Por Ana María Ibarra
Con una Misa de acción de gracias, la comunidad de Todos los Santos celebró el pasado 4 de agosto el XIV aniversario de la apertura de su Capilla de Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento.

Previo a la celebración, presidida por el padre Amadeo Rruiz, párroco de la comunidad, la danza parroquial Jesucristo Sol de Justicia dedicó sus pasos a Jesús.
En esa fecha, 4 de agosto, fiesta de San Juan María Vianney, el padre Amadeo mencionó que, aunque otras comunidades han enfrentado dificultades para perseverar en la adoración perpetua, en Todos los Santos la presencia constante de adoradores ha permitido que Jesús Sacramentado nunca esté solo, incluso durante los momentos más difíciles vividos en la pandemia.

“Estos catorce años representan un motivo de profundo agradecimiento. La adoración ha permanecido de manera ininterrumpida gracias al compromiso de los adoradores. Solo en pandemia tuvimos que cerrar unos días”, recordó.
Y agregó: “Reconozcamos este don como un privilegio y sigamos respondiendo con generosidad y perseverancia”, expresó el sacerdote.

En su homilía, el padre Amadeo resaltó la memoria litúrgica de San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, y recordó la sencillez y humildad del Santo Cura de Ars, quien, pese a sus limitaciones intelectuales, alcanzó la santidad gracias a su amor por Dios, su vida de oración y su entrega al ministerio sacerdotal.
Narró que aquel pequeño pueblo francés, prácticamente desconocido, terminó convirtiéndose en un lugar de peregrinación debido al testimonio del sacerdote que dedicaba largas horas al confesionario y al servicio de las almas, demostrando que la fecundidad pastoral nace de la unión con Dios y no de los talentos humanos.

Retomando las enseñanzas del Santo Cura de Ars, el párroco resaltó que el verdadero tesoro del cristiano está en el cielo y que la oración es el camino para vivir una auténtica amistad con Dios.
“Quien ora con un corazón sincero experimenta la paz que solo el Señor puede conceder y aprende a descubrir su presencia en medio de la vida cotidiana”, dijo.
Asimismo, invitó a no acercarse a Dios únicamente por obligación, sino con la confianza de quien dialoga con un Padre que siempre escucha.
“Debemos cuidar no solo aquello que entra por la boca, sino también las palabras que salen del corazón. El Evangelio nos invita a examinar la propia vida. Son las actitudes, los juicios y las palabras las que pueden herir al prójimo o construir comunidad. Permanezcamos cerca de Jesús Eucaristía, dejando que la oración transforme el corazón y fortalezca el compromiso cristiano”, exhortó.
La comunidad concluyó la celebración renovando su propósito de mantener viva la adoración perpetua, agradecida por estos catorce años de gracia y convencida de que la presencia de Cristo Sacramentado continúa siendo el corazón de la vida parroquial.































































