a solas, y repito, esto que no nos lleve a cosas contrarias al evangelio, como la crítica, el señalamiento, y menos condenar al otro. No se trata ni de señalar, ni de condenar, ni criticar, ni difamar a nadie en lo secreto, en lo privado, sino buscar su bien.

 

Virgen Dolorosa

Que el Señor nos ayude, nos fortalezca, que sigamos trabajando en la puesta en práctica de la Palabra de Dios, iluminados siempre por la fuerza del Espíritu Santo. Que sigamos disfrutando este mes. Los invito en la semana a encomendarnos a la Virgen María, 15 de septiembre Nuestra Señora de los Dolores. Ahí estaré con las hermanas Misioneras de María Dolorosa en su fiesta el día 15 a las 6 de la tarde, los que gusten ir a acompañarme con las hermanas y felicitarlas en su fiesta y también ¿por qué  no?, en los distintos lugares donde festejen el grito de independencia, hacerlo con alegría, con gozo, con respeto, siempre con un grande equilibrio. Lo importante es convivir sanamente.

Los bendigo como siempre. Les doy la bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes. Amén.

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