Diana Adriano
Ante el crecimiento de las redes sociales como espacios de comunicación y encuentro, cada vez son más los jóvenes que se atreven a compartir su fe en el mundo digital y a llevar el mensaje del Evangelio más allá de las comunidades parroquiales.
En la Diócesis de Ciudad Juárez, los misioneros digitales han encontrado en plataformas como YouTube, TikTok, Facebook e Instagram una oportunidad para evangelizar y acercar a otras personas al mensaje de Jesucristo.
Demy Muñoz: Influencer católica
Para Demy Muñoz, evangelizar en redes sociales no significa crear una vida diferente para Internet, sino mostrar con naturalidad cómo la fe forma parte de su vida cotidiana. Desde su perfil personal de Instagram @Demy_parati, comenzó a compartir contenidos relacionados con la Iglesia y su experiencia como católica, sin dejar de lado los demás aspectos que forman parte de su vida.
Actualmente, Demy no pertenece a una comunidad parroquial y fue precisamente a través de las redes sociales como comenzó a descubrir una nueva manera de vivir y compartir su fe. Su primer contenido relacionado con la evangelización surgió después de conocer la Capilla de Adoración Perpetua de El Señor de la Misericordia, poco después de su inauguración.
Estaría padre que más gente supiera que esto existe, porque luego sí es así como de ¿cómo se enteran, sobre todo los de mi edad, que están en Instagram?
Demy ya tenía experiencia creando contenido sobre distintos temas, pero había decidido mantener su fe al margen de sus publicaciones. Sin embargo, aquella experiencia la llevó a preguntarse si las redes sociales podían ser también una herramienta para acercar a otros jóvenes a espacios de la Iglesia.
Lo que comenzó como un video dirigido principalmente a sus amigos terminó convirtiéndose en uno de sus contenidos más vistos, al superar las 100 mil reproducciones en Instagram. Incluso uno de sus amigos le comentó en tono de broma que ya hacía falta una “influencer católica” en Ciudad Juárez.
A partir de ese momento, Demy comenzó a descubrir que compartir su fe no significaba imponer sus creencias a quienes pensaban diferente, sino simplemente mostrar una parte de quién es y aquello que considera importante en su vida.
Sus retos
Uno de los principales retos que ha encontrado en esta misión es mantener la continuidad y, sobre todo, ser congruente entre lo que comparte en internet y la manera en que vive fuera de las redes.

Si estoy compartiendo la gracia que da Dios el estar yendo a misa a diario, al acercarte a la Confesión, lo mucho que le hace bien a tu corazón y a tu alma, ¿cómo mantener tú ese testimonio?
Para ella, ser influencer católica tiene una similitud importante con cualquier otra forma de evangelización: el testimonio personal. Reconoce que todos pueden atravesar momentos de dificultad o alejarse de aquello que quieren vivir, pero considera que el desafío consiste en regresar y buscar ser coherentes con la fe que se comparte.
Aprender juntos
Su proceso creativo parte principalmente de sus propias experiencias. Cuando descubre algo que desconocía, aprende sobre ello y posteriormente se pregunta si existen otras personas que también podrían beneficiarse de esa información. De esta manera, convierte sus propios aprendizajes en contenidos para sus seguidores.
También comparte situaciones de su vida cotidiana y cómo la fe le ayuda a enfrentar distintos retos, buscando mostrar que el cristianismo no se limita a los espacios religiosos, sino que también puede estar presente en las decisiones y circunstancias de todos los días.
A diferencia de quienes crean cuentas exclusivamente dedicadas a la evangelización, Demy decidió utilizar su perfil personal. Explicó que tomó esta decisión de manera consciente, pues no quería separar su vida como católica de las demás actividades que realiza.
No voy a ser una Hannah Montana teniendo dos vidas, siendo católica en una y en otra todos lo mundano. Esta soy yo.
Uno de los frutos que más la han sorprendido durante este proceso ha sido descubrir que sus publicaciones han motivado a algunas personas a acercarse nuevamente a la Iglesia. Recordó especialmente el caso de amigas que habían sido bautizadas, pero que tenían tiempo sin acudir a una celebración religiosa.
En uno de los casos, después de ver un contenido que realizó sobre el Santuario de la Virgen Desatadora de Nudos, una amiga le pidió que la invitara a misa. Ambas acudieron juntas y posteriormente su amiga le compartió que durante mucho tiempo no se había sentido acogida por Dios y que en ese momento lo experimentó como un Padre que la abrazaba.
Yo ni siquiera, la verdad, pensaba que ese era el objetivo. Y darme cuenta de que puede acercar a alguien más a Dios es una de las cosas que más me han volado la cabeza.
Finalmente, hizo un llamado especialmente a los jóvenes a no tener miedo de expresar su fe y reconocerse como católicos en los espacios digitales.
No nos dé miedo ser católicos, no nos dé miedo decir que somos católicos.
Sin embargo, señaló que evangelizar no significa únicamente publicar frases religiosas o proclamar la propia fe, sino demostrarla mediante las acciones cotidianas: ayudar a quien lo necesita, dar un buen consejo, evitar reaccionar impulsivamente ante aquello que molesta y pensar en el efecto que pueden tener las palabras y publicaciones en los demás.

































































