Ana María Ibarra
Agradecimiento, alegría y nostalgia, es lo que experimentó la comunidad diocesana, representada en más de mil fieles que el pasado 13 de julio abarrotaron el templo parroquial de El Señor de la Misericordia para participar en la misa de agradecimiento y despedida a don J. Guadalupe Torres Campos, quien presidió la celebración visiblemente emocionado.

Su lema episcopal
Sacerdotes, religiosas y religiosos, integrantes de diversos movimientos diocesanos y grupos parroquiales, se congregaron en la parroquia El Señor de la Misericordia para participar en la Eucaristía que se ofreció para agradecer a Dios por los once años de ministerio episcopal de don J. Guadalupe Torres Campos en la Diócesis de Ciudad Juárez.

Con el saludo y la sonrisa que lo caracterizan, el obispo ingresó por el pasillo central del templo, para presidir la celebración.
Delante de él ingresaron 25 diáconos permanentes y aproximadamente 80 sacerdotes, quienes, junto con el pueblo, se unieron en oración en agradeciendo a Dios por el ministerio fecundo de don Guadalupe en esta Iglesia particular.

Monseñor Torres centró su reflexión en la figura de María, retomando el pasaje de las bodas de Caná y la invitación que la Virgen hace a los servidores: “Hagan lo que Él les diga”, que es lema de su escudo episcopal.
“Esa frase resume la experiencia de la vida cristiana: vivir con gusto, con alegría y con disposición para hacer la voluntad de Dios”, dijo.

Seis tinajas
A la luz del evangelio, el obispo comparó las seis tinajas de Caná con las grandes riquezas que ha encontrado durante sus once años de ministerio episcopal en la Diócesis de Ciudad Juárez.

“La primera tinaja está formada por los laicos. Tenemos un gran número de laicos comprometidos y generosos en el servicio. Agradezco su entrega, su alegría y, sobre todo, el testimonio que ofrecen a la Iglesia”, expresó.
La segunda tinaja, añadió, representa la vida consagrada y reconoció la entrega de las religiosas y religiosos que sirven en la diócesis.

“La tercera corresponde al Seminario, semillero de las futuras vocaciones sacerdotales. La cuarta es el diaconado, tanto transitorio como permanente, cuyo servicio y generosidad enriquecen la vida de la Iglesia”.
El presbiterio fue mencionado por el obispo como la quinta tinaja, mientras expresó u gratitud por contar con “un presbiterio maravilloso, caracterizado por su fidelidad a Dios, a la Iglesia y a la Diócesis de Ciudad Juárez”.

Finalmente, el obispo mencionó que la sexta tinaja representa a toda la Diócesis de Ciudad Juárez.
“Todos formamos esa gran tinaja que el Señor ha llenado de bendiciones y con la que ha sido posible realizar un excelente trabajo pastoral durante estos años”.

Monseñor Guadalupe explicó que quiso dar a la Eucaristía el sentido de acción de gracias, pues durante su ministerio ha experimentado constantemente la presencia de Cristo, el Buen Pastor, que fortalece, anima, alimenta y sostiene a su pueblo mediante la Eucaristía.
“El Señor está conmigo; me ha alimentado, me ha fortalecido, me ha levantado. Él nos provee, nos anima y nos da su Cuerpo y su Sangre para que todos participemos de este pastoreo”, expresó.
Agradeció a Dios y a la Santísima Virgen por los once años en Ciudad Juárez, que definió como una etapa feliz, aunque también marcada por desafíos.
“Ciudad Juárez es una diócesis fuerte y resiliente, bendecida por Dios y conformada por una comunidad dinámica, participativa y llena de esperanza”.
Al dirigirse a la comunidad, expresó que los fieles de Ciudad Juárez han sido y seguirán siendo una bendición para su vida como obispo y manifestó su deseo de que pronto llegue un nuevo pastor para la Diócesis de Ciudad Juárez.
“Todo lo que soy se los debo a ustedes”, expresó.
Finalmente, invitó a la comunidad a seguir adelante con perseverancia, siempre de la mano de la Santísima Virgen, y concluyó encomendando a la Diócesis de Ciudad Juárez a la protección de María de Guadalupe y de San Lorenzo. Pidió igualmente que lo sigan acompañando con su oración.






























































