Mtro. Iván González Ibarra
“El presidente John F. Kennedy fue herido de bala en la cabeza y el cuello mientras viajaba en la limusina presidencial. El disparo fue efectuado alrededor de las 12:30 p.m. Mientras el Jefe Ejecutivo se desplomaba hacia adelante, la Sra. Kennedy se giró en el asiento junto a él y gritó: ‘¡Oh, no!’, en angustia y horror”.

Este despacho de la Associated Press, publicado en El Paso Times el 23 de noviembre de 1963, le ponía palabras a la tragedia del día anterior. El viernes 22 de noviembre no fue una fecha cualquiera; fue el instante en que los disparos en la Plaza Dealey, en Dallas, apagaron el ánimo de una frontera que sentía a Kennedy como propio. Para los juarenses, no se trataba de un mandatario ajeno; era el hombre que, en conjunto con el gobierno de Adolfo López Mateos, había sellado el histórico acuerdo para la entrega del Chamizal, restituyendo a México una porción de territorio y dignidad. Su muerte se percibió como una amenaza directa a ese logro diplomático que apenas comenzaba a cristalizarse.
Ante el pesar que embargaba a ambas ciudades, la comunidad respondió con música. El homenaje fue un esfuerzo compartido para sanar la herida a través de El Mesías de Handel, un proyecto binacional bajo la batuta del maestro Luis Ximénez Caballero y la dirección coral de Roy Hallman.
Es fundamental destacar la estatura de los protagonistas. El maestro Luis Ximénez Caballero no solo dirigía la Orquesta Sinfónica del Estado de Chihuahua, sino que era un músico de élite que había consolidado la agrupación con un rigor técnico impecable. En realidad, el núcleo de esta orquesta procedía de Xalapa, Veracruz, pero tras enfrentar dificultades en su origen, fue acogida por la visión de empresarios chihuahuenses como Antonio J. Bermúdez, Eloy S. Vallina y Artemio de la Vega, quienes comprendieron que una ciudad moderna requería una columna vertebral cultural de ese nivel. Para este acto, la preparación de las 200 voces estuvo a cargo de Roy Hallman, director del coro de la Iglesia Metodista Trinity y del Coro Sinfónico, quien logró amalgamar el talento de ambos lados del río Bravo.
El tributo tuvo dos fechas: el sábado 14 de diciembre a las 8:00 p.m. en la Catedral de Ciudad Juárez, con un repique de clamor que inundó la plaza desde el mediodía, y el domingo 15 a la misma hora en el Liberty Hall de El Paso.
Joan Quarm relató en su crónica que las voces del Coro Sinfónico Internacional, compuesto por juarenses y paseños, se elevaron “junto a la zona disputada del Chamizal”. Allí, la orquesta y los solistas Adela Rodríguez Semon, Carole Pattie, Vicente Gómez de Ibarra, David Hill y el Dr. Morton Leonard, interpretaron la obra en un español cuidado para que el mensaje fuera accesible a todos. Mientras el canto ascendía, las banderas de México y Estados Unidos permanecían unidas en el escenario, escoltadas con honores.
Juárez atravesaba entonces el impulso renovador de Antonio J. Bermúdez, quien mediante el PRONAF erigía el Museo del INBA, Pueblito Mexicano y el Lienzo Charro. La ciudad se remodelaba para la nueva era de modernidad que la diplomacia de Kennedy y López Mateos había inaugurado.
En el concierto, el obispo Don Manuel Talamás Camandari pronunció un elogio fúnebre de una profundidad inusual. Talamás recordó que, al hallarse en Europa durante aquel fatídico viernes, fue testigo del «dolor profundo de los humildes y de los hombres de la calle». En una estructura casi cinematográfica, el obispo leía desde un costado del escenario el texto bíblico de Isaías XL: «Consolad, consolad a mi pueblo», mientras desde el extremo opuesto, Gastón de Bayona replicaba la recitación en inglés.
Talamás planteó una paradoja sobre la existencia: describió a Kennedy como una «chispa breve y trascental» en el tiempo humano, destinada ahora a brillar por la eternidad. Sentenció con fuerza que «su carne tuvo que convertirse en polvo para que su espíritu, sus ideales y su vida se mostraran de una manera más clara, brillante e iluminada». La solemnidad del momento alcanzó su punto más alto cuando la voz de Gaston de Bayona se quebró al traducir el mensaje, reflejando el sentir de los miles de asistentes.
Esa noche en el Liberty Hall, ante el embajador Raymond Telles y los alcaldes Félix Lugo y Judson Williams, la frontera dejó de ser un límite geográfico. El acto concluyó como prueba tangible de las palabras del propio Kennedy: que «aquí en la tierra, el trabajo de Dios debe ser verdaderamente el nuestro».
Fuentes
- Associated Press. (23 de noviembre de 1963). «Kennedy Shot in Dallas». El Paso Times.
- El Paso Times. (16 de diciembre de 1963). «‘Messiah’ Tribute Presented». pp. 1, 13.
- Quarm, J. (16 de diciembre de 1963). «Kennedy Memorial Concert Does Honor to Great Man». El Paso Herald-Post, p. 25.
- Acuerdos Diplomáticos México-EUA (1963). Resolución de la disputa territorial de El Chamizal.
- Archivos del PRONAF (1961-1964). Proyectos de infraestructura en Ciudad Juárez.
- El Paso Times. (16 de diciembre de 1963). «‘Messiah’ Tribute Presented» (Cierre y pasajes bíblicos). p. 13.
- El Paso Times. (16 de diciembre de 1963). «‘Messiah’ Tribute Presented» (Mensaje de Talamás y créditos corales). p. 13.
- El Paso Times. (23 de octubre de 1963). «Auxiliary Juarez Bishop Announced». p. 11.
































































