Con el tema de la conmemoración del centenario del inicio de la persecución religiosa en México, o Guerra Cristera, una veintena de sacerdotes de la Diócesis de Ciudad Juárez se reunió cerca de Cuauhtémoc, Chihuahua, para hacer sus Ejercicios Espirituales anuales.
El padre Ángel Candia, de la congregación religiosa de los Misioneros del Espíritu Santo, fue el expositor de las conferencias, en las que profundizó en la dimensión martirial de la vida sacerdotal.
Del 19 al 23 de octubre los sacerdotes suspendieron sus quehaceres pastorales y se trasladaron al rancho «La Estancia», casa de retiros para sacerdotes y seminaristas, en un paraje enclavado en las faldas de la Sierra Madre de Chihuahua:

«Es un lugar realmente especial para una experiencia de encuentro con Dios, ya que el silencio, la naturaleza y la soledad favorecen el recogimiento y la oración, además de que las instalaciones son muy confortables y la hospitalidad, extraordinaria», compartió el padre Eduardo Hayen.
“Es un cañón con unos cerros empedrados preciosos, con vegetación, pequeños riachuelos. Es un lugar donde se pueden admirar las maravillas de Dios… nos ayudó muchísimo para la oración y el recogimiento”, añadió el padre Juan Manuel Orona.
Como se sabe, los ejercicios espirituales se ofrecen cada año y son organizados por el equipo de formación permanente del clero, cuyo coordinador actual es el padre Juan Manuel Orona. Se coordinan con la mesa directiva del presbiterio, que ahora encabeza el padre Eduardo Hayen.

“El primer día, la propuesta fue situarnos cómo llegamos a estos ejercicios, con qué sentimientos, con qué pensamientos, con qué deseos de pedirle al Señor. Y nos fue conduciendo poco a poco desde temas como la valentía de la fe, la persecución que se experimenta en la vida cristiana, en el sacerdocio, el sacerdote y la cruz”, compartió el padre Juan Manuel sobre la guía que recibieron del padre expositor.
Dijo que también reflexionaron sobre el testimonio de los mártires mexicanos, especialmente de quienes fueron sacerdotes y les recordaron “la entrega generosa, la fidelidad, la fortaleza en las adversidades, las batallas del espíritu”.
Los ejercicios espirituales fueron siempre acompañados por la santa misa en la mañana o en la tarde y hubo momentos sustanciosos de oración personal, así como momentos de compartir en pequeños grupos. Igualmente, los sacerdotes vivieron a diario la oración ante el Santísimo.

“Quiero resaltar también la fraternidad. Fueron días en que pudimos convivir entre nosotros, en las pequeñas caminatas, en los pasillos, o bien cuando hubo oportunidad durante el día, caminando por la naturaleza y compartiendo con algún hermano. Fue una experiencia muy enriquecedora”, puntualizó.
Balance positivo
De esta forma, para los organizadores, el balance del evento es totalmente positivo.

“Nos fuimos con salud y regresamos con salud y alegría y con el compromiso de seguir trabajando nuestra conversión, nuestra santificación, con la intercesión y el ejemplo de los santos mártires mexicanos y al servicio de nuestra diócesis”, concluyó.
Me gustó el esquema que nos presentó el padre Ángel. Me puso a meditar sobre “el martirio blanco”, el que se entrega día a día, incluso sin que nadie lo vea. Esto también es ofrenda agradable al Señor. Gracias a Dios, pude renovar mi vocación, mi respuesta fiel y mi entrega total. Siempre es muy bueno vivir los Ejercicios Espirituales.
Pbro. Jorge Pablo Lozano/ párroco de Santo Tomás
La reflexión en torno a los mártires mexicanos fue muy atinada, porque realmente se relaciona con la vivencia del sacrificio permanente en la vida sacerdotal. Por eso, considero que fue un muy buen fruto y que nos dejó excelentes pistas para reflexionar, pero, sobre todo, elementos que van iluminando nuestra vida sacerdotal.
Pbro. Roberto Luna/ Rectoría San Juan XXIII

































































