José Mario Sánchez Soledad/Empresario e historiador
La relación entre Ciudad Juárez y El Paso no es un idilio vecinal ni una hermandad romántica a prueba de fuego. Lejos de ello, la convivencia cotidiana está marcada por asimetrías profundas, fricciones institucionales, competencia permanente y, en ocasiones, recelos y prejuicios alimentados por diferencias económicas, legales y culturales. Sin embargo, en medio de esa compleja y áspera realidad, la historia registra ejemplos extraordinarios de solidaridad y auxilio humanitario que trascienden la línea divisoria.
Dualidad Fronteriza: Fricción vs Humanidad
Hablar de la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso exige despojarse de discursos oficiales edulcorados. Ambas ciudades operan bajo marcos jurídicos y políticos de dos naciones soberanas, generando contrastes abruptos a escasos metros de distancia. La tensión y la competencia por recursos, inversiones y atención pública son parte del estado natural de las cosas en esta región.
A esto se suman los estigmas, las barreras del control migratorio y las demoras en los puentes internacionales, que a menudo convierten la vecindad en una relación de sospecha institucional. No obstante, es precisamente en los momentos de mayor prueba cuando emerge otra dimensión de la frontera: una capacidad de auxilio mutuo que demuestra que la vecindad, cuando la crisis apremia, es capaz de desbordar los muros del prejuicio.
Ejemplos Históricos
A lo largo de los siglos XIX y XX, diversas instituciones, comunidades religiosas y actores sociales de El Paso extendieron la mano hacia Ciudad Juárez, cimentando una red de apoyo que desafió la adversidad política y social:
La acogida a los refugiados de la Revolución Mexicana. Durante los convulsos años de la Revolución, El Paso se convirtió en un santuario vital. Instituciones históricas como Lydia Patterson Institute no solo abrieron sus puertas para ofrecer resguardo y educación, sino que se integraron como un bastión de acogida y soporte para familias enteras que huían de la violencia al sur del Bravo.
Campañas de vacunación y contención de epidemias. Ante la imposibilidad de contener crisis sanitarias en un solo lado del río debido al constante flujo humano, médicos, autoridades y organizaciones de ambas orillas colaboraron históricamente en campañas de vacunación masiva y contención de epidemias, operando bajo la premisa de que una emergencia de salud pública en la frontera no reconoce pasaportes.
El auxilio de la Iglesia Católica durante La Cristiada (1926-1928). Hace exactamente un siglo, durante el cierre de templos en México provocado por la persecución religiosa de la Cristiada, la Iglesia Católica de El Paso —con el liderazgo y la labor pastoral impulsados por figuras como el padre Pinto, el padre Costa y el obispo Schuler— brindó auxilio sacramental y espiritual directo a los juarenses, permitiendo mantener viva la fe en medio de la prohibición oficial.
La construcción del monumento a Cristo Rey. Fruto de esa misma hermandad espiritual en tiempos difíciles, la erección del monumento a Cristo Rey en el lado estadounidense se consolidó como un símbolo visible de resistencia compartida, promovido con fervor por líderes religiosos de ambas comunidades binacionales.
El Seminario de Montezuma. En el marco de la persecución religiosa en México, el establecimiento del Seminario de Montezuma (en Nuevo México, con fuerte arraigo en la dinámica regional) representó un esfuerzo educativo e institucional fundamental para la formación del clero mexicano en el exilio, asegurando la continuidad eclesiástica en un periodo crítico para la historia nacional y fronteriza.
La labor educativa de UTEP, El Paso Community College y escuelas emblemáticas. Instituciones educativas de El Paso como la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), El Paso Community College (EPCC) y colegios de gran tradición como las escuelas Catedral y Loretto han mantenido históricamente un compromiso consciente de integrar, becar y formar a generaciones de estudiantes juarenses, tejiendo un puente de capital humano invaluable.
Conclusión
La relación entre Ciudad Juárez y El Paso es una convivencia compleja y áspera, donde la fricción cotidiana y la solidaridad histórica coexisten permanentemente. Reconocer los odios y prejuicios que existen no demerita en absoluto los actos de auxilio ejemplar que hemos revisado; al contrario, realza su valor. Estos apoyos ocurrieron a pesar de las asperezas de la frontera, demostrando que cuando la humanidad se pone a prueba, los lazos comunitarios profundos siempre encuentran la manera de cruzar el río.
































































