Ana María Ibarra
El verdadero desafío en el tema de protección a menores en la Iglesia es, más que establecer normas o sanciones, construir una cultura del buen trato que involucre a cada persona, a las comunidades y a las instituciones.
Así lo expresó la licenciada en psicología, Zaira Noemí Rosales Ortega, coordinadora general de la Oficina Nacional de Protección de Menores de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), durante su visita a la Diócesis de Ciudad Juárez.

Ambientes seguros
Invitada por la Comisión Diocesana para la Protección de Menores, la profesionista impartió al presbiterio una charla sobre las buenas prácticas en la prevención, centrado en promover la cultura del buen trato desde tres pilares: comunidad segura, institución segura y un sí mismo seguro.
“Generalmente tratamos el tema de la protección de menores desde la vigilancia y el castigo. Sin embargo, para que la prevención funcione es necesario que exista también una reflexión personal, comunitaria e institucional sobre aquellas prácticas que facilitan cualquier tipo de violencia dentro y fuera de la institución, llámense clérigos o laicos o vida consagrada, etcétera”

La especialista señaló que la construcción de ambientes seguros comienza con cada persona.
“Cada uno debe preguntarse dónde está parado, cómo vive, cómo se cuida a sí mismo y cómo puede convertirse en un lugar seguro para los demás. Eso aplica para cualquier persona: sacerdotes, religiosas, laicos o cualquier miembro de la comunidad”
Añadió que las comunidades también están llamadas a revisar sus dinámicas y relaciones para favorecer un desarrollo sano de todos sus integrantes.

“Todos formamos parte del mismo cuerpo, la Iglesia, que es una institución. Las instituciones están formadas por personas que conforman comunidades. Ese trípode sostiene ambientes seguros y permite que, quienes podrían ser vulnerados, encuentren espacios donde puedan desarrollarse plenamente”
La invitada recordó que la protección de menores comenzó a fortalecerse con las disposiciones de san Juan Pablo II, continuó con Benedicto XVI y recibió un nuevo impulso con el papa Francisco, quien creó la Comisión Pontificia para la Protección de Menores e invitó a las conferencias episcopales a establecer organismos especializados en esta materia.
“En México, el Consejo Nacional de Protección de Menores comenzó a trabajar en 2018 con especialistas de distintas disciplinas, mientras que la Oficina Nacional fue creada recientemente para brindar un servicio permanente de acompañamiento y asesoría a las diócesis y a los institutos de vida consagrada”
La entrevistada destacó la disposición que encontró en los sacerdotes de la diócesis local y reiteró que la prevención es una tarea compartida que requiere la participación de toda la comunidad eclesial para seguir construyendo espacios donde niños, adolescentes y personas vulnerables puedan desarrollarse en un ambiente de respeto, cuidado y confianza.
































































