Ana María Ibarra
La muerte y la esperanza en la vida eterna fueron dos aspectos que el padre Freud Cuellar tocó durante la exposición de su tema, invitando a los asistentes a reconocer el dolor que provoca la pérdida de un ser querido y a encontrar en la fe una fuente de consuelo durante el proceso de duelo.
Enojarse con Dios
Al compartir su experiencia pastoral, recordó que, durante su estancia en la parroquia Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, participó en un acompañamiento sobre el duelo impartido por un equipo especializado de la parroquia Nuestra Señora de la Paz, en un contexto marcado por la violencia y las numerosas pérdidas humanas.
En ese proceso, observó que el sufrimiento también puede manifestarse como enojo con Dios, aunque las personas no siempre sean conscientes de ello.
«La pérdida puede dejar sentimientos de vacío, desorientación y falta de sentido, y es importante reconocer las emociones que surgen ante la ausencia de alguien amado. Yo vengo a hablarles de la esperanza. Comprender qué enseña la fe cristiana sobre lo que sucede después de la muerte puede ayudar a afrontar el sufrimiento», señaló.
Basado en la cita de Isaías, mencionó que todo tiene su tiempo y que el duelo también es un proceso que, aunque doloroso, puede abrir paso a una nueva manera de vivir la ausencia.
«La escatología es la rama de la teología que estudia las realidades últimas, entre ellas la muerte, el juicio, la resurrección, el cielo, el purgatorio y el infierno. Desde esta perspectiva, la muerte representa, para la fe cristiana, la separación del alma y el cuerpo, mientras que el destino final del ser humano está vinculado a la resurrección y a la comunión plena con Dios», explicó.
Y añadió:
“Porque Dios nos ama, porque Dios quiere que estemos con Él, en la vida eterna».
Cómo tener esperanza
El padre Freud reflexionó que, desde la fe, la esperanza consiste en creer que la vida no termina con la muerte y que quienes han partido están llamados a participar de la plenitud de Dios.
«Esta convicción no elimina automáticamente el dolor. Extrañar a una madre, un padre, un hijo u otro ser querido es parte de la experiencia humana, y cada persona vive la pérdida de manera distinta», dijo.
Sin embargo, invitó a comprender que el duelo requiere tiempo y que la tristeza no tiene por qué convertirse en un estado permanente.
Para ilustrar esta esperanza, retomó el pasaje evangélico de la muerte de Lázaro, cuando Jesús le dice a Marta que su hermano resucitará. El sacerdote destacó la respuesta de ella, quien, aun creyendo en la resurrección futura, deseaba tener nuevamente a su hermano junto a ella.
A partir de este episodio, recordó las palabras de Jesús:
“Yo soy la resurrección y la vida”.
«El centro de la esperanza cristiana es la promesa de una vida en comunión con Dios».
Finalmente, el padre Freud Cuellar invitó a quienes atraviesan un duelo a reconocer su dolor sin perder de vista la esperanza, acercarse a Dios y permitirse vivir su proceso.
«La fe, no significa que la ausencia deje de doler, sino que ofrece una perspectiva para afrontar la pérdida y confiar en que la muerte no tiene la última palabra».
Recuperar el sentido de la vida
El duelo no solo implica la ausencia de un ser querido; también puede alterar el sentido, las motivaciones y la manera de comprender aquello que antes ofrecía consuelo.
Durante su charla “La muerte y la recuperación de sentido”, el padre Francisco García Salinas, sacerdote y licenciado en Filosofía, reflexionó sobre las crisis que acompañan una pérdida y la posibilidad de encontrar nuevamente el sentido de la vida.

Señaló que la muerte de un ser querido puede sacudir no solo las emociones, sino también el rumbo de la vida y la manera de encontrar consuelo en las creencias.
Ante esto, propuso comprender el duelo como una experiencia vital que requiere tiempo, acompañamiento y, cuando es necesario, ayuda profesional.
Tres crisis
El sacerdote identificó tres crisis que pueden aparecer después de una pérdida: la del deseo, la del rumbo o sentido y la de los símbolos, en este caso, los religiosos.
Explicó que expresiones como “no puede ser” o “si todo estaba bien” reflejan el desconcierto ante lo ocurrido y pueden dejar a la persona detenida, sin saber cómo continuar, por lo que pierde incluso el deseo de salir de la cama.
Por ello, advirtió sobre frases como “échale ganas”, que pueden juzgar el sufrimiento sin comprenderlo.
“El duelo no es una enfermedad, es una experiencia de la vida. Una pérdida, rompe algo de nuestra existencia y no siempre significa que la persona pueda volver a ser como antes. Sin embargo, es posible asimilar lo sucedido con libertad, con calma, con serenidad y descubrir que la vida continúa, no como resignación, sino como una nueva experiencia vital”, expresó.
Cómo salir adelante
Para explicar cómo se puede recuperar el sentido, recurrió al relato del evangelio de los discípulos de Emaús, quienes, tras la muerte de Jesús, caminaban tristes, molestos y sin comprender lo sucedido.
El sacerdote recordó el texto en el que, de camino, Jesús acompaña a los peregrinos de Emaús y les explica las Escrituras; sin embargo, ellos lo reconocen cuando parte el pan.
Para el padre Francisco, ese encuentro muestra cómo la fe y el símbolo religioso pueden abrir una nueva comprensión en medio del dolor.
“El símbolo no se inventa, se descubre al distinguirlo del ornamento. Los símbolos, en este sentido religiosos, los sacramentos, pueden ofrecer una experiencia profunda que no siempre se alcanza solo con palabras”, afirmó.
Continuando con el relato, el sacerdote reflexionó que, al reconocer a Jesús, los discípulos recuperaron el deseo y vuelven a la comunidad, en lugar de permanecer aislados en su tristeza.
“Durante el duelo, puede afectarse la relación con los símbolos religiosos: algunas personas asisten a misa o intentan orar, pero no consiguen concentrarse ni comprender lo que escuchan. Esta dificultad no debe convertirse en motivo de culpa, pues forma parte de una crisis que muchas veces ni siquiera se logra identificar”, afirmó.
Una visión desde el hombre
Para desarrollar su tema, el padre Francisco reflexionó el aspecto antropológico de la cita bíclica que narra sobre los discípulos de Emaús.
Resaltó la decisión de los hombres de regresar a su pueblo, hecho que interpretó como una forma de abandonar la misión y el camino que habían seguido.
“En el duelo, también puede aparecer el deseo de retirarse de aquello que se construía. Esto dificulta recuperar el sentido”.
Qué decir
El sacerdote subrayó que acompañar a quien está en duelo no significa tener respuestas ni intentar explicar la muerte.
“Una de las expresiones más valiosas es: No sé qué decirte, pero aquí estoy. La presencia sincera permite que la persona se sienta acompañada, incluso cuando no logra comprender lo que vive”.
Finalmente, señaló que si la crisis se prolonga y la persona siente que pierde el rumbo o que el sufrimiento rebasa sus recursos, es importante pedir ayuda a profesionales.
“El camino del duelo no consiste en olvidar a quien murió, sino en asimilar la ausencia y encontrar, poco a poco, nuevas posibilidades para vivir sin negar el dolor y manteniendo abierta la esperanza», concluyó.


































































