En los recientes años ha habido una creciente tendencia a la cremación de cadáveres en lugar de su inhumación. Pero también existe un desconocimiento o hasta desinterés sobre cuál es el digno destino de las cenizas de una persona…
Diana Adriano
En medio de la indignación que se ha generado en la comunidad por el caso del Crematorio Plenitud que apiló cadáveres que debían ser incinerados y presuntamente entregó cenizas falsas a los familiares de esos fallecidos, surge otro planteamiento sobre el destino final de los difuntos.
En entrevista, el padre Eduardo Hayen, párroco de Catedral, compartió su testimonio respecto a una situación que se ha vuelto cada vez más común en la Catedral: el abandono de urnas con cenizas de difuntos.
Dijo que los recientes años ha habido una creciente tendencia a la cremación de cadáveres en lugar de su inhumación. Pero también existe un desconocimiento o hasta desinterés sobre cuál es el digno destino de las cenizas de una persona.
“En dos ocasiones nos han dejado urnas con restos de personas a los pies de la Virgen de Guadalupe. La gente simplemente llega, las deja ahí y se va”, relató.
“Nosotros quedamos en un verdadero aprieto porque no sabemos qué hacer con ellas. No las hemos tirado, por supuesto, porque merecen todo el respeto, pero tampoco deberían estar ahí”.
En este sentido, hizo un llamado firme a la comunidad católica: no abandonar las cenizas de sus difuntos ni conservarlas en casa, sino tratarlas con la dignidad que corresponde al cuerpo humano, que es templo del Espíritu Santo.

Cremación sí, no banalización
Aclarando un punto importante de doctrina, el sacerdote explicó que la Iglesia permite la cremación de un difunto, pero únicamente cuando no se realiza por motivos contrarios a la fe en la resurrección.
“Hay algunas personas que piensan que el cuerpo debe fundirse nuevamente con la naturaleza, como si no tuviera mayor valor. Pero nosotros creemos que el cuerpo humano, en especial el cuerpo de un bautizado, ha sido templo del Espíritu Santo. Merece respeto y honor, incluso después de la muerte”, expuso.
Recordó también que la muerte tiene una dimensión pública, eclesial y comunitaria, que no debe ser privatizada.
“No podemos decir ‘es mi difunto, lo tengo en casa y se acabó’. La muerte también es un acto de fe en la Resurrección, un momento en el que la Iglesia entera acompaña. Por eso es importante que las cenizas se depositen en un lugar bendecido, como un cementerio, un columbario parroquial, o un lugar autorizado para ese fin”.
Olvido y deshumanización
El padre Hayen advirtió también sobre los riesgos reales de mantener las cenizas en casa.
“He visto casos donde se olvidan las urnas. Una vez, al bendecir un negocio, me encontré con una urna y los nuevos dueños me dijeron: ‘son las cenizas de un familiar del dueño anterior, aquí las dejaron’”.
Explicó que las generaciones futuras no tienen el mismo lazo de amor con el difunto. Así,
para los nietos o bisnietos, ese ser querido fallecido puede terminar siendo un desconocido y entonces no dan valor a sus restos”
Por otra parte señaló que cuando las cenizas de un difunto son tratadas banalmente y se dejan en casa o en un sitio no santo, están expuestas al maltrato accidental.
“Una urna puede caerse, romperse, o incluso terminar en la basura por descuido. Es una situación lamentable”, reconoció.
A ejemplo de Cristo
El sacerodte recordó que desde la perspectiva católica, el cuerpo humano tiene un profundo valor simbólico y espiritual.
“Jesús mismo nos dio ejemplo: su cuerpo fue bajado de la cruz, ungido, envuelto en una sábana y colocado en un sepulcro. Desde ahí resucitó. Nosotros también seguimos ese itinerario, esperando la resurrección de la carne”
Por ello, explicó, la existencia de cementerios y tumbas ayuda a mantener viva esa esperanza cristiana:
“Los cementerios no son lugares de muerte, sino espacios donde expresamos nuestra fe en la vida eterna”.
Por ello, el párroco de Catedral invitó a las familias a ser responsables con los restos de sus seres queridos.
“No los abandonen, no los tengan en casa sin un criterio claro. Denles un lugar digno donde puedan ser honrados y recordados. La muerte no es el final, es el paso hacia la Vida Eterna. Y nuestros difuntos merecen ser acompañados con respeto, fe y esperanza”.
“La cremación puede ser una opción válida para los fieles católicos, pero siempre bajo el marco de la dignidad humana, la Doctrina de la Iglesia y la esperanza firme en la Resurrección”, concluyó.
Ley no obliga destino fijo para cenizas
Mientras que la Iglesia Católica establece lineamientos claros respecto al destino de las cenizas de los fieles difuntos (Instrucción Apostólica «Ad resurgendum cum Christo»- 2016), en el ámbito civil no existe una normativa que obligue a las personas a colocar cenizas de su familiar difunto en un lugar específico.
Así lo confirmó Ángel, operario de una funeraria local, quien desde su experiencia ha visto cómo cada familia decide de forma distinta qué hacer con los restos de sus seres queridos.
“La ley no dice exactamente que las cenizas deban estar en cierto lugar”, expresó Ángel al ser consultado sobre el tema.
“Como ya son restos áridos, ya no contaminan, por eso muchas veces la familia prefiere conservarlas en casa. No hay un reglamento que diga claramente: ‘las cenizas deben ir aquí o allá’. Eso queda más al criterio o deseo de cada familia o de la persona antes de fallecer”, dijo.
En entrevista con Presencia, el empleado dijo que, en México, el manejo de restos humanos y el destino de las cenizas tras la cremación no están regulados por una sola ley nacional, sino por un conjunto de normas federales y estatales que buscan garantizar un trato digno, higiénico y ético a los difuntos.
Marco legal, diverso y complementario
Se conoce que Ley General de Salud (Federal) es el ordenamiento legal más importante en el país en materia de servicios funerarios.
En su artículo 348 establece que la cremación debe ser autorizada por la autoridad sanitaria correspondiente y realizarse únicamente en instalaciones con licencia sanitaria vigente.
Además, subraya que los restos humanos deben tratarse con dignidad y respeto en todo momento, independientemente del método de disposición final.
Por otra parte se hallan las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) que son obligatorias y definen los estándares técnicos y sanitarios que deben seguir los establecimientos de salud y servicios funerarios.
En particular, la NOM-037-SSA3-2016 regula la disposición de cuerpos humanos, incluyendo la cremación.
Esta norma establece las condiciones de infraestructura, higiene, manejo, conservación e identificación de los restos. También obliga a las funerarias y crematorios a mantener registros precisos y seguros de cada procedimiento.
En cuanto a los Códigos civiles y leyes estatales de salud se conoce que cada estado de la República Mexicana tiene sus propios reglamentos.
En el caso de Chihuahua, la Ley Estatal de Salud establece disposiciones para la conservación, traslado, inhumación y cremación de restos humanos, y faculta a la COESPRIS (Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios) como autoridad reguladora.
Estos reglamentos estatales complementan la legislación federal para adaptarse a las necesidades locales.
¿Qué obligaciones tienen las funerarias y crematorios?
Para operar de forma legal y responsable, los servicios funerarios deben cumplir con los siguientes requisitos:
-Licencia sanitaria vigente, expedida por la autoridad correspondiente (COFEPRIS o COESPRIS).
-Infraestructura adecuada, incluyendo hornos crematorios certificados, ventilación correcta, zonas limpias y áreas de seguridad.
-Personal capacitado, tanto en el manejo sanitario como en el trato digno y ético de los cuerpos.
-Control documental riguroso, que garantice la trazabilidad de cada cuerpo desde su ingreso hasta la entrega de cenizas.
-Respeto y confidencialidad durante todo el proceso, conforme a los principios de dignidad humana.
-Cumplir la voluntad de la familia, siempre que esta se mantenga dentro del marco legal.

































































