Ana María Ibarra
Hace dos años inició un proyecto de acompañamiento a los adultos mayores de la parroquia El Señor de la Misericordia, que hoy se ha convertido en una familia de alrededor de 50 personas que han encontrado en la fe, la convivencia y la formación un espacio para renovar su esperanza.
El ministerio San Joaquín y Santa Ana celebró su segundo aniversario el pasado 18 de julio con convivencia, uniendo el festejo con la celebración de los abuelos de Jesús, patronos del ministerio.

Bellos frutos
Karla García, coordinadora del grupo, hizo una oración de agradecimiento a Dios por el aniversario y agradeció también el momento de la convivencia realizando la bendición de los alimentos.
Los integrantes del grupo portaron sus mejore prendas y, sonrientes y alegres, charlaron amenamente mientras degustaban unos deliciosos tacos.

En entrevista, Karla explicó que las reuniones del grupo se realizan el primer y tercer sábado de cada mes, con el fin de atender integralmente a los adultos mayores.
“Cada reunión inicia con un momento de oración y alabanza, continúa con activación física, formación basada en la Palabra de Dios o en temas de fe y concluye con alimentos y actividades recreativas que fortalecen la convivencia”, explicó Karla.
Pero dijo que más allá de las dinámicas, el mayor logro ha sido ver cómo los participantes han recuperado la confianza para relacionarse entre sí y descubrir que siguen teniendo mucho que aportar a la Iglesia.

“Ellos mismos comenzaron a compartir los temas de formación. Perdieron la timidez y hoy reciben con cariño a cada adulto mayor que llega. Se ha formado una verdadera familia en Cristo”, expresó.
La coordinadora destacó que el ministerio continúa abierto para recibir a más personas y también hizo un llamado a los jóvenes para sumarse como voluntarios en este servicio.
Un testimonio

Entre los testimonios que reflejan el impacto del grupo está el de María Margarita Cortés, de 81 años, quien llegó el primer día que se formó el grupo, poco después de la muerte de su esposo.
“Desde el primer día que vine me cambió la vida”, compartió.
Recordó que, animada por su hija, decidió asistir cuando atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Ahí encontró amistad, compañía y un ambiente donde volvió a sonreír.
“Me siento muy feliz. Aquí convivimos, platicamos, nos reímos y somos como una familia”, dijo.
Convencida del bien que este ministerio hace a los adultos mayores, Margarita ha invitado a varias personas a integrarse al grupo y aseguró que seguirá llevando a muchas más si las condiciones se lo permiten.
Un momento significativo dentro de la celebración de aniversario, fue la presencia de los sacerdotes de la parroquia El Señor de la Misericordia Juan Manuel Orona y Guillermo Sías, quienes asistieron para cantar a los abuelitos. Además, todos se divirtieron bailando.































































