Ana María Ibarra
Durante el foro “Hablarlo, puede cambiarlo todo”, el joven Juan Pablo Medina, quien vive con parálisis cerebral, compartió su testimonio de vida, en la que ha encontrado razones para hablar de resiliencia, inclusión y esperanza.
Juan Pablo estudió Recursos Humanos, además de Administración Pública y Ciencia Política, y ha recibido reconocimientos por su trabajo en favor de la inclusión.
Además, se ha desarrollado como conferencista y ha participado en actividades artísticas y deportivas, pero más allá de sus logros, habló desde su propia experiencia.
“Desde pequeño he enfrentado situaciones de exclusión y bullying. En la secundaria, por ejemplo, hubo actividades en las que no pude participar. Se formaban grupo o equipos en deportes y ¿Quién creen que quedaba fuera? Pero eso no me desanimó y formé la liga USAER”, dijo orgulloso
Agregó que en una actividad de danza, al no tener pareja para integrarse con los demás, comenzó a bailar con su andador, y en teatro, en uno de los ejercicios, sus compañeros caminaban por todo el lugar y él se quedó en el escenario. Ahí descubrió que, al estar solo, tenía todo el escenario para caminar.
Hablar siempre

Juan Pablo no negó la dificultad, sino que cambió la manera de mirarla.
Su experiencia le ha enseñado que las dificultades no tienen por qué convertirse en el final de una historia, por eso, su mensaje central fue buscar lo positivo incluso dentro de las experiencias negativas, sin negar que existen situaciones dolorosas.
“Cuando aparecen pensamientos negativos, es importante hablar y desahogarse. Puede ser con el padre, la madre, un amigo, un vecino o incluso con la mascota. Lo importante es no guardar todo dentro”, dijo el joven.
También invitó a buscar lo positivo incluso en medio de las situaciones difíciles.
“Hay momentos en que uno piensa que no puede, pero el ‘no puedo’, no existe. Se los dice alguien que vive con ansiedad”, compartió.
Este testimonio confirmó lo que se escuchó en el foro: que prevenir el suicidio no comienza únicamente en un consultorio, sino que la prevención puede comenzar en casa, en una escuela, entre amigos o en una conversación aparentemente sencilla que puede empezar con la simple pregunta: ¿Cómo estás?
Pero, sobre todo, con la disposición de quedarse para escuchar la respuesta.

































































