Diana Adriano
Cada 27 de agosto, la Iglesia celebra a Santa Mónica, reconocida como patrona de las madres, las esposas y de aquellas familias que atraviesan momentos difíciles.
Su historia de oración, lágrimas y perseverancia por la conversión de su hijo, San Agustín, continúa inspirando a mujeres que confían sus familias a Dios.
En Ciudad Juárez, este ejemplo ha cobrado vida a través del grupo “Un Millón de Mónicas”, que se reúne en la parroquia Sagrada Familia y que, en apenas tres meses, ha logrado convocar a cientos de madres.
Respuesta a necesidad
Rocío Morán García, coordinadora del grupo, explicó que este ministerio nació en Michigan, Estados Unidos, por iniciativa de tres mujeres que identificaron la necesidad de promover la oración de las madres por sus hijos, tomando como modelo a Santa Mónica.
“Ha ido creciendo de voz en voz; una mamá recomienda a otra mamá y así es como han estado asistiendo”, señaló.
Durante las primeras reuniones se registraron alrededor de 110 participantes; en la segunda acudieron aproximadamente 102 y en la tercera nuevamente se superó el centenar. De acuerdo con la coordinadora, cerca de 50 mujeres nuevas se han incorporado en cada encuentro, por lo que estiman que alrededor de 300 madres han conocido ya está iniciativa.
“Pensábamos que iban a venir muy poquitas, pero desde la primera sesión fue increíble la respuesta y la necesidad”, expresó, al considerar que este crecimiento refleja la necesidad que existe en las familias de orar por la conversión de los hijos.
Algunos frutos
Para Maribel Chávez y Teresita Manríquez, integrantes del ministerio, la experiencia ha sido motivo de agradecimiento a Dios, especialmente al constatar que muchas madres comparten el mismo deseo: que sus hijos encuentren ánimo para acercarse a la Iglesia y a los sacramentos.
“Estamos agradecidas con Dios por la respuesta de tantas mamás que buscamos lo mismo”, compartió Teresita.
Uno de los aspectos que más anima a las coordinadoras son los testimonios de las participantes. Algunas madres que han perseverado en las reuniones ya han comenzado a experimentar cambios en sus familias.
Perseverancia y paciencia
Precisamente, ante la proximidad de su fiesta, las integrantes de Un Millón de Mónicas invitan a las madres a mirar nuevamente el ejemplo de la santa. Santa Mónica vivió circunstancias familiares difíciles, pero nunca dejó de orar por la conversión de su esposo y de su hijo Agustín. Su perseverancia finalmente dio frutos y San Agustín llegó a ser uno de los grandes santos y doctores de la Iglesia.
“Las lágrimas de una madre no se pueden perder”, destacó Rocío, al recordar la confianza con la que Santa Mónica permaneció en oración.
Para las integrantes del ministerio, su vida enseña que las madres están llamadas a ser perseverantes, pacientes y constantes en la intercesión por sus hijos.
El grupo se reúne el tercer lunes de cada mes en la parroquia Sagrada Familia. Las madres interesadas pueden solicitar información directamente en la parroquia o consultar las redes sociales del ministerio, donde se publica el calendario de reuniones.
Las integrantes de Un Millón de Mónicas agradecieron también al padre Mario Manríquez, párroco de la comunidad, quien las invitó a participar en esta iniciativa y acompaña las reuniones, en las que tienen un momento de oración y adoración ante el Santísimo Sacramento.
Encuentra esperanza en Santa Mónica
Para María de los Ángeles de Navarro, llegar a la comunidad Un Millón de Mónicas significó encontrar un espacio donde no solamente puede poner en manos de Dios la situación que vive con uno de sus hijos, sino también descubrir que hay otras madres que comparten su misma preocupación y que se unen en oración por sus familias.
La entrevistada pertenece a la Capilla de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago y conoció el grupo a través de Internet. Al enterarse de la iniciativa, decidió acercarse debido a una situación particular que atraviesa con uno de sus tres hijos, el mayor, quien se encuentra más alejado de la fe.
“Estoy aquí precisamente por eso, porque tengo una problemática con uno de mis hijos”, compartió.
Desde las primeras reuniones, la dinámica de la comunidad llamó su atención, especialmente porque descubrió que no tenía que enfrentar sola su preocupación.
“Lo que más me agrada es que no nada más estoy orando yo por mi hijo, sino que todas nos unimos en oración”, explicó.
Para ella, uno de los principales frutos de este ministerio es precisamente la oración comunitaria. Las madres que participan no solamente presentan ante Dios sus propias necesidades, sino que también interceden por los hijos de las demás participantes.
“Compartimos eso, que ellas oren por mis hijos y yo oro por los de ellas, y pues ya son más personas orando por nuestros hijos”, señaló.
María de los Ángeles ha participado desde que comenzó esta comunidad en Ciudad Juárez. Aunque llegó buscando apoyo espiritual ante una situación familiar, con el paso de las reuniones ha encontrado también un espacio de aprendizaje, acompañamiento y esperanza.
Su intención es continuar perseverando en la oración por sus tres hijos, especialmente por el mayor, quien actualmente es el más alejado de la fe.
Ante esta experiencia, la entrevistada lanzó una invitación a otras madres que puedan estar atravesando una situación semejante: darse la oportunidad de conocer la comunidad y descubrir el acompañamiento que existe entre las participantes.
“Yo les diría a las madres que vengan, que se den la oportunidad de conocer el grupo. Estoy segurísima de que se van a bendecir y a enriquecerse de todo lo que aprendemos aquí”, afirmó.































































