Comenzamos una nueva serie sobre San Francisco de Asís, para aprovechar los últimos meses del Año Jubilar con motivo del 800 aniversario de su muerte, que se conmemora el próximo 4 de octubre…
En enero de este año, el Papa León XIV proclamó el Año de San Francisco, que se realiza desde el 10 de enero de 2026 y concluirá el 10 de enero de 2027.
Con este Año Jubilar, el Santo Padre y la Iglesia buscan que el mundo conozca al santo de Asís, coincidiendo con el 800 aniversario de su muerte que se conmemora el próximo 4 de octubre. Igualmente, que «cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se convierta en modelo de santidad de vida y testigo constante de paz».
En este artículo de Teresa Peterson reflexionamos por qué es necesario un Año Jubilar de San Francisco en la Iglesia y en el mundo hoy.
Nace un movimiento
El hermano William Short, OFM, historiador medieval y experto en la espiritualidad franciscana, afirma que el Año Jubilar es un momento para reflexionar sobre la vida y la muerte de Francisco, quien fue canonizado santo tan solo dos años después de su fallecimiento.
“Su mayor legado, que ha perdurado a lo largo de los siglos, es concebir una vida basada fielmente en la lectura del Evangelio. Es algo que hoy damos por sentado”
dijo el Hermano Bill.
Antes de San Francisco, la comprensión que la Iglesia Católica tenía de la vida cristiana se basaba principalmente en los Hechos de los Apóstoles y su experiencia en la Iglesia de Jerusalén. La comunidad de Francisco, que incluía a Santa Clara de Asís, vislumbró otra forma de seguir a Cristo.
“Francisco y Clara tuvieron la gran inspiración de decir: ‘Los Hechos de los Apóstoles son magníficos, pero ¿por qué no intentar vivir como discípulos de Jesús lo más fielmente posible?’. Y esto desconcertó mucho a las autoridades eclesiásticas. Simplemente no creían que fuera posible”
según el Hermano Bill.
Su ejemplo radical de pobreza, paz y humildad dio origen a un movimiento global, a pesar de que los líderes de su época tuvieron dificultades para adoptar sus ideas.
“El éxito de la visión de Francisco y Clara a lo largo de los últimos ocho siglos es extraordinario, porque su familia de congregaciones religiosas —franciscanos seglares, frailes, clarisas—, esta gran familia franciscana, como la llamamos, es una de las más grandes de la Iglesia. Y no se suponía que fuera a tener éxito, ya que se consideraba muy poco práctica”
añadió el Hermano Bill.

Esta forma de vida única y "poco práctica" continúa hoy en día gracias a miles de personas, incluidos los frailes franciscanos de todas las provincias, hermandad de frailes presente en todo el mundo que sirve a los pobres, los olvidados y los marginados junto con personas de buena voluntad.
Participar en el Jubileo
Para seguir aprovechando al máximo el año jubilar, el Hermano Bill invita a la gente a dedicar tiempo a hacer algo inspirado en la vida de San Francisco.
“Eso podría ser cualquier cosa, desde una práctica de oración determinada hasta pasar tiempo en la naturaleza, pasando por algún tipo de servicio directo a los necesitados, alguna forma de resolución de conflictos o de pacificación, o algún servicio práctico a personas con enfermedades graves”
dijo el hermano Bill.
Otra forma tangible de conmemorar el jubileo es participar en una peregrinación o celebración litúrgica en una iglesia o santuario franciscano. Los católicos que peregrinen a cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a San Francisco en cualquier parte del mundo y cumplan con los requisitos habituales recibirán la indulgencia plenaria.
Según el Catecismo de la Iglesia Católica (n.º 1471): «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal debida por los pecados cuya culpa ya ha sido perdonada», de tal manera que se sugiere encontrar una iglesia franciscana en su localidad.
(En Ciudad Juárez, estos templos son Santos Mártires Mexicanos, San Francisco de Asís y el convento de las hermanas Clarisas Capuchinas).
Santo universal
Con tantas personas sufriendo los efectos de la guerra, la división y la pobreza, el Año Jubilar Franciscano tiene un impacto de gran alcance, especialmente porque este humilde santo tiene un atractivo universal.
“Lo más destacable es que Francisco ha sido adoptado por otros como uno de los pocos santos católicos que se han vuelto mucho más universales y de gran atractivo para otros cristianos”
dijo el hermano Bill.
Si bien el año jubileo atraerá naturalmente mucha atención hacia San Francisco, puede que no sea lo que el santo hubiera imaginado para sí mismo.
“Francisco era alguien que rehuía ser el centro de atención. Creo que probablemente sería una persona que enfatiza mucho la forma en que vivimos nuestra vida cristiana de maneras muy discretas e invisibles, sin muchas manifestaciones externas muy visibles que llamen la atención sobre nosotros mismos”

dijo el hermano Bill.
San Francisco de Asís y su importancia para la Iglesia
Agencias
San Francisco de Asís es reconocido en la Iglesia como un gran modelo de santidad. Mereció ser canonizado a tan sólo dos años de su muerte, el 16 de julio de 1228, por el Papa Gregorio IX y con el paso del tiempo ha sido considerado uno de los santos más notables al punto de que otras religiones reconocen el valor de su admirable vida y el ejemplo que dio a la humanidad con su sencillez y fraternidad.
La Iglesia católica lo celebra cada 4 de octubre.
Breve biografía
San Francisco nació en Asís, Italia, en 1182 y aunque su nombre era Giovanni, todos le llamaban “Francesco”; fue hijo del rico mercader de telas Pietro di Bernardone, y de Pica, dama de la nobleza provenzal, por lo que creció entre las comodidades de la familia y de la vida mundana.
Francisco siempre tuvo el deseo de cumplir grandes empresas, lo que a los veinte años de edad lo impulsó a partir, primero, para participar en la guerra entre Asís y Perugia y, después, en las cruzadas. En esta segunda aventura fue capturado y apresado durante un año, lo que le provocó un profundo cambio interior.
Al regresar a su hogar luego de la dura experiencia bélica, enfermo y agotado, resultó irreconocible para todos, porque algo marcó profundamente su ánimo, algo muy distinto a la experiencia que representó el conflicto bélico.
Un día de 1205, Francisco comprendió el significado de la pobreza y entendió el sufrimiento de los menesterosos, los enfermos, ancianos y moribundos. Cuenta la historia que en la pequeña iglesia de San Damián, cerca de Asís, escuchó a Cristo que le decía “repara mi casa que está en ruinas” y para obtener recursos recurrió al almacén de su padre, por lo que el indignado comerciante lo acusó y llevó ante el obispo y frente a él lo desheredo.
Francisco entendió que, en aquellos momentos, su padre se preocupaba más por los bienes materiales que por su hijo, por lo que se desnudó para no llevarse ni siquiera las ropas que le había dado su familia y, desde entonces, su “hábito franciscano” consistió en una sencilla túnica amarrada por una cuerda y el siguiente paso de Francisco fue reconocer a Dios como su Padre y decidió consagrar toda su vida a su causa.
Misión encomendada
La voz que oyó Francisco en Spoleto, irrumpió en el silencio de la oración que realizaba delante de un crucifijo bizantino en la Iglesia abandonada de San Damián: “Francisco ve y repara mi iglesia, que como ves está en ruinas”.
De acuerdo con la Santa Sede: “Estas palabras, primero entendidas como una llamada a reconstruir piedra por piedra los escombros de la capillita, a lo largo de los años le desvelaron al joven su significado pleno, ya que había sido llamado a realizar ‘cosas grandes’: ‘renovar’, en espíritu de obediencia, la Iglesia, que pasaba por un período de divisiones y herejías”.

De esta manera, Francisco nunca olvidaría las palabras que escuchó en sueños en Spoleto: “¿Por qué te empeñas en buscar al siervo en lugar del Señor?”. Ante ello, la existencia del futuro santo tomó una nueva dirección, guiada por el constante deseo de saber a qué podía llamarlo el Señor; la oración y la contemplación en el silencio de las tierras de Umbría, le condujeron a abrazar como hermanos a los leprosos y vagabundos por los cuales siempre había sentido disgusto y repulsión.
Orden Religiosa y derivaciones
A Francisco se unieron numerosos compañeros que, como él, deseaban vivir el Evangelio al pie de la letra: en pobreza, castidad y obediencia. En 1209 lo que sería el primer núcleo de los “hermanos” se dirigió a Roma para hablar con el Papa Inocencio III que, impresionado por la determinación de “aquel joven de pequeña estatura y ojos ardientes”, aprobó la Regla, que después fue confirmada definitivamente en 1223 por el Papa Honorio III.
Clara, una noble de Asís, se sintió atraída por el carisma de Francisco, que la acogió y posteriormente dio inicio a la segunda orden franciscana, “las hermanas pobres”, hacia 1212 con la misma intención, oración y actitud ante la vida y la muerte, y a las que se les conoció después como las Hermanas Clarisas.
Para 1221, se fundó una rama para los legos en una Tercera Orden, los terciarios franciscanos, y para ese año, estos frailes y religiosas se habían extendido hasta España e intentaron predicar ante los musulmanes, por eso, los franciscanos se convirtieron con los años en los representantes pontificios en Tierra Santa.
Alabar a la Creación
Bajo un espíritu místico de igualdad entre todos los seres de la Creación, San Francisco predicaba a las aves del cielo y a los lobos en su afán de transmitir la grandeza de Dios, “Hermano sol, hermana luna”, fue una frase que sintetizaba la teología franciscana en toda su magnitud.
Juglar de Dios, San Francisco de Asís fue testimonio vivo de la alegría de la fe, acercando al Evangelio a los no creyentes y captando incluso la atención del sultán Al-Malik Al-Kamil Muhammad, que en 1219 lo acogió con honores en Tierra Santa, durante la Quinta Cruzada. Este encuentro histórico se convirtió en un modelo de lo que es el diálogo interreligioso.
Sus estigmas
De acuerdo con la tradición, los estigmas que sufrió San Francisco de Asís fueron cinco marcas corporales (en manos, pies y costado) -semejantes a las llagas que padeció Jesús al estar en cruz-, las cuales recibió en la cima del Monte Alvernia en 1224, quedando él como una imagen viva de Cristo.
Este fue el primer caso registrado de estigmatización en la historia de la Iglesia Católica y se le considera como un fenómeno que representa la profunda configuración del santo con el amor de Dios y la pasión de Cristo.
Según el relato, mientras San Francisco rezaba de rodillas con los brazos extendidos para contemplar los sufrimientos del Salvador en la cruz, se le apareció un serafín crucificado y de las cinco llagas de esta aparición salieron cinco rayos de luz que alcanzaron el costado, las manos y los pies del santo.
Hermana muerte
Los dos últimos años de su vida, San Francisco de Asís padeció agudas enfermedades, entre ellas malaria y ceguera, hasta que la tarde del 3 de octubre de 1226, cuando la “hermana muerte” lo fue a visitar, salió al encuentro de Jesús con alegría.
Francisco murió a los 44 años, sobre la tierra desnuda de la Porciúncula, lugar en el que recibió como don la indulgencia del Perdón y dos años después fue canonizado. El espíritu de Francisco sigue inspirando a tantos en la obediencia de la Iglesia, en la construcción del diálogo entre todos, en la verdad, en la caridad y en el cuidado de la creación.
Para saber…
En Ciudad Juárez, los sitios de peregrinación y oración para obtener la Indulgencia Plenaria en este Año Jubilar de san Francisco son:
- Parroquia Santos Mártires Mexicanos. San Cristóbal Ecatepec y Presa de Juchitengo. Col. Morelos I
- Parroquia San Francisco de Asís. Calle Tamaulipas 7305 y Tercera. Col. Ampliación Aeropuerto
- Monasterio de las Clarisas Capuchinas. C. Belisario Domínguez y Artículo 123, Col. Chaveña
































































