Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con grande alegría y  gozo en el Señor en estos días de fiesta por el Adviento, las fiestas de María que hemos vivido en este ambiente de preparación para Navidad.

Hemos celebrado la fiesta en Catedral, esta semana pasada, de la Virgen de Guadalupe. Quiero compartirles que la gente acudió a todas las iglesias de la diócesis, en particular me tocó constatar la presencia de gran cantidad de fieles en nuestra Catedral dedicada precisamente a Santa María de Guadalupe, cantidad de personas tanto en la víspera del 11 por la noche y todo el día del 12, cantidad de danzas, gente que le cantó a la virgen, la orquesta de los niños, muy hermosa, la gente que acudió a postrarse a los pies de nuestra Madre Santísima.

En la misa del 12 bendije las rosas que fueron regaladas a todas las personas, especialmente a todas las mujeres presentes en Catedral, para significar en esa rosa la presencia de María, siempre hermosa, siempre agradable, siempre llena del Espíritu Santo para con nosotros.

De esta manera seguimos avanzando y preparándonos cada vez más a la Navidad. Cada día nos vamos acercando a este acontecimiento histórico para nuestra vida cristiana de fe: el nacimiento del Salvador.

 

Cuarto Domingo de Adviento

Este domingo cuarto de Adviento se nos invita a contemplar, por una parte la figura de san José. Pocas veces hablamos de san José. Hoy conviene y quisiera detenerme un poco en la figura de san José, a quien Dios le habla, Dios se le revela a través del sueño y le pide: ‘recibe a María, tu esposa, recíbela en tu casa’. Y le explica Dios a través del ángel, a través de la revelación de aquella visión, que la criatura que va a nacer es obra del Espíritu Santo y va a ser el Salvador del mundo. Entonces José, un hombre de una profunda fe, creyente, de una formación doctrinal y espiritual muy fuerte en unión con todo el pueblo de Israel, que espera al Salvador, acepta la voluntad de Dios Padre aceptando a María como su esposa. Y aceptando a María como su esposa, acepta el plan de Dios, acepta a Jesús y lo recibirá como padre adoptivo para cuidar de ese niño que pronto nacerá.

Un José en el que encontramos muchas cualidades que nosotros debemos imitar:  Ese silencio bíblico de la figura de José nos hace reflexionar que aunque no seamos famosos o aunque no aparezcamos, sin embargo para Dios nosotros somos importantes y también Dios nos llama, nos pide una misión, nos confía una tarea, sea en lo personal, en la familia, en el matrimonio, sea en distintas actividades. Y como José, debemos ser responsables, generosos, ser alegres, entregados, trabajadores en lo que hacemos.

 

Modelo a seguir

Encontramos también en José un modelo de oración: un hombre de fe que hace oración, un hombre que escucha a Dios, que está en constante diálogo con el Señor. Podría decir que este diálogo a través de la visión, es eso, un hombre que está abierto a la palabra de Dios, abierto en la esperanza, al pendiente de Dios y que cuando Dios le habla, él le dice: ‘sí estoy dispuesto a cumplir tu voluntad, estoy dispuesto a aceptar este plan de salvación y aceptaré a María. La quiero, la cuidaré, la protegeré y el niño que nacerá será mi hijo y lo voy a cuidar y a atender y voy a estar muy al pendiente de mi familia.

Encontramos también en san José al varón justo, al varón que está ahí siempre, con rectitud, con honestidad, con responsabilidad. Siempre un hombre de familia, un hombre de hogar, un hombre de amor. Como un padre generoso, atento, cariñoso con su hijo.

 

Contemplar su figura

En ese sentido los invito a contemplar, en este cuarto domingo de Adviento, la figura del señor san José, para que nosotros sigamos siendo hombres de oración, de esperanza, de trabajo. Varones y mujeres justos, responsables, pero sobre todo que el Adviento abra nuestro corazón y mente para escuchar la Palabra de Dios. ¿Qué me está pidiendo el Señor?, pero también pedirle su espíritu para que cumpla el proyecto que Dios tiene para mí, un proyecto que sin duda alguna es de salvación, de santificación, que cumpliendo lo que Él quiere que hagamos, lo anunciemos, lo proclamemos, pero antes recibamos a su Hijo.

Que también nosotros en esta última semana de Adviento que vamos a iniciar, nos dispongamos desde un corazón ardiente de amor, fe y esperanza, a recibir a Jesucristo que nacerá.

 

¡No se distraigan!

El peligro de estos últimos días, o la tentación de estos últimos días es caer en el consumismo, vivir muy acelerados en las distracciones, en lo material, preocupados por ¿qué voy a comprar? correr en las compras de pánico de última hora, muy nerviosos, arrebatándonos.  Y eso distrae, nos perturba, nos inquieta, desvía nuestro corazón de lo que realmente es importante. Por eso te recomiendo mantener la paciencia, mantener la oración, intensificarla, mantener tu corazón y tu mente bien enfocados a lo que es verdaderamente importante: el nacimiento de Jesús en tu vida, en tu familia, en la comunidad, en la sociedad, en la que vivimos.

Por eso ¡no te distraigas de más! ¡no te distraigas en esas cosas! y también invitarte a que esta preparación no sea meramente personal o individual. Que en estos últimos días hagamos oración en familia, dediquemos tiempo a la oración, a la reflexión, a la preparación en familia. Creo que debemos trabajar mucho en la fe desde la familia, ser una familia que vive el Adviento y que se prepara para recibir la Navidad, que en la familia nazca el Señor y que haya ahí mucho amor y paz, que reine en cada hogar, en cada persona, en cada familia, el Dios, el Hijo de Dios que viene a salvarnos.

Mantengámos esa alegría del domingo pasado, del Gaudete. Mantengamos la alegría, la alegría del evangelio, la alegría del gozo del Señor, de la Virgen María y del señor San José que siempre nos protege.

Como siempre me despido de ustedes dándoles mi bendición. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes. Amén. Un abrazo a todos. Dios los bendiga.