Ana María Ibarra
El 20 de enero de 2015, monseñor J. Guadalupe Torres Campos, tomó posesión de la Diócesis de Ciudad Juárez. A los pocos meses, surgió la versión de un posible viaje apostólico del entonces papa, a México.
Conforme crecía esa posibilidad, también crecieron los rumores de que el papa llegaría a Ciudad Juárez ante lo cual don Guadalupe pidió a la comunidad diocesana mantener serenidad.
“No hay que apresurarnos… por supuesto que nos gustaría que viniera a Juárez, pero no está nada definido”

expresó entonces en entrevista, luego de que la Conferencia del Episcopado Mexicano informara que la Santa Sede había confirmado la visita del Pontífice a México, aunque sin definir aún las ciudades que integraría el itinerario.
En la espera de un comunicado oficial, el obispo insistió en un llamado: orar y confiar.
La espera terminó cuando el 12 de diciembre de 2015, el papa Francisco anunció oficialmente que visitaría Ciudad Juárez el 17 de febrero de 2016.
Para monseñor Torres Campos, aquel anuncio representó un momento difícil de imaginar y, al mismo tiempo, una enorme responsabilidad como pastor y anfitrión.

Mediante catequesis publicadas en los medios católicos, el obispo envió un mensaje dirigido a los fieles, convocando a toda la comunidad a prepararse espiritual y pastoralmente para recibir al Sucesor de Pedro.
Don Guadalupe interpretó la visita del Pontífice a la luz del llamado que el propio papa hacía en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium: salir al encuentro de las periferias geográficas y existenciales.
En ese contexto, afirmó que Ciudad Juárez ocupaba un lugar privilegiado dentro de esa misión evangelizadora.
Desde el inicio, el obispo destacó que el deseo del Papa Francisco era encontrarse especialmente con quienes vivían situaciones de mayor vulnerabilidad.

Recordó que el Santo Padre quería acercarse a las personas privadas de la libertad, a los trabajadores, a los migrantes y a las víctimas de la violencia, llevando un mensaje de misericordia, esperanza y paz.
Cabe mencionar que la visita se realizó durante el Año Santo de la Misericordia, por lo que don Guadalupe invitó a toda la diócesis a vivir ese momento como una oportunidad para experimentar el amor misericordioso de Dios y convertirse también en testigos de esa misericordia.
En 2017, al cumplirse un año de aquella histórica visita, monseñor Torres Campos aseguró que el mayor fruto no había sido únicamente el acontecimiento en sí, sino todo lo que la Iglesia de Ciudad Juárez vivió durante su preparación.
“Todo el trabajo en torno a la visita del Papa fue motivo de unidad, de alegría, de gozo, de actitudes y virtudes que hemos seguido cultivando para atestiguar la presencia de Dios entre nosotros»
dijo ese año.
Más allá de los retos y desafíos que también se vivieron durante la organización para recibir al Santo Padre en la frontera, cada año los testimonios de los fieles, sacerdotes y religiosas, dan fe de que la visita papal dejó una Iglesia fortalecida por el trabajo común, la esperanza y el compromiso de anunciar el Evangelio desde las periferias, una huella que forma parte del legado pastoral que el obispo deja a la Diócesis de Ciudad Juárez.






























































