El pasado sábado 13 de junio, integrantes de la Tercera Orden Seglar Franciscana con sede en Catedral, celebraron a San Antonio de Padua, fraile franciscano a quien está encomendado su grupo.
La celebración se realizó con una misa presidida por el padre Eduardo Hayen Cuarón, párroco de Catedral, quien recordó con los asistentes por qué San Antonio es considerado “el santo de las cosas perdidas”.
De acuerdo a la anécdota compartida por el sacerdote, en una ocasión, un novicio huyó del convento en el que vivía san Antonio. Había robado un libro de salmos muy valioso que pertenecía al santo, entonces él se puso a orar con mucho fervor y tras la oración de san Antonio, el novicio regresó arrepentido y devolvió el salterio, el libro que había robado de los salmos.
“Por eso uno se encomienda a san Antonio cuando pierde algunas cosas, para que nos ayude a encontrarlas”, dijo el padre Hayen.
Otra anécdota que el párroco compartió, es que a San Antonio le llamaban el panadero, pero no porque hiciera pan, sino porque repartía pan a los peregrinos que pasaban por el lugar en el que servía.
“De ahí la tradición de la bendición del pan para regalar el día 13 de junio”, dijo el padre Hayen.

Por otra parte, san Antonio fue proclamado oficialmente como Doctor de la Iglesia por el papa Pío XII en 1846, quien lo llamó explícitamente “doctor evangélico” debido a la gran profundidad teológica y espiritual de sus sermones.
Orden Franciscana Seglar
Los fieles de la Tercera Orden Franciscana seglar, tienen como sede la Catedral debido a que la Misión de Guadalupe fue fundada por frailes franciscanos.
“Somos siete hermanos profesos y cuatro en formación. Entre todos organizamos la misa con el padre Hayen y saliendo fuimos a desayunar para seguir estrechando los lazos en nuestra fraternidad”, compartió Juanita Torres García, una de las integrantes.
Como se sabe, la Orden Franciscana Seglar (OFS) es una rama oficial de la Familia Franciscana dentro de la Iglesia. Está compuesta por hombres y mujeres laicos (solteros o casados) que no viven en conventos, pero que se comprometen a vivir el Evangelio y el carisma de San Francisco de Asís en su vida diaria, familiar y laboral.
Se reúnen regularmente para orar, firmarse y apoyarse mutuamente en la fe.
Los integrantes hacen un periodo de discernimiento y formación y luego hacen una profesión solemne para vivir según su propia Regla aprobada por la Iglesia.
































































