Dra. Velia Collazo/Abogada derechohumanista
Hablar de paz en México no significa solamente desear que desaparezcan la violencia y el miedo. Para un católico, la paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, una responsabilidad que se construye cada día. Jesús nos enseña: «Bienaventurados los que trabajan por la paz», recordándonos que no basta con esperar tiempos mejores; estamos llamados a convertirnos en artesanos de reconciliación en la familia, la comunidad y la sociedad.
La paz verdadera nace de la justicia. No puede haber tranquilidad duradera mientras existan pobreza, corrupción, impunidad, discriminación y abandono. La fe nos invita a reconocer en cada persona a un hermano o una hermana cuya vida posee una dignidad sagrada. Por eso, trabajar por la paz implica acompañar a quienes sufren, escuchar a las víctimas, proteger a los más vulnerables y rechazar toda forma de abuso o indiferencia.
También exige aprender a perdonar sin confundir el perdón con el olvido ni con la renuncia a la justicia. Perdonar es impedir que el odio tenga la última palabra; reconciliarse es buscar la verdad, reparar el daño y abrir caminos para que la violencia no se repita. Esta conversión comienza en lo pequeño: en nuestras palabras, en la manera de resolver desacuerdos, en la honestidad con que trabajamos y en la decisión de no participar en la corrupción.
México necesita familias que eduquen para el respeto, parroquias que sean espacios de escucha y consuelo, jóvenes con oportunidades y ciudadanos que participen responsablemente en la vida pública. La oración es indispensable, pero debe hacerse visible en obras de misericordia, en la defensa del bien común y en la valentía de denunciar el mal por medios pacíficos y legales.
Ante los desafíos del país, el cristiano no puede rendirse al miedo ni pensar que su esfuerzo es inútil. Cada gesto de verdad, solidaridad y servicio es una semilla del Reino de Dios. Que Cristo, nuestra paz, transforme nuestros corazones y nos conceda la fuerza para construir un México donde la justicia abrace a la misericordia y donde cada persona pueda vivir con dignidad, seguridad y esperanza.
Hermano, ¿qué haces cada día en tu familia y entorno para lograr la paz?

































































