Ana María Ibarra
Previo al inicio del nuevo semestre, seminaristas de la diócesis vivieron una semana de ejercicios espirituales para encontrarse íntimamente con Jesús y reflexionar su vida personal, su ser cristiano y su vocación.
Cada facultad tuvo un sacerdote a cargo de guiar los ejercicios, los cuales se llevaron a cabo del lunes 12 al viernes 16 de enero.

Facultad de Filosofía
En el Seminario Conciliar la facultad de Filosofía tuvo como acompañante al padre Eduardo Canales, párroco de la comunidad El Señor de los Afligidos.
El padre Eduardo compartió con los jóvenes la experiencia de sus propios ejercicios espirituales con metodología ignaciana que vivió en octubre.
“Tuve la oportunidad de tomar ejercicios espirituales en casa Íñigo, en Torreón, con el padre Ricardo Lapuente, sacerdote jesuita. Fue una experiencia de mucho fruto en mi vida personal. Cuando el padre Julián Badillo y el padre Francisco Sánchez me invitaron a dar ejercicios espirituales quise compartir esta experiencia”, dijo el padre Eduardo en entrevista.
Apoyado con el libro “El Profeta” del padre Lapuente, el padre Eduardo compartió la importancia de vivir el silencio, eje central de la metodología ignaciana.
Los temas iniciaron el lunes partiendo con la reflexión de dónde se encontraba cada uno de manera personal.
“Bajo la mirada de Jesús que invita a sus discípulos a subir a la barca, el Señor también invita a los muchachos a subir a la barca”, dijo el padre Canales haciendo referencia al evangelio de ese día.

El sueño de Dios
La semana continuó con reflexiones sobre la imagen de Dios que revela Jesús impulsando a los seminaristas a reconocer quién es el Señor.
En otro momento fueron invitados a descubrir qué hay en sus vidas que les impide cumplir el sueño o el proyecto de Dios y, en su caso específico, su vocación.
Otra reflexión fue acerca del pecado que aparta al ser humano del amor y la ternura de Dios, haciendo énfasis en el camino de vuelta a la casa del Padre, reconociendo que Dios siempre tiene una propuesta nueva para cada uno y ese camino es la conversión.
Para cerrar el tiempo de ejercicios espirituales, los jóvenes se adentraron a reconocer cuál es el proyecto que Dios sueña para cada uno de ellos y esa propuesta que les ofrece.
“Con las luces que se suscitaron a lo largo de esta semana ellos, en su formación dentro Seminario y con su director espiritual podrán encontrar el fruto y seguir reflexionando para alcanzar lo que Dios quiere para ellos”, compartió el padre Eduardo.
El sacerdote invitó por este medio a la comunidad diocesana a seguir orando por las vocaciones.
Facultad de Teología
La facultad de Teología, conocida también como Etapa Configurativa, se reunió en la Casa de Jesús, de las hermanas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, donde los jóvenes estuvieron acompañados por el sacerdote jesuita José Ruíz, sj.
El retiro impartido por el padre Ruíz llevó como título “Libertad interior y seguimiento de Jesús”.
“Los afectos desordenados son algo que todos tenemos y que nos llevan a dónde no queremos. Cuando san Ignacio habla de los ejercicios espirituales dice que son para quitar de nosotros apegos o afectos desordenados para poder buscar y seguir la voluntad de Dios en nuestra vida”, explicó.
Con el acompañamiento del sacerdote, los seminaristas lograron descubrir el origen de dichos afectos pues, de acuerdo al ponente, en ocasiones tienen que ver con heridas o deseos que no son los deseos de Dios.
“Hay mucho qué ordenar y para ello hay que hacer una revisión. Quitados los afectos desordenados llega la libertad interior para seguir a Jesús”, expresó el sacerdote.
Otro aspecto a reflexionar fue el discernimiento, práctica que, dijo el padre José, es valiosa para cualquier persona, sin embargo, lo es mucho más para los jóvenes del Seminario.
“Para una respuesta es necesario discernir”, resaltó.
La dinámica de los ejercicios fue a través de charlas y momentos de oración personal en silencio.
“Las charlas fueron propuestas para que los jóvenes vayan a orar. El silencio es para estar con Dios y poderlo escuchar. San Ignacio decía que el silencio alegra a Dios, porque le dedicamos tiempo a Él, es para estar menos distraídos y fortalecer nuestra relación con Él”, compartió, el padre guía, para quien este espacio favorece a la etapa final que viven los jóvenes de teología.

Grata experiencia
Siendo esta la primera vez que el sacerdote jesuita es invitado a impartir ejercicios espirituales a seminaristas, mencionó que fue una grata experiencia al regresar a su propia casa y compartir la formación que Dios le ha regalado.
“El Señor me llamó a la vida religiosa, a ser jesuita, pero la casa de mi vocación fue el Seminario de Ciudad Juárez. Fui estudiante del Instituto México y de regreso a mi casa, caminando, me detenía y entraba a orar en la capilla del Seminario y ahí surgió el cuestionamiento de vocación. Es una bendición regresar algo al lugar que me dio tanto para mi vocación”, dijo.
Con diez años de ordenado y recién celebrados sus votos perpetuos, el padre José actualmente sirve en la Diócesis de Dallas en la casa de Retiro Montserrat impartiendo ejercicios espirituales ignacianos y retiros.
“Me inspiran mucho estos jóvenes, son de mucha esperanza para la diócesis. Vengo a acompañarlos, pero también me siento testigo de lo que Dios hace”, concluyó.

































































