Hoy, Domingo de la Divina Misericordia, san Juan Pablo II responde a esta pregunta:

Pbro. Nicolas Buttet
Hace 20 años, san Juan Pablo II instituyó el Domingo de la Divina Misericordia, celebrado el domingo siguiente al de Pascua. Fue también la víspera de esta fiesta cuando falleció, el 2 de abril de 2005. La fecha de su muerte sellaría así en cierta manera su testamento espiritual. Confió al mundo a la Divina Misericordia. Pero ¿cómo se recibe?
San Juan Pablo II había escrito estas palabras para la fiesta de la Divina Misericordia en el día de su entrada al cielo, el 2 de abril de 2005:
“Para la humanidad, que algunas veces parece perdida y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el temor, el Señor resucitado ofrece el regalo de su amor que perdona, reconcilia y abre el alma a la esperanza. Es un amor que cambia corazones y trae la paz. ¡Cuánto necesita el mundo comprender y recibir la divina misericordia!”.
San Felipe Neri repetía cada día esta oración:
“Señor, ten cuidado de mí. Si Tú no me preservas por tu gracia, Te traicionaría hoy y cometería yo solo todos los pecados del mundo entero”.
San Francisco de Sales decía también:
“Reconocer nuestra propia miseria no es un acto de humildad en sí, ¡es solamente no ser estúpido!”.
La misericordia no consiste, en efecto, en banalizar el mal o relativizar el pecado. ¡Todo lo contrario! Solo una conciencia aguda de la gravedad del pecado nos hace capaces de comprender la necesidad absoluta de la misericordia al mismo tiempo que su precio infinito: la sangre de Cristo derramada por nosotros.
Comprendemos entonces lo que Jesús dijo a santa Faustina:
“Cuanto mayor es el pecador, más derecho tiene a mi misericordia”.
Nuestra miseria podría aplastarnos o llevarnos a la desesperación. Solo la fe en las promesas de salvación puede reafirmarnos en una esperanza invencible.
Santa Teresa del Niño Jesús escribió:
“La santidad es una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños entre los brazos de Dios, conscientes de nuestra miseria, pero confiados hasta la audacia en su bondad de Padre”.
Y Jesús dijo a santa Faustina:
“Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. (…) Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia”.
Beber de las fuentes de la misericordia
“La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la fuente de Mi misericordia”, dijo también Jesús a santa Faustina. Y añadió: “Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo”.
Las fuentes de la misericordia son, por tanto, principalmente los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, inagotables canales de la misericordia en la santa Iglesia de Cristo.
“Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5,7). Ejerzamos la misericordia para poder recibirla en nuestro entorno.
Abrir nuestros corazones a los sufrimientos de los demás, perdonar a quienes nos hieren, esta es la manera de vivir esta bienaventuranza de los misericordiosos.
5 claves de Santa Faustina sobre la misericordia

Aleteia
Sor Faustina recibió en 1924 su primera visión de Jesús, quien le mostró que debía dejar su casa para entrar a una comunidad religiosa.
Más tarde encontró su lugar en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Merced, donde tomó sus primeros votos religiosos como monja en 1928. Tenía solo 22 años.
Santa Faustina registró sus encuentros con Jesús en un diario. La imagen de Jesús como el Señor de la Divina Misericordia, vestido con una túnica blanca con rayos rojos y azules saliendo de su corazón, vino directamente de una de las visiones de Faustina.
De estas visiones también surgió el Domingo de la Divina Misericordia (cuando Jesús explicó que quería que la imagen de la Divina Misericordia fuera “solemnemente bendecida el primer domingo después de Pascua”).
Y también la Coronilla de la Divina Misericordia, una oración intercesora que se usa las cuentas del rosario para recordar la pasión de Cristo.
Hoy, gracias a santas como Faustina, llegamos a comprender más plenamente el corazón misericordioso de Dios.
- Dios no es tacaño con su misericordia
La misericordia de Dios se da gratuitamente, no se gana. Él entregó a su propio hijo para morir en una cruz por nosotros. Se ofrece gratuitamente una y otra vez cada vez que participamos de la Eucaristía.
La próxima vez que asistas a misa, cuenta cuántas veces se recitan oraciones que piden la misericordia de Dios.
Aunque Él nos la ofrece siempre, nosotros reconocemos que es indispensable pedir su misericordia.
- En el sufrimiento se cristaliza el amor
En una de las entradas del diario de Santa Faustina, ella escribe:
“El sufrimiento es una gran gracia; a través del sufrimiento el alma se vuelve como el Salvador; en el sufrimiento se cristaliza el amor; cuanto mayor es el sufrimiento, más puro el amor”.
En otras palabras, nuestra capacidad para vivir el sufrimiento nos está haciendo más como Jesús.
Seamos realistas, nadie quiere sufrir, pero Dios, a través de Faustina, nos invita a ver estos momentos de prueba como oportunidades para apoyarnos en el amor y la misericordia de Dios.
Jesús desea estar cerca de nosotros. Estamos llamados a abrir nuestro corazón a esa cercanía y a confiar en que Él está obrando en nuestro corazón sin importar las circunstancias:
“Cuando veo que la carga está más allá de mis fuerzas, no la considero ni la analizo ni la sondeo, sino que corro como un niño al Corazón de Jesús y le digo una sola palabra: ‘Tú puedes hacer todas las cosas’”
- La misericordia está en el corazón de la comunidad
La Coronilla se usa comúnmente para orar por los que están enfermos y moribundos. También se reza después de haber recibido la comunión. En numerosas revelaciones, Jesús dejó claro que la Coronilla no es solo para quien la reza, sino para todo el mundo.
Si bien esta oración comunitaria está destinada a quienes se acercan a la hora de la muerte, está dirigida a cualquier persona que necesite la misericordia de Dios (todos nosotros).
- El perdón es necesario para la misericordia
Así como Dios nos ofrece una misericordia infinita, se nos da la responsabilidad de ser misericordiosos con los demás.
Paciencia con esa persona que nos pone nerviosos, perdón hacia un amigo que nos hizo daño, o incluso, misericordia hacia nosotros mismos y los momentos en que nos hemos quedado cortos en amar y en confiar en Jesús.
No siempre somos los mejores amigos de los demás. A menudo nos quedamos en la autocompasión y nos culpamos por todo como si todo lo hiciéramos mal.
Otras veces, le echamos toda la culpa a la otra persona. Sin embargo, es en momentos como estos, en los que desafiamos la misericordia de Dios:
“El que sabe perdonar, se prepara muchas gracias de Dios. Cuantas veces mire la cruz, tantas veces perdonaré de todo corazón»
- Caminando por la Misericordia
La vida de santa Faustina es la validación de que Jesús puede hacer extraordinario lo ordinario.
Aunque no experimentemos las mismas revelaciones en nuestra vida diaria, podemos mirar a Faustina como un instrumento.
Pidámosle a Dios que abra nuestro corazón a las posibilidades de su misericordia y de su amor.
Como nos recuerda santa Faustina, todo lo que tenemos que hacer es correr hacia el Señor como niños y decirle: “Tú puedes hacer todas las cosas”.
(Publicado en Aleteia)

































































