Ana María Ibarra
Con el templo completamente lleno, el pasado 31 de julio se celebró la fiesta de San Ignacio de Loyola en Práxedis G. Guerrero, donde decenas de fieles del Valle de Juárez y de otras comunidades con espiritualidad ignaciana se reunieron para agradecer, pedir la intercesión del santo y renovar su fe en Dios.
Presidida por el padre Jesús Caldera, párroco de la comunidad, la misa en honor a San Ignacio de Loyola también reunió a personas que emigraron a Estados Unidos y regresan ese día para celebrar al santo patrono de su pueblo.

Ejemplo de conversión
El sacerdote invitó a la comunidad a mirar la vida de san Ignacio como un ejemplo de conversión y abandono en la voluntad de Dios.
Durante la homilía recordó que el fundador de la Compañía de Jesús vio derrumbarse sus proyectos tras sufrir una grave herida en una pierna.

“Aquella experiencia transformó su vida y lo llevó a descubrir que la verdadera seguridad no se encuentra en las propias fuerzas, sino en Dios. En los momentos de dificultad es donde se revela quién habita realmente en nuestro corazón”, expresó.
Al reflexionar sobre las lecturas del día, añadió que, con frecuencia, las personas depositan su confianza en sus capacidades, en sus planes o en las estructuras, pero cuando llegan la enfermedad, la incertidumbre o el sufrimiento, esas seguridades humanas resultan insuficientes.
El párroco exhortó a los asistentes a dejarse sorprender por Dios, abrir el corazón a la conversión y aprender, como san Ignacio, a descubrir la presencia del Señor en cada acontecimiento de la vida.

Recordó también una de las expresiones que sintetizan la espiritualidad ignaciana: “Buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Es una invitación que conduce a amar y servir sin protagonismos, procurando siempre que todo sea para la mayor gloria de Dios”.
Bendición de agua
Uno de los momentos más esperados de la fiesta fue la bendición del agua de San Ignacio de Loyola.
Antes de realizar el rito, el párroco explicó a los fieles que esta bendición solo puede efectuarse el día de la fiesta patronal en los templos dedicados al santo y que consiste en introducir una medalla de plata de San Ignacio en el agua mientras se pronuncian las oraciones propias de la celebración.
“No se trata de un acto mágico, sino de un sacramental que debe recibirse con fe, confiando en la acción de Dios y en la intercesión de San Ignacio para pedir salud del cuerpo y fortaleza del espíritu”, señaló.
Al finalizar la misa, largas filas de fieles esperaron para recibir el agua bendita y llevarla a sus hogares, concluyendo así una celebración que renovó en la comunidad el llamado de San Ignacio de Loyola a confiar plenamente en Dios, amar, servir y buscar su presencia en todas las cosas.































































