Por Ana María Ibarra
Con la alegría de contribuir al cuidado de quienes durante años entregaron su vida al servicio de la Iglesia, fieles de la comunidad diocesana se reunieron el jueves 6 de agosto para celebrar el Quinto Aniversario de la Casa Sacerdotal San Juan XXIII, en una cena baile realizada en un salón de eventos de la ciudad.

Como se sabe, la Casa Sacerdotal San Juan XXIII nació como un hogar para sacerdotes que, después de años de servicio a la Diócesis de Ciudad Juárez, requieren acompañamiento, cuidados médicos y un lugar digno para vivir su etapa de jubilación o recuperarse de alguna enfermedad.
El evento reunió a sacerdotes, colaboradores, integrantes del consejo y bienhechores de esta obra, además de personas que acudieron con el deseo de apoyar a los sacerdotes jubilados y enfermos que son atendidos en dicho espacio.

Antes de servir la cena se presentó un video en el que integrantes del consejo mostraron la obra y explicaron la importancia de continuar respaldándola. Así, sensibilizaron a los asistentes sobre las necesidades que enfrenta.
En otro video, el padre Omar Alejandro Gutiérrez, director de la institución, junto con el padre Roberto Luna, presentaron un recorrido del interior de la casa y de la labor que ahí se realiza.

También se recordó la historia del inmueble donado por Tomás Zaragoza Fuentes, por quien esa noche se elevaron oraciones, y quien falleció unas horas después.
El padre Beto Luna compartió su experiencia después de su hospitalización y recuperarse de sus problemas de salud en Casa Sacerdotal.

Los sacerdotes también expresaron su agradecimiento a los integrantes del consejo, colaboradores y personas que con su generosidad hacen posible que la Casa continúe brindando atención.
Como agradecimiento a la comunidad, se realizó una rifa entre los presentes, y fue después de ese momento cuando los anfitriones presentaron al padre Armando Benavides, administrador diocesano, quien felicitó a la Casa Sacerdotal por su quinto aniversario y reconoció la labor de quienes participan en ella.

“Es una obra de lo más noble y hermosa. Felicidades al equipo, a los sacerdotes, colaboradores y bienhechores. He sido testigo de cómo algunos sacerdotes llegan a la Casa enfermos o cansados después de tantos años de servicio y encuentran ahí no solamente atención médica, sino también acompañamiento”, expresó.
La cena baile se convirtió así en una oportunidad para celebrar cinco años de una obra que busca devolver con cuidado, cercanía y gratitud, algo de lo mucho que los sacerdotes han entregado a la comunidad diocesana.
Para saber…
Los recursos recaudados durante la cena serán destinados a equipamiento médico, estudios clínicos y otras necesidades relacionadas con la atención y salud de los sacerdotes.































































