Ana María Ibarra
Con una celebración eucarística y una animada kermés, la comunidad de la capilla Divino Niño, perteneciente a la parroquia Santa Inés, celebró la fiesta en honor del Divino Niño Jesús con misa donde las familias se consagraron y de manera especial consagraron a sus hijos, encomendando a Él la vida de sus pequeños.
Con los brazos abiertos

Durante la Eucaristía dedicada al Divino Niño Jesús y que se celebró el 19 de julio, el párroco de la comunidad, padre Hugo Muñoz, invitó a los fieles a contemplar el pasaje evangélico de Jesús perdido y hallado en el templo, pasaje que inspira la imagen del Divino Niño con los brazos abiertos.
En su homilía, el padre Hugo explicó que, más que un niño extraviado, el evangelio presenta a Jesús enseñando a los doctores de la Ley, manifestando desde temprana edad que su misión consiste en ocuparse de las cosas de su Padre.
“¿Cómo encontraremos a Jesús al final del camino? Como el Padre amoroso, como el Dios misericordioso, con los brazos abiertos para recibirnos”

expresó el sacerdote, al señalar que Jesús escucha a quienes acuden a Él con un corazón necesitado y responde a quienes ponen su vida en sus manos.
Añadió que la fiesta del Divino Niño recuerda a los cristianos que Jesús ocupa siempre el primer lugar, porque cumple la voluntad del Padre y permanece atento a las necesidades de sus hijos.
Ofrendas y fiesta

La celebración estuvo marcada por emotivos gestos de fe. Uno de ellos fue la ofrenda de dulces que algunas familias presentaron ante el Divino Niño durante el ofertorio.
Al final de la celebración, otro gesto de fe y devoción fue la consagración al Divino Niño. Familias pasaron por el pasillo central de la capilla para pasar delante de la imagen de Jesús Niño y consagrarse a él.
Tal fue el caso de Tere Tapia, Yuri Aguilar y Gisel Carrizales, integrantes de la Danza La Guadalupana quienes avanzaron de rodillas como muestra de agradecimiento y de súplica.

Tere Tapia, llevó en brazos a sus dos ahijadas. Una de las pequeñas, hija de Yuri Aguilar, permaneció hospitalizada durante quince días después de nacer debido a complicaciones de salud.
«Consagrarla significa entregársela a Dios, ponerla en sus manos. Él la curó cuando nació. Estaba muy malita y fue Dios quien la sanó»
compartió Yuri.
También Gisel Carrizales presentó a su hija Aitana para pedir por su recuperación, ya que la bebé comenzó a sufrir espasmos cuando tenía tres meses y medio de edad, por lo que la familia acudió al Divino Niño con esperanza a encomendarle su salud.
«Es un regalo poder presentársela y darle gracias por permitirme tenerla conmigo. Hoy le pedimos que le conceda un pronto alivio»
expresó Gisel.
Al exterior del templo, la comunidad vivió una fiesta participando en la kermés que contó con comida, música y diversión familiar.































































