Diana Adriano
Con un mensaje de misericordia, esperanza y reconciliación, el ministerio Viñedo de Raquel realizó su segundo retiro espiritual en Ciudad Juárez dirigido a mujeres que han experimentado el dolor de un aborto, ya sea provocado o espontáneo.
Durante tres días del mes de julio, el retiro reunió a personas que durante años habían guardado en silencio el sufrimiento provocado por la pérdida de un hijo a través del aborto.
A través de diversas dinámicas, momentos de oración, y acompañamiento personal, los asistentes pudieron iniciar o continuar un proceso de sanación interior.
Una herida abierta
En el retiro participó una mujer de 45 años, quien de manera anónima aceptó compartir su testimonio con los lectores de Presencia, con la esperanza de que su historia pueda ayudar a otras personas que viven un dolor similar.
Relató que desde pequeña recibió formación en la fe católica y que, tras un matrimonio que terminó en divorcio, inició una nueva relación sentimental. Fue entonces cuando quedó embarazada y, enfrentando diversas circunstancias personales, creyó que interrumpir el embarazo era la única salida.
En ese momento pensé que el aborto era la única opción para mí. Acudí a una clínica en El Paso y se realizó el procedimiento. Nunca imaginé la herida tan grande que esa decisión iba a dejar en mi corazón
Durante más de una década, esta mujer vivió con un profundo sentimiento de culpa que nunca logró expresar abiertamente. Aunque continuó con su vida cotidiana, el dolor permanecía presente en silencio, aseguró.
Era un secreto que llevaba dentro. Creía que nadie podía entenderme y que tenía que cargar sola con ese peso
Reencontrar la misericordia
La mujer reconoció que su acercamiento al ministerio llegó gracias a Periódico Presencia. Contó que un domingo, al salir de la celebración eucarística, hojeó el semanario y encontró un anuncio dirigido a quienes sufrían por un aborto o por la pérdida de un hijo.

Cada vez que veía ese anuncio algo se movía dentro de mí. Finalmente decidí llamar. Me hicieron una entrevista, comenzaron a acompañarme y después me invitaron al retiro
Recordó otro momento que marcó profundamente su vida espiritual. Durante una confesión, un sacerdote le habló sobre el valor de la vida y del matrimonio. Ella interpretó entonces que la manera de reparar lo sucedido era renunciar para siempre a su propia felicidad.
Durante muchos años pensé que mi penitencia era no volver a ser feliz. Vivía convencida de que no merecía experimentar nuevamente la alegría
Sin embargo, explicó que esa percepción cambió completamente durante el retiro.
Descubrí que Dios no me estaba llamando a vivir castigándome toda la vida. Entendí que la verdadera penitencia es el servicio a los demás; transformar ese dolor en obras de amor, en misericordia, en ayuda para quienes también sufren
La participante afirmó que uno de los mayores regalos que recibió fue reencontrarse con la misericordia de Dios y recuperar la certeza de su dignidad como hija suya.
Aprendí a aceptar el perdón de Dios, a dejarme amar por Él y a volver a la gracia. Comprendí que esa herida podía sanar
Apuntar a la esperanza
Uno de los momentos más significativos del retiro fue poder reconocer y honrar la vida de su hijo.
En este retiro se nos permite darle nombre a nuestros bebés, reconocer su existencia y encomendarlos al amor de Dios. Parece algo sencillo, pero representa una enorme liberación. Es darle un lugar en nuestra historia y en nuestro corazón
La mujer señaló que llegó con expectativas muy diferentes sobre lo que viviría durante esos días. Pensó que el retiro consistiría únicamente en recordar el error cometido y experimentar sentimientos de culpa.
Creí que serían temas para hacernos sentir lo malo que habíamos hecho. Pero fue todo lo contrario. Claro que se nos invita a asumir nuestra responsabilidad, pero no para quedarnos en ella, sino para descubrir qué podemos hacer con esa realidad

Añadió que el retiro le permitió comprender que la fe cristiana siempre apunta hacia la esperanza.
Dios no se queda en la muerte. Tenemos un Dios vivo que venció la muerte y nos invita también a resucitar. La pregunta ya no es qué hice, sino cómo voy a transformar esa experiencia para dar frutos para Dios
Vivir este retiro
De esta forma, la mujer recomendó ampliamente esta experiencia a todas las personas que hayan sufrido la pérdida de un hijo, tanto por un aborto provocado como por uno espontáneo.
Vivimos en una sociedad donde muchas veces no sabemos reconocer ese duelo. Se guarda en silencio, se esconde y pasan los años. Hemos conocido personas que llevan más de treinta años con esta herida abierta. Este retiro permite sanar, avanzar y volver a encontrarse con Dios
Aseguró que, más allá del dolor vivido, el retiro le permitió mirar el futuro con esperanza y comenzar una nueva etapa.
Ahora sé que este proceso apenas empieza. Mi mayor temor es volver a dejar que la rutina o el contexto me hagan olvidar lo que Dios hizo en mi vida. Por eso quiero sostenerme en la oración. Un sacerdote nos decía que, si permanecemos en oración, vamos por buen camino
Su mensaje
Como fruto de esta experiencia, expresó su deseo de poner su vida al servicio de los demás para que otras personas descubran que siempre existe un camino de reconciliación.
Quiero que este testimonio pueda ayudar a alguien más, que otra persona encuentre esperanza, sane y vuelva a acercarse a Dios. Si mi historia sirve para que alguien busque ayuda, habrá valido la pena compartirla
Finalmente, dirigió este mensaje:
Nuestra humanidad nos hace equivocarnos y tomar decisiones que no siempre son las correctas. Pero Dios nunca deja de esperarnos. Él siempre está dispuesto a perdonarnos y a recibirnos nuevamente. Solo necesita que demos el paso para volver a Él































































