Ana María Ibarra
Fruto de años de trabajo, consultas y discernimiento en comunidad, el Proyecto Diocesano de Pastoral es uno de los principales legados que deja monseñor J. Guadalupe Torres Campos al concluir su ministerio episcopal en esta diócesis.
El padre Mario Manríquez, quien fue nombrado vicario de Pastoral por monseñor Torres, recordó el proceso de elaboración y reconoció en el PDP una herencia que merece continuidad.
A su llegada como IV obispo de Ciudad Juárez, y tras el fallecimiento del padre Carlos Márquez, quien fuera Vicario de Pastoral, don J. Guadalupe Torres Campos nombró como sucesor del padre Márquez al padre Mario Manríquez, quien aceptó gustoso y recibió la primera encomienda de parte del obispo.

“El encargo fue muy concreto: elaborar el Proyecto de Pastoral basándonos en la estructura de la Conferencia del Episcopado Mexicano que acababa de tener una renovación y empezó a trabajar por comisiones, cada una con diferentes dimensiones y un encargado responsable”, explicó en entrevista el padre Mario.
La segunda instrucción fue elaborar el Proyecto Diocesano de Pastoral basándose en la Metodología Prospectiva, ya que la había aplicado anteriormente durante su servicio episcopal en Gómez Palacio. En esta fase se contó con el apoyo del ingeniero Arturo Adame, especialista en este modelo de planeación pastoral.
El padre Mario señaló que la elaboración del proyecto no fue una tarea de escritorio, sino que involucró a sacerdotes, religiosas, laicos y agentes de pastoral mediante un amplio proceso de participación.
La primera etap consistió en realizar asambleas para identificar fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas (FODA).

Luego vino la pandemia, que obligó a modificar la dinámica de trabajo, dejando de lado las grandes asambleas, pero permitió fortalecer el estudio en pequeños grupos de sacerdotes y laicos, quienes enriquecieron el proceso desde sus distintas realidades pastorales.
“En la siguiente vuelta, con ellos se hizo el modelo de diagnóstico, que fue la siguiente etapa, y que permitió obtener el resultado al confrontar nuestra realidad con lo que está pidiendo la Iglesia, dando paso finalmente a la redacción y promulgación del Proyecto Diocesano de Pastoral”.
Actualmente, explicó el padre Mario, el proyecto se encuentra en la etapa de implementación mediante el Equipo Diocesano de Animación Pastoral y los Equipos Parroquiales de Animación Pastoral.
“Ya tenemos el libreto; ahora estamos en el tiempo de los operarios, de los trabajadores de la ejecución”, señaló.

Y dado el momento que vive la diócesis, el padre Mario expresó su confianza en que el Proyecto Diocesano de Pastoral continúe fortaleciéndose.
Recordó que el documento es fruto del esfuerzo de numerosos agentes de pastoral y de muchas horas de trabajo comunitario, por lo que consideró que comenzar nuevamente desde cero sería desperdiciar una riqueza ya construida.
“Don Guadalupe nos ha dejado un buen capital para comenzar nuestro trabajo pastoral. Los operarios tendrían que estar más activos de la mano del Vicario de Pastoral, el padre Alfonso García, para trabajar y aplicar el Método Prospectivo”, expresó.
Añadió que se debe mantener viva la participación de sacerdotes y laicos en la construcción de una Iglesia cada vez más cercana, corresponsable y sinodal.
“La semilla ahí está. Lo más bonito que podemos hacer como homenaje y agradecimiento a don Guadalupe es tomarla y seguir adelante, no despreciar esa herencia”, concluyó.






























































