Ana María Ibarra
En preámbulo de la fiesta de uno de los apóstoles de Jesús, pescador de hombres conocido como Santiago El mayor -25 de julio-, presentamos la historia de dos comunidades de la Diócesis de Ciudad Juárez que se encuentran bajo su patronazgo.
En Ciudad Juárez, la historia de la capilla Santiago Apóstol, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora del Refugio, es también la historia de decenas de familias que, a mediados de los años sesenta, hicieron suyo el sueño de contar con un lugar para reunirse y celebrar la fe.
José Ramírez e Imelda Hernández, son dos de los fundadores de la capilla y compartieron parte de la historia de su comunidad.
Datos recabados por la propia comunidad en el 2014 indican que fue en el año 1963 cuando la familia Córdova compró un terreno a orillas de la carretera Juárez-Porvenir, hoy conocida como Manuel Gómez Morín, y lo donó a la diócesis para construir ahí un templo.
La construcción no fue autorizada por el entonces obispo, don Manuel Talamás Camandari ya que se encontraba muy cerca del templo parroquial, por lo que el terreno se vendió y se buscó otro espacio.
En 1978, según la información proporcionada, el padre Gregorio Ciria, inició a oficiar misa en una casa de la colonia Fidel Ávila. Todo alrededor eran sembradíos.
Se retomó el deseo de construir una capilla para la comunidad, siendo Juanita Becerra una de las impulsoras.
“Se consiguió este terreno y don Manuel costeó la obra negra de la capilla. Yo tendría unos quince o dieciséis años cuando mi hermano me invitó a cantar para la fundación”.
Recordó Imelda Hernández, quien desde entonces ha permanecido sirviendo en el coro y acompañando el crecimiento de la comunidad.
En la memoria de don José Ramírez está el recuerdo de esa obra negra sin bancas por lo que se sentaban sobre grandes carretes de madera. El piso era de tierra y, muchas veces, el trabajo consistía simplemente en emparejar el terreno.
“Recuerdo que entre Imelda y yo, ella con la pala y yo con la carretilla, sacábamos la tierra para nivelar el piso. Así fue como empezó a levantarse esta capilla”.
Relató don José.
Aunque el proceso estuvo lleno de dificultades, eso fortaleció el compromiso para tener un templo digno.

La comunidad trabajó con la venta de comida en diferentes fiestas parroquiales, incluso en el panteón cercano (Jardines Eternos), durante el Día de Muertos, ya tenían su lugar para vender enchiladas y reunir recursos.
Santiago, presente
Los jóvenes también hicieron su parte con actividades para comprar el primer crucifijo de la capilla, ya que al inicio solo se tenía una cruz blanca.
“Le llevamos al padre José Antonio Carabes una bolsa llena de puras monedas y le dijimos: Padre, cómprenos el Cristo. Sabíamos que iría de vacaciones a Guanajuato. Alguien le pidió que no estuviera muerto en la cruz. Por eso el Cristo que nos trajo tiene los ojos abiertos. Ahorita ese Cristo está en la capilla del Santísimo”.
Señaló Imelda entre sonrisas.
Otra de las anécdotas que permanece en la memoria de los fundadores es la elección del nombre de la capilla.
“La señora Juanita nos contó que un día le dijo el padre José Antonio: Soñé anoche que la capilla se llamaba Santiago Apóstol. Pues vamos a dedicárselo a Santiago”.
Compartió Imelda.
Con el paso de los años llegaron nuevos sacerdotes que impulsaron distintas etapas de crecimiento.
Uno de ellos fue el padre Jesús Villegas, quien promovió la ampliación del templo después de que la comunidad obtuviera parte del terreno contiguo gracias al acuerdo alcanzado con la directora del jardín de niños vecino.
“Enseguida hay un kínder. Tanto la maestra del kínder como el padre pidieron al municipio la donación de un terreno que había atrás del templo. La maestra le dijo al padre que, si el municipio le daba el terreno a ella, donaría la mitad a la capilla. El padre prometió lo mismo a la maestra. Al final, ellos obtuvieron el terreno y la maestra cumplió lo acordado”.
Recordó Imelda.
Fue en ese espacio donde se construyeron el presbiterio, la sacristía y el espacio donde hoy se encuentra el Santísimo.
Seguir construyendo

La comunidad siguió avanzando, se rehabilitó el templo y actualmente cuenta con piso nuevo, sistema de calefacción, aire acondicionado y, recientemente, la construcción de salones para la catequesis, un proyecto largamente esperado por la comunidad.
Tanto don José como Imelda lamentan que muchos de quienes iniciaron esa obra ya no pudieron verla terminada.
“Se sufrió mucho, pero me da mucho gusto haber podido ayudar. Siempre participé en todo lo que pude y todavía me tocó colaborar para poner este piso».
Afirmó con satisfacción don José.
“Me da tristeza porque mucha gente que trabajó no alcanzó a ver lo que hoy tenemos. Era el sueño de todos formar una buena comunidad y poco a poco Dios nos ha bendecido con nuevos talentos y nuevas generaciones”.
A quienes hoy reciben el legado, Imelda les hace una sencilla invitación: seguir construyendo comunidad con el mismo entusiasmo que animó a los primeros fundadores.
Servicios para zona Sendero
María de la Luz Méndez, actual coordinadora de la capilla, compartió que se cuenta con ministerios de lectores, el grupo de Legión de María, monaguillos, cuenta con un coro, catequesis infantil y recientemente Confirmaciones.
“Hay un grupo llamado Anspac que ofrece talleres a señoras los miércoles durante el ciclo escolar. Este grupo busca proporcionar actividades que generen recursos en las familias y ofrece estudio para el crecimiento espiritual”.
Explicó.
Y añadió:
“La capilla ha experimentado un crecimiento en la demanda de cursos de confirmación. Este año fue el primer año que se tuvieron confirmaciones en la capilla, con alrededor de 50 jóvenes”.
Cabe mencionar que los feligreses que acuden, además de los de la colonia Fidel Ávila, son también familias de Quintas del Valle y los fraccionamientos cerrados de la calle Júpiter, así como de la Valle del Sol.
“Invitamos a la comunidad diocesana a conocer nuestra capilla Santiago Apóstol y a acompañarnos en la kermés el domingo 26 de julio a partir de las 9:00 de la mañana”.

Invitó.
Para saber…
El primer cuadro con la imagen de Santiago Apóstol fue comprado en el Mercado Juárez, el cual aún se conserva en la entrada del templo. Después, el padre Cárabes trajo uno de bulto, y también está en la capilla del Santísimo. La imagen es nueva, tiene aproximadamente tres años.
RECUADRO: Santiago, primer apóstol mártir
Santiago, hermano del apóstol Juan, es llamado “el Mayor” para distinguirlo del homónimo apóstol, Santiago hijo de Alfeo. Su vida cambia radicalmente cuando acoge la invitación de Jesús a convertirse en “pescador de hombres”. De carácter impetuoso, él y su hermano fueron llamados por Jesús mismo con el apelativo de “hijo del trueno”.
Santiago es testigo de la gloria de Jesús, del evento de la Transfiguración. También es testigo de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní.
Jesús les preanuncia el martirio. Mateo escribe:
“¿Pueden beber – escribe Mateo – el cáliz que yo estoy por beber?”.
Santiago y Juan le respondieron:
“lo podemos”.
Su muerte es descrita en los Hechos de los Apóstoles:
“En aquel tiempo el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Mando a asesinar con la espada a Santiago, hermano de Juan”.
Después de la decapitación, según la leyenda Aurea del fraile dominico Jacobo de Varagine, su cuerpo fue trasladado a España.
La tumba de Santiago
Según la tradición, en el 831, después de un prodigioso fenómeno luminoso en proximidades del monte Liberón, fue descubierto un sepulcro con la escrita:
“Aquí yace Jacobus, hijo de Zebedeo y de Salome”.
El lugar fue denominado campus stellae (“campo de la estrella”), nombre del cual derivará después el de la ciudad de Santiago de Compostela. En 1075 inicia la construcción de la Basílica dedicada al apóstol y desde la edad media, el Santuario es meta de peregrinaciones, antes de toda Europa y ahora de todas partes del mundo.






























































