Dr. Oscar Ibáñez/ Académico universitario

Recientemente una religiosa argentina que sufrió la persecución en Siria relató la situación de los cristianos en la ciudad de Aleppo que fue completamente destruida por la guerra; al principio se escondían bajo los edificios porque pensaban que el conflicto pasaría pronto, hasta que descubrieron que debían salir literalmente de los sótanos para enfrentar su vida día a día con esperanza y alegría dando testimonio de su fe, sin saber si sería el último día de sus vidas.

El martirio y la persecución han reafirmado la fe de los pocos cristianos que no han sido desplazados de sus hogares convirtiéndose en refugiados en distintas partes del mundo, y que sobreviven entre los conflictos dando testimonio a través de su vida, transmitiendo la paz y el amor que los sostiene a ellos.

Recientemente en México los católicos junto con ciudadanos de distintas creencias salen de un largo periodo de residir en el sótano de la comunidad política, sin atreverse a enfrentar la guerra que se vive todos los días en el país, una cruenta desatada por la delincuencia y la falta de capacidad del estado para contenerla, y otra guerra cultural que busca mantenerlos en el sótano de cualquier manifestación cívica y política.

El nuevo Nuncio Franco Coppola al presentar sus cartas credenciales ante el presidente llamó a privilegiar el diálogo: “Un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común. Yo vengo de países que han conocido la tragedia de la guerra civil y que viven lo duro de la miseria, no por escases de recursos, sino muchas veces por la miopía de líderes que buscaban el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos.”

Antes del llamado del Nuncio, laicos y cientos de miles de ciudadanos, habían presentado una iniciativa al legislativo para promover la familia independientemente de su fe, y el presidente de la república también presentó después una iniciativa controversial que se convirtió en material de debate electoral, y que motivó a muchos ciudadanos a movilizarse en todo el país a favor de la familia y el matrimonio.

El poder legislativo ya rechazó la iniciativa del presidente por la evidente oposición política de millones de mexicanos en todo el país, y porque los legisladores la estimaron improcedente. Como en cualquier democracia, los ciudadanos utilizaron los espacios legales y públicos para manifestarse pacíficamente a favor de una propuesta que fortalece la paz y el bien común, promueve la ciudadanía y el cuidado de los niños que son el futuro de la sociedad.

Monseñor Coppola también dijo frente al presidente: “Dialogar, en cambio, ayuda a las personas a humanizar las relaciones, a abatir los muros de las divisiones y de las incomprensiones, y a crear puentes de comunicación. Dialogar, es escuchar lo que me dice el otro y decir con más seguridad lo que pienso yo. Hay mucha necesidad de diálogo.”

En este contexto, los ciudadanos se movilizan ahora para buscar maneras de combatir la corrupción e injusticia que ha permitido que el país sufra bajo el yugo criminal de la delincuencia, proponen reformar al Poder Judicial que por las evidencias no es hoy un instrumento eficaz para dar justicia.

Los cristianos perseguidos cruentamente dan ejemplo de cómo vivir su fe a plena luz del día, los cristianos que vivimos en democracias plurales debemos salir de nuestros sótanos imaginarios y participar en la sociedad atendiendo la advertencia de Jesucristo: “No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.” (Mt. 10, 28)