Ana María Ibarra
Cientos de fieles de la diócesis fueron testigos de la misericordia que Dios tiene para este pueblo particular al conferir, por manos del obispo J. Guadalupe Torres Campos, el orden de los diáconos a Javier Álvarez Armendáriz y Jorge Alberto Aguirre Carbonell el pasado 2 julio, día en que monseñor Torres celebró su 42 aniversario sacerdotal.
Amar y servir

Una bendición para la comunidad diocesana y para ellos mismos fue la ordenación diaconal, expresó ese día el obispo al inicio de la celebración, misma que se realizó en el templo de la parroquia El Señor de la Misericordia.
El diácono permanente Félix Carrera fue el encargado de proclamar el evangelio y, después de ese momento, los candidatos al diaconado fueron llamados por su nombre y se presentaron delante del obispo. El prelado escuchó la petición del padre Jesús Manríquez, rector del Seminario, quien solicitó el orden de los diáconos para Javier y Jorge.
Después de escuchar el testimonio de la comunidad en voz del rector, el obispo los aceptó y pidió el auxilio de Dios.

Al ser aceptados, Javier y Jorge regresaron a sus lugares al lado de sus familias para escuchar el mensaje del obispo en su homilía, donde resaltó que la celebración es un signo del amor de Dios.
“Un amor que exige una respuesta de nuestra parte, igualmente de amor. Dios nos ama a todos. Dios te ama, Javier. Dios te ama, Jorge. Y nos pide: Ama a Dios, ama a tu prójimo.
San Juan nos da luces de cómo debemos amar. Si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo”, mencionó el obispo.

Morir, entrega, donación, significa responder a Dios, abundó.
“Dios les da el diaconado para amar y servir a Dios; para amar y servir a los hermanos. Ustedes dos están llamados a amar, a morir, ser ese grano de trigo que dará frutos abundantes”, señaló.
Dejarse conducir

Por otra parte, el obispo añadió que existen necesidad, desafíos y tareas en la Iglesia.
“El diácono es servidor. Tiene ustedes muchos talentos que el Señor les ha dado. Hay que dejarse conducir, guiar, impulsar por el Espíritu Santo y serán fortalecidos. Oramos por ustedes”, exclamó.
Interrogados sobre su deseo de ser ordenados diáconos, los elegidos prometieron obediencia y respeto al obispo y a sus sucesores.

La Iglesia local se alegró por Jorge y Javier y oraron por ellos con las letanías, mientras los elegidos al ministerio de los diáconos se postraron rostro en tierra como signo de humildad.
Al incorporarse, en un momento importante para ellos y la comunidad, el obispo les impuso las manos y el pueblo siguió orando por ellos en silencio.
“El Señor los colme con la gracia necesaria para realizar este ministerio”, expresó monseñor Torres.

Después de la oración consecratoria, los nuevos diáconos fueron revestidos con la dalmática y la estola según el estilo diaconal, mismas que les fueron impuestas por sus padrinos: el padre Arturo Veleta, en el caso del diácono Jorge; y Alonso Martínez, en el caso del diácono Javier.
Sus destinos
El obispo les entregó el libro de los evangelios que proclamarán en las celebraciones litúrgicas. Después de este momento, monseñor Torres les dio el abrazo de paz y los diáconos les dieron la bienvenida.

Antes de concluir la celebración, el obispo anunció los destinos de cada uno como colaboradores adjuntos, enviando al diácono Javier a la parroquia Nuestra Señora del Carmen, y al diácono Jorge a la parroquia Nuestra Señora de la Paz.
Al concluir la celebración, la comunidad continuó el festejo en un salón de eventos de la ciudad.
En frase…
“Le agradecemos mucho al obispo. Es una gracia que vayamos a poder ejercer el ministerio y confiamos en Dios en que, así como esto fue muy rápido, así podamos esperar cuando sea su voluntad de que lleguemos al sacerdocio”. Diác. Javier Álvarez
“Dios ha trabajado en mí de muchas maneras… me levantó, me corrigió, me fue guiando. Confío en Dios y confío en este camino”. Diác. Jorge Aguirre





























































