Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juarez

Muy buen domingo tengan todos ustedes. Domingo de amor y felicidad, un poco de frío, pero es parte de la Navidad en cuanto a temperatura ambiental, pero un domingo cálido, lleno de vida y de amor por las fiestas de Navidad que seguimos celebrando.

Hoy, en este domingo, la fiesta de la Sagrada Familia, seguimos muy contentos habiendo celebrado el nacimiento del Señor. Estos días alegres seguimos compartiendo en familia, en los grupos, en los movimientos y parroquias el nacimiento del Señor, que nos ha traído paz y un gran gozo.

El Señor Jesús nace en familia, la importancia de la familia, y celebramos hoy domingo a la Sagrada Familia, san José, la Virgen María y el niño Dios, ejemplo y modelo para toda familia.

Todos estamos llamados a revalorar y a darle sentido de un don de gracia, de bendición a nuestras propias familias. En ellos encontrar bendiciones y sobre todo un modelo de santidad para nosotros. En san José, el trabajo, la responsabilidad, el amor a Dios. Un buen esposo, un buen padre, un hombre de fe silencioso, pero que habla con los hechos. Protector de su familia.

María, purísima, hermosa, ella hija de Dios, llena del Espíritu Santo, también una excelente esposa con José, y una excelente y maravillosa madre, madre de Dios, madre de Cristo y madre nuestra.

Y Jesús el Salvador, el Hijo de Dios. Cada uno de nosotros como miembro de una familia debemos cultivar esos valores de la obediencia, del respeto, de la ayuda mutua, de la solidaridad.

Una palabra en el Génesis que dice el Señor a Abraham:  ‘Abraham, yo soy tu protector y tu recompensa será muy grande’. Él es nuestro protector, Dios nos protege, pero también nos invita a nosotros a ser protectores de los demás en familia.

El papá proteger a la esposa, a los hijos, protegerlos con amor, con diálogo, con paciencia, con cariño, proveyendo todas y cada una de las necesidades propias en el hogar.

Cada mamá, a ejemplo de María y de los santos, también ser protectora. La madre tiene una capacidad extraordinaria de proteger a sus hijos, los defiende, los cuida, los alimenta, da la vida por ellos a ejemplo de nuestra Madre Santísima. Y en Jesús, como Hijo, pues ser hijos obedientes, también proteger a nuestros padres, cuidarlos, atenderlos, respetarlos. Y entre hermanos protegernos como Dios nos protege, así nosotros en familia protegernos, que no es otra cosa sino amarnos, respetarnos.

Que en familia se viva un ambiente sagrado, un ambiente de Dios, un ambiente de vida. Que el nacimiento del Señor a cada familia nos siga bendiciendo, nos siga fortaleciendo, nos siga siempre acompañando.

Por eso escuchamos en el Salmo responsorial ‘El Señor nunca olvida sus promesas, el Señor siempre está con nosotros, el Señor siempre nos acompaña’. Y en la Carta a los Hebreos, en la segunda lectura, se resalta la fe de Abraham, obediente al llamado de Dios, que cumple la Palabra de Dios. La fe de Sara, Abraham y Sara, personas de fe.

Que cada uno de nosotros seamos hombres de una fe viva y dinámica, de una fe que se traduzca en obras, en amor, en entrega y generosidad.

 

Año Nuevo

Por otra parte esta noche de domingo también ya nos preparamos para celebrar Año Nuevo. Cerraremos un año más. Yo los invito a hacer un examen de conciencia, a ponerse delante de Dios para ver cómo vivimos este año 2017, sobre todo qué tanto hemos seguido el proyecto de Dios, qué tanto hemos cumplido el plan de Dios, cómo nos hemos comportado con Dios, con nuestros hermanos. Un buen examen de conciencia, si hemos hecho cosas buenas darle gracias a Dios. Dios nos ha amado, Dios nos ha bendecido mucho durante este año 2017 que está por terminar, si hemos hecho algo mal, pedir perdón.

El 31 de diciembre es uno de los momentos más significativos para el arrepentimiento, para pedir perdón de todo lo que hicimos mal o dejamos de hacer o no hicimos bien durante este 2017. Siempre el perdón es algo que tenemos que pedir a Dios y entre nosotros también ¿por qué no? Siempre es bueno pedir y ofrecer el perdón.

Y por otra parte comenzamos el 2018 con ilusión, con esperanza y fe, también con el ejemplo de nuestra Madre Santísima María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia que nos acompañe, que nos tienda la mano, que nos abrace durante todo este año.

Comprometernos, ofrecer es un compromiso: Señor me comprometo este 2018, te voy a responder mejor, voy a ser mejor obispo, mejor sacerdote, mejor religioso, religiosa papá, mamá, hijo, cada quien según nuestra misión y vocación, según nuestro trabajo. Señor, quiero ser mejor, ayúdame, dame tu gracia. Y como escuchamos en las lecturas el Señor nos bendice, el señor nos colma de favores y nos llena de su paz.

Celebramos también la Jornada Mundial de la paz, donde el papa Francisco nos invita a ser instrumentos de la paz del Señor en todos los ambientes. Hay situaciones de guerra personal, familiar, grupal, nacional o mundial, muy lamentable que están sucediendo.

Este llamado de paz que el papa nos hace es una urgencia a cada persona para disponernos a construir esa paz que Cristo nos trae, una paz activa, propositiva, una paz que nos  compromete a transformar este mundo a veces de dolor y que sufre, a un mundo de armonía, de justicia, de diálogo, de aceptación, de fraternidad.

Yo de todo corazón les abrazo con cariño y afecto al vivir estos últimos momentos del año 2017 y abrirnos con esperanza y con gozo hacia el 2018, seguros de que el Señor está con nosotros, el Emanuel que nunca nos deja y nos acompaña con la poderosísima intervención de nuestra Madre Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra. Que nuestra diócesis de Ciudad Juárez sea una diócesis promotora y constructora de paz en lo individual, en lo pastoral, en lo familiar y en lo social.

Que Dios me los bendiga y los conforte. Los abrazo y les deseo todo lo mejor y para ustedes la bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca hoy y siempre en ustedes ¡Felicidades!.

 

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