Desde hace 30 años, Delia acompaña a mujeres que se han practicado un aborto y con su servicio las lleva a vivir la resurrección.

 

Ana María Ibarra

Después de haber padecido el dolor y el sufrimiento que deja la experiencia del aborto, Delia ha dedicado treinta años de su vida a brindar apoyo a mujeres que han abortado, esto a través de un programa que incluye un manual de sanación elaborado por el padre Richard Thomas, quien fue un férreo defensor de la vida.

En entrevista con Presencia,  Delia reconoció que toda mujer que ha pasado por el proceso de un aborto vive los dolores que Jesús vivió en su Pasión. Pero reconoció ser testigo de la sanación que han recibido estas mujeres luego de un acompañamiento, gracias al cual nacen a una nueva vida y participan así también de la resurrección de Cristo.

 

Llamada a una misión

Desde niña, Delia sintió el llamado de Dios al servicio a los demás, sin embargo, fue después de su experiencia de dolor cuando, teniendo al padre Thomas como su director espiritual, empezó a asistir a las clínicas de aborto para persuadir a las mujeres a no abortar. Ahí empezó todo.

“El padre Thomas ha sido una inspiración. Empecé en las clínicas de aborto, pero luego vimos la necesidad de sanar a quienes ya habían pasado por el proceso de aborto. De ahí surgió la idea. Era hacer algo más dentro de la Iglesia ante la necesidad de muchas mujeres sufriendo”, compartió Delia.

Compartió que se inició el proyecto “Raquel” a nivel diocesano y años después llegó “El Viñedo de Raquel”, un lugar de retiro con el objetivo de sanar espiritual y emocionalmente a la mujer que abortó.

La terapia de sanación que ofrece el proyecto consta de nueve semanas donde se les guía con el manual “Camino de Esperanza” y después de ese período se realiza un retiro en “El Viñedo de Raquel” para dar clausura al proceso.

Para quienes no pueden ir al retiro, Delia ofrece otro retiro espiritual para trabajar la clausura ese episodio de la vida.

“El fruto es grandioso. Después de este proceso de terapia vuelven a una vida nueva. Desde la primera sesión se ven los cambios a la esperanza, ellas se abandonan a Dios y acrecentan su fe. Se siente la presencia de Dios”, explicó.

Compartió que en caso de que alguna mujer no logre resolver su dolor, ella les da un seguimiento continuo, aunque agregó que son pocas las que no logran sanar.

“Mis experiencias negativas me ayudaron a ser la mujer que soy ahora y me han llevado a buscar el bienestar de otros. Es una misión que llevo a cabo gratuitamente y de tiempo completo para servicio a Dios y a otras mujeres”.

 

El proceso

Delia sabe que no es fácil buscar ayuda o hablar de la experiencia del aborto con otras personas, sin embargo siempre hay alguien que canaliza a estas mujeres a su encuentro.

“En la primera cita me platican de ellas y les platico de mí, establecemos una empatía, una manera de podernos entender, de poder trabajar juntas. Con el manual logro guiarlas. Este manual se basa en la Palabra de Dios, la oración, y se deja tarea”, compartió Delia.  

Explicó que el proceso de sanación inicia recreando todo lo sucedido, desde el embarazo hasta el momento del aborto, se sana la culpabilidad y al dolor de haber tomado la decisión equivocada.

“Se les ayuda a que verbalicen el hecho de haberse practicado un aborto. Cómo era su vida antes del embarazo, cómo recibió la noticia del embarazo, cómo la recibieron los de su entorno, las emociones que vivió. Todo esto analizado y reflexionado con citas bíblicas”, explicó.

Después se trabaja concretamente con el momento del aborto, desde su llegada a la clínica.

“La idea es desmenuzar lo más que se pueda la experiencia para llegar a una sanación completa. Muchas mujeres se cierran a ese recuerdo, llegan a la negación, no quieren acordarse, lo clausuran porque ya fue demasiado doloroso”.

Otro aspecto que se sana en la terapia es la culpabilidad, la soledad, pues ya que muchas mujeres no hablan con nadie del tema, quieren borrar ese suceso con relaciones promiscuas, alcohol o drogas.

 

De la Pasión a la Resurrección

Delia explicó que para cada mujer que se ha provocado un aborto ese suceso es como vivir la Pasión de Cristo: el dolor, la soledad en el huerto, la tristeza, la humillación. Pero lo maravilloso llega con la resurrección, aclaró.

Agregó que muchas mujeres se enojan con Dios porque se sienten abandonas por él, y ante esto, las invitó a reconocer la presencia de Dios en esos momentos difíciles.

“El único que camina con nosotras es Jesús que nos lleva de la mano. Para nosotras el Domingo de Resurrección es esta terapia. La celebración más maravillosa es la Vigilia donde se abren las puertas del cielo, donde entra la luz con nueva motivación de vida.  Esto lo aprendí a través del dolor, y de acompañar a otras personas”, expresó Delia.

“Dios ha sido mi compañero fiel, ha sido fiel a todos mis desencantos, a mis dolores y me ha llevado a encontrar constantemente este domingo de resurrección de volver a la vida ”, finalizó.

 

Para saber…

Si desean más información sobre el Proyecto Raquel, pueden contactar a Delia Ramos en el tel 001 (915) 549-1120