Ana María Ibarra
La Congregación de Hermanas Misioneras de María Dolorosa celebró el pasado 15 de septiembre 79 años de haber sido fundada por monseñor Baudelio Pelayo, una obra nacida en la Diócesis de Ciudad Juárez con el propósito de responder a las necesidades que el fundador identificó en su tiempo y que, a lo largo de las décadas, ha mantenido su servicio a quienes más lo necesitan.
La celebración inició con una Misa de acción de gracias en la capilla de San Antonio, en Senecú, presidida por el padre Armando Benavided, administrador diocesano de Ciudad Juárez.
El padre Armando estuvo acompañado por el padre Gregorio López, MNM, quien es vicario de la Vida Consagrada, así como por los diáconos transitorios Javier Armendáriz y Jorge Aguirre.

Durante la celebración se contempló a María Santísima como Madre Dolorosa, mujer que permaneció fiel junto a su Hijo al pie de la cruz.
En la monición, se invitó a los presentes a aprender de María a mantenerse firmes en la fe, particularmente en los momentos de sufrimiento y dificultad.
El padre Armando, en su homilía, señaló que la vida humana está marcada tanto por la alegría como por el dolor, experiencias que pueden vivirse desde el amor y la fe.
«Venerar hoy a nuestra Madre, la Virgen María de los Dolores, es contemplar en ella a la mujer de esperanza, la mujer que supo alegrarse con Jesús, compartir con Él tantos momentos de la vida, pero también sus dolores», expresó.

Subrayó que todos los bautizados forman parte del cuerpo de Cristo y están llamados a respetarse y acompañarse mutuamente, especialmente a quienes atraviesan situaciones de pobreza y sufrimiento.
Al dirigirse a las religiosas, recordó el espíritu que inspiró a monseñor Pelayo y a las hermanas fundadoras: servir a los más pobres.
Indicó que ante las nuevas realidades sociales, la congregación está llamada a preguntarse quiénes son hoy esos hermanos que necesitan ser acompañados y cuáles son los dolores que requieren la presencia cercana y compasiva de María.
“Al verlas con su hábito azul, ustedes nos recuerdan esa presencia de María que da ternura, amor, escucha y consuelo”.

Mencionó que el dolor vivido desde la fe puede convertirse en fuente de esperanza y sanación.
En la oración de los fieles se pidió por la congregación y sus religiosas; por las hermanas que han partido a la Casa del Padre; por los laicos que colaboran en esta obra y por sus bienhechores.
Finalmente, el padre Armando felicitó a las Hermanas Misioneras de María Dolorosa por su aniversario, mientras los asistentes les brindaron un aplauso.
Las religiosas agradecieron la presencia y el acompañamiento de familiares, amigos y colaboradores, y posteriormente invitaron a continuar la celebración en la Casa de Espiritualidad, compartiendo la alegría de estos 79 años de historia, servicio y fe.

































































