Diana Adriano
Como parte de su proceso de formación sacerdotal, los seminaristas de la Diócesis de Ciudad Juárez realizan cada verano una experiencia de apostolado en distintas comunidades parroquiales, donde ponen al servicio de la Iglesia los conocimientos y habilidades adquiridos durante el año, al mismo tiempo que fortalecen su vocación a través del contacto cercano con los fieles.
Un bello ejercicio
El padre José Farías, formador del Seminario Conciliar, explicó que durante el periodo vacacional los seminaristas cuentan con un mes para convivir con sus familias y un segundo mes es destinado al apostolado en las parroquias de la diócesis.

Durante ese tiempo, los jóvenes participan principalmente en los campamentos infantiles y juveniles de verano, ofrecen formación a equipos de liturgia, acompañan a los párrocos en las diversas actividades pastorales y colaboran en la organización de la vida parroquial.
Dependiendo de la etapa formativa en la que se encuentren, las responsabilidades cambian. Los seminaristas de Teología, por ejemplo, suelen recibir el encargo de atender alguna capilla, donde coordinan las actividades de verano bajo la guía del párroco. Asimismo, algunos son enviados a cursos especializados, como los de música, pastoral y comunicación, que se realizan en la Ciudad de México para fortalecer su preparación.
El padre Farías destacó que esta experiencia representa un aprendizaje fundamental para la formación integral de los futuros sacerdotes, ya que les permite involucrarse en las distintas dimensiones pastorales y conocer de cerca el trabajo cotidiano de un párroco.
Lo que más valoran los seminaristas en sus evaluaciones es el contacto con la comunidad, con los jóvenes, con los grupos parroquiales y, de manera especial, el acompañamiento del párroco. Ahí descubren cómo vive y sirve un sacerdote, y eso fortalece su respuesta vocacional

Testimonio a las comunidades
El padre José señaló que la presencia de un seminarista también beneficia a las comunidades, pues anima la pastoral vocacional y ofrece un testimonio cercano para quienes sienten inquietud por el sacerdocio.
Las comunidades descubren que no están solas y que hay jóvenes respondiendo al llamado de Dios. Los seminaristas se sienten muy queridos por la gente; los consienten, les dan consejos, los acompañan y se crean lazos de amistad que muchas veces permanecen hasta que llegan a ser sacerdotes
Respecto a la asignación de cada seminarista, el formador explicó que el proceso se realiza de manera colegiada entre el equipo de formadores, siempre en un ambiente de oración y discernimiento”.

Pedimos la luz del Espíritu Santo para responder tanto a las necesidades de las parroquias como a las necesidades formativas de cada seminarista. Buscamos que el lugar al que sean enviados contribuya a su crecimiento humano, pastoral y espiritual
Sem. Samuel Mota: Oportunidad de escucha
Jesús Samuel Mota, seminarista de segundo año de Filosofía, vivió esta experiencia en la parroquia El Señor de los Milagros, en Riberas del Bravo, donde durante un mes colaboró en diversas actividades pastorales.
Entre sus principales tareas estuvieron el acompañamiento a jóvenes que se preparaban para recibir el sacramento de la Confirmación, la organización de un retiro, el apoyo en las celebraciones litúrgicas y la convivencia con niños y adolescentes de la escuela EMMA, institución que atiende a estudiantes que, por diversas circunstancias, no han podido concluir su educación básica.

Aunque llegó sin grandes expectativas, Samuel aseguró que la cercanía con las personas fue lo que más enriqueció su experiencia.
Yo lo que quería era convivir con la gente y eso se cumplió completamente. El padre nos permitió ir formándonos a través del acompañamiento con las personas
Dijo que el apostolado confirmó una de las razones por las que respondió al llamado vocacional: la oportunidad de escuchar y acompañar a quienes necesitan una palabra de aliento.
Hace mucha falta la escucha de las personas. En el sacerdocio existe la oportunidad de escucharlas y llevar una palabra que llegue a su corazón. Eso me motiva mucho y fortalece mi vocación

Al finalizar su estancia, la comunidad celebró una misa de despedida para los seminaristas, un momento que Samuel recordó con especial emoción por los lazos de amistad que surgieron durante ese mes.
Aprendí muchas cosas de mí mismo y espero que algún día pueda entregarme a una comunidad con el mismo amor y cercanía con que lo hace el padre Jesús Salinas
Sem. Daniel Morán Conocer a las comunidades
Daniel Morán, seminarista que este año pasó a segundo de Filosofía, compartió que durante un mes realizó su apostolado en la parroquia San Juan Apóstol Evangelista, donde acompañó al seminarista de Teología David Cordero en diversas actividades pastorales.

Durante su estancia participó en celebraciones de la Palabra, apoyó en misas de quince años y funerales, acompañó a los grupos de Confirmación y visitó las comunidades de la Palabra que se reúnen semanalmente para reflexionar el Evangelio. Además, colaboró en la visita a enfermos junto con los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión.
Daniel señaló que esta experiencia le permitió conocer de manera más cercana la misión cotidiana de un sacerdote.
El apostolado nos da una pequeña muestra de lo que es la vida de un párroco. Es una oportunidad para ver cómo vive y sirve a su comunidad, y eso enriquece mucho nuestra vocación
Agregó que una de las mayores satisfacciones fue sentirse acogido por los fieles y experimentar el agradecimiento de las personas por el simple hecho de acompañarlas.
Fue muy gratificante ver una comunidad que se siente acompañada y agradecida por compartir con ellos la fe y la Palabra de Dios. Eso me motiva a seguir adelante en mi vocación
El seminarista destacó también que la parroquia cuenta con cuatro capillas, cada una con una realidad distinta, lo que le permitió comprender mejor los desafíos pastorales que enfrenta un sacerdote para acompañar a comunidades con necesidades diferentes.
Finalmente, afirmó que estas experiencias son indispensables en la formación de un futuro sacerdote, ya que permiten conocer de cerca la realidad de la diócesis y de las personas a quienes un día estarán llamados a servir.































































