Ana María Ibarra
Como parte de los festejos dedicados a San Lorenzo, la comunidad diocesana participó de una peregrinación hacia el Santuario de San Lorenzo el pasado domingo 9 de agosto.
Al llegar al Santuario, los fieles participaron de la Eucaristía presidida por monseñor J. Guadalupe Torres Campos, obispo de Ecatepec, quien estuvo de visita en la ciudad.

Peregrinos del amor
Congregados en el parque del fraccionamiento Alameda, decenas de familias caminaron rumbo al Santuario en el día previo a la fiesta de San Lorenzo. Vivieron así una tradición que comenzó en 1993, cuando el padre Alfredo Abdo Rohana y la comunidad hicieron la invitación a peregrinar desde la Catedral.
Aunque aquella primera peregrinación tuvo un recorrido de aproximadamente seis kilómetros -el doble de lo que se recorrió en esta ocasión- el padre Alfredo Abdo señaló que el sentido permanece: reconocerse como peregrinos que caminan hacia Dios.

“Somos peregrinos y vamos de camino a algo muy grande. La comunidad está llamada a ser también peregrina del bien y del amor”
expresó el sacerdote.
Los peregrinos caminaron por espacio de hora y media y al llegar al Santuario se celebró la Eucaristía, presidida por monseñor J. Guadalupe Torres Campos, anterior obispo de Ciudad Juárez, quien se encontraba de visita en la ciudad.

La celebración se realizó en el atrio del templo y reunió a miles de devotos y decenas de danzas.
Tres amores
En su homilía, monseñor Torres invitó a los fieles a contemplar en San Lorenzo tres grandes amores: a Dios, a la Iglesia y al prójimo, especialmente a los pobres, enfermos y necesitados.

“San Lorenzo descubrió a Cristo y decidió seguirlo con fidelidad, incluso hasta entregar la vida. Como diácono, sirvió a la Iglesia y permaneció cercano a quienes más sufrían”
mencionó el obispo.
Recordó que cuando el emperador le exigió al diácono entregar los tesoros de la Iglesia, el santo presentó a los pobres y enfermos como su verdadera riqueza.

“Ellos son los tesoros de la Iglesia”
afirmó el obispo al señalar que el testimonio de San Lorenzo invita también hoy a dejar de lado el egoísmo, el individualismo y la soberbia para mirar al otro con respeto, fraternidad, justicia y paz.
La celebración marcó el inicio de una jornada festiva que continuó con la Misa de Gallo a medianoche, presidida por el padre Abdo.

Fe de frutos
El santuario permaneció abierto durante toda la noche para recibir a los peregrinos, quienes, como es costumbre, llenaron el recinto con veladoras, exvotos, flores y toda clase de ofrendas y agradecimientos.
El lunes 10 de agosto, fecha de la fiesta de San Lorenzo en la Iglesia Universal, se celebraron misas cada dos horas, desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche, presididas por distintos sacerdotes de la diócesis.

Al concluir, el ejemplo San Lorenzo quedó como una invitación a que la fe no se limite a las palabras, sino que dé frutos concretos de amor, justicia, unidad, perdón y reconciliación, siguiendo el ejemplo de quien hizo de su vida un testimonio de fidelidad a Dios y servicio a los demás.
San Lorenzo con los migrantes
Como cada año, San Lorenzo se vio abarrotado por fieles que llegaron de todos puntos de la ciudad e incluso de otras partes de México y de Estados Unidos para mostrar su devoción.
Las calles aledañas al templo se cerraron desde el viernes previo y hasta el lunes 10 de agosto, para dar paso a los puestos y juegos mecánicos que forman parte de la verbena popular en este espacio, que también se llena de danzantes ofrendando sus pasos al diácono mártir.
Muchos de los fieles llegaron a encomendar a san Lorencito diversas necesidades, desde la salud y el trabajo, hasta situaciones familiares.
Durante la peregrinación el domingo 9 de agosto, el padre Abdo mencionó de manera especial a los migrantes como fervientes devotos de Lorenzo, pues siempre se ha hecho patente que tienen una profunda confianza en la intercesión del santo.
“Existe una anécdota en la que el cónsul le preguntó al entonces obispo, don Renato Ascencio León, si sabía quién resolvía los asuntos de migración en Ciudad Juárez. La respuesta del cónsul fue: San Lorenzo”
contó.































































