Ana María Ibarra
Más que aprender una metodología, los integrantes de tres comunidades de espiritualidad ignaciana y teresiana se reunieron el pasado 5 de septiembre para experimentar lo que significa discernir juntos. Esto a través del taller de discernimiento comunitario impartido por el padre Jesús Suárez, sacerdote de la Compañía de Jesús.
Asistieron integrantes de Comunidad de Vida Cristiana Asís y Comunidad de Vida Cristiana Oasis, ambas de espiritualidad ignaciana, así como del Movimiento Teresiano Apostólico Kórima, de espiritualidad teresiana.
A partir de la experiencia de las primeras comunidades cristianas, el sacerdote jesuita José Suárez explicó que el discernimiento comunitario parte del discernimiento personal y se lleva a la comunidad para buscar juntos la voluntad de Dios.

«Es un proceso de una búsqueda comunitaria para descubrir cómo, desde lo que cada comunidad es, puede crecer el amor, la belleza y la realización en la vida cotidiana».
Explicó que se trata de un proceso porque requiere tiempo e implica paciencia, escucha, silencio y oración; y es comunitario porque requiere de cada integrante la disponibilidad, movilidad, humildad y libertad.
«Para quienes siguen a Jesús, discernir implica una búsqueda constante”, señaló.
Agregó que es necesario estar dispuestos a cuestionar los propios juicios, abrirse a otras formas de pensar y mirar las situaciones desde diferentes perspectivas.

«En discernimiento puede haber oscuridad, no siempre hay claridad; sin embargo, la presencia y la escucha del otro pueden ayudarnos a encontrar el camino».
Durante el taller también explicó aquello que no es el discernimiento comunitario.
«No es una votación por mayoría, pues se busca la unión de los ánimos; tampoco es un debate en el que se intenta imponer el mejor argumento. No es una lluvia de ideas ni una asamblea de opiniones; no es la decisión de quien preside, disfrazada como consulta», mencionó.
Entre las condiciones necesarias para discernir señaló la fe en Dios, la oración antes, durante y después del proceso, la llamada “indiferencia ignaciana”, es decir, acercarse sin una respuesta predeterminada; contar con información suficiente y desarrollar un proceso claro.

Explicó además que existen distintos tipos de discernimiento, entre ellos el de situación, que pregunta qué pide Dios en un momento determinado, y el de elección, orientado a decisiones concretas.
Como parte del taller, cada comunidad tuvo la oportunidad de poner en práctica lo aprendido y discernir sobre una situación real de su propia vida comunitaria.
El ejercicio permitió experimentar que discernir juntos requiere tiempo, escucha y disposición, aunque para varios participantes el proceso resultó difícil.
Sin embargo, la retroalimentación ofrecida por el padre Suárez a cada comunidad permitió identificar elementos para continuar profundizando el discernimiento en sus posteriores reuniones.
El taller concluyó con la celebración de la Eucaristía, en la que las comunidades pusieron ante Jesús aquellas situaciones que tienen por discernir, confiando en Jesús el camino que habrán de continuar juntos.

































































