Diana Adriano
Con una misa de acción de gracias, El Manantial Hogar celebró el pasado viernes 10 de julio el cierre de actividades de sus 40 usuarios, reconociendo el esfuerzo y la dedicación que cada uno demostró a lo largo del año.

La celebración se llevó a cabo en el salón ‘Marie Carmen Suárez’, ubicado dentro de las instalaciones de la institución, y comenzó con la Eucaristía presidida por el padre Roberto Luna, quien invitó a las familias, colaboradores y beneficiarios a agradecer a Dios por el camino recorrido y a confiar siempre en su providencia.
Como se sabe, El Manantial Hogar fue fundado en Ciudad Juárez por religiosas Siervas del Cordero de Dios, encabezadas por la madre Marie Carmen Suárez, quienes constituyeron una asociación civil para sostener esta obra dedicada a brindar atención integral a personas con discapacidad intelectual en situación de vulnerabilidad, especialmente niños, adolescentes y jóvenes adultos, a quienes ofrecen un espacio de formación, acompañamiento y desarrollo para mejorar su calidad de vida.

Reconocen esfuerzo
La directora de la institución, Adela Montenegro, explicó que, aunque no se trata de una graduación académica como la de cualquier escuela, esta celebración nació con el propósito de que los usuarios también pudieran vivir la experiencia de concluir un ciclo.

“Para nosotros es muy importante reconocerles el esfuerzo que hicieron durante todo el año. Ellos veían que sus hermanos se graduaban y preguntaban: ¿Y nosotros? Desde hace varios años decidimos hacer este cierre para ellos, iniciando siempre con una misa para dar gracias a Dios por permitirnos caminar juntos durante todo el año”, expresó.
De esta forma, en el evento se realizaron actividades alusivas a una ceremonia de graduación, donde los asistentes aplaudieron a cada uno de los 40 usuarios por los logros alcanzados.

Agradecidos
La entrevistada destacó que el verdadero motor de la institución son las personas que atienden diariamente.
“Si ellos no existieran, El Manantial tampoco existiría. Damos gracias a Dios por sus vidas y porque sean felices aquí. También agradecemos profundamente a sus familias, que permanecen al pendiente de ellos, y a las maestras, al personal, a los jóvenes de servicio social y prácticas profesionales, porque todos hacen posible esta misión”, señaló.
Explicó que únicamente cinco de los usuarios son menores de edad, mientras que el resto son adultos de entre 20 y 40 años con discapacidad intelectual, quienes requieren atención especializada y un acompañamiento constante.
“Son adultos físicamente, pero mentalmente siguen siendo niños. Algunos necesitan apoyos muy específicos en sus actividades diarias, por eso reconocemos el enorme compromiso y cariño con el que todo el equipo los atiende”, agregó.
La directora también agradeció al consejo directivo, a los benefactores y a un grupo de voluntarios provenientes de Las Cruces, Nuevo México, quienes desde hace varios años mantienen una estrecha relación con la institución y colaboran con donativos y apoyo solidario.






























































