La Diócesis de Ciudad Juárez ha encontrado en la activación física una vía idónea para la evangelización y la reconstrucción del tejido social. A través de iniciativas estructuradas que combinan el atletismo de ruta, el ciclismo urbano, el futbol o el basquet bol, la iglesia local demuestra que el cuidado del cuerpo y el cultivo de la fe marchan en una misma dirección, consolidando espacios donde la fraternidad, la paz y la sana convivencia son las verdaderas metas por alcanzar.
Actualmente, los esfuerzos deportivos diocesanos se sostienen gracias al compromiso de diversos grupos, cuyos esfuerzos rinden frutos tanto en lo físico, como en lo espiritual.

Acompañando a futbolistas
El padre René Murillo ha sido capellán de equipos locales de este deporte, por lo que ha sido testigo de los valores que se viven dentro y fuera de la cancha.
Aunque por el momento se encuentra en una pausa como capellán, reconoció que ha sido una bonita experiencia compartir con jugadores de nivel profesional.
Recordó que en el año 2000 fue invitado por un preparador físico llamado Richie para acompañar al equipo de futbol Tigrillos, afiliado a Tigres de Monterrey.
Ahí he logrado reconocer la solidaridad, la disciplina, saber vivir en comunidad, ser moderados en el alcohol y los vicios. Un vicioso no dura en el fútbol. También el respeto y la tolerancia por el otro. Estos valores universales, humanos, morales, cristianos se viven en el futbol”, compartió el sacerdote.

Dijo que su participación consiste en tener con los jugadores un momento de oración y reflexión antes de ingresar a la cancha.
“Siempre se ha rezado el Padre Nuestro, es muy importante para ellos. Pero asisto siempre que el director técnico lo decida. Acudí muchos años, ahora estoy en una pausa hasta que el director me llame”, dijo.
Para el sacerdote ha sido una experiencia bonita estar con jugadores de nivel profesional cuyo círculo de amistades es reducido, sin embargo, en el deporte encuentran una edificación personal.
“El deporte edifica en la disciplina, en la seriedad de la vida y mantiene alejado de vicios.
Vivir la solidaridad con el otro, es vivir la armonía con los demás; pues no se puede ser egoísta en el deporte”, señaló.
Así, el padre René ve el deporte como una bendición de Dios ya que “en cada uno se ve la mano de Dios que otorga dones y carismas extraordinarios “, dijo.
Aseguró que todo deporte requiere trabajo, armonía, comunidad, honestidad, seriedad y perseverancia.

Liga diocesana de futbol
Hace casi dos décadas se formó la Liga de Futbol Diocesana a sabiendas de que, a través de este deporte, los jóvenes desarrollan disciplina, compañerismo, entre otros valores.
Eder Ruíz, coordinador de arbitraje de la Liga, se integró a este proyecto hace diez años. Recordó que la Liga inició en el 2008 como “Jugada Juvenil”, un torneo que organizaba el decanato de La Sagrada Familia y en la que participaban varias parroquias de esa demarcación.
“Eran pocos equipos. En un inicio este evento era meramente vivencial. Conforme fue pasando el tiempo, se acercaron más equipos y se creó la Liga Diocesana como mera convivencia entre parroquias. Al paso de los años, la liga ha estado jugando en diferentes canchas de la ciudad”, compartió Eder.
La liga inició con modalidad de fútbol soccer once vs once, varonil y siete vs siete, femenil.
“Este último es el formato que tenemos ahora. Tenemos distintas parroquias, pero lo que nos juega un poco en contra es la ubicación de las canchas. Las parroquias de la periferia no se han acercado por cuestión del traslado. Los juegos son por la tarde los domingos y cuando se juega por la noche es complicado el traslado”, lamentó.
Aunque un punto a favor es que en la actualidad los equipos ya conocen la liga y no es necesario invitarlos, sino que llegan solos.

La Liga de Futbol Diocesana realiza dos torneos al año, uno de enero a junio y el segundo de agosto a diciembre dejando un mes de descanso.
Eder consideró que la práctica del futbol en la liga promueve distintos valores como trabajo en equipo, la disciplina, que son propios del deporte, pero también el respeto, la solidaridad y la amistad.
“Buscamos de que sea un espacio de convivencia, un espacio familiar. Al final del día es una competencia que aprovechamos para promover esos valores. Hemos tenido buenos frutos, como el buen ambiente que se genera, sano entre las parroquias o sobre todo el apoyo de las comunidades que asisten a echar porras”, añadió.
Eder invitó a la comunidad diocesana a utilizar el deporte como herramienta para promover valores que tanta falta hace en esta sociedad.
“El deporte no es un medio para cosas malas. Necesitamos seguir promoviendo las buenas costumbres, los buenos valores, la buena conducta y el deporte es una muy buena herramienta para ello”, concluyó.
Para información sobre la Liga de Futbol Diocesana comunicarse al 656 169 1584.
Un sacerdote atleta

Para el sacerdote Jorge Ramos, párroco del Inmaculado Corazón de María, el deporte no es un simple pasatiempo, sino una extensión de su vocación y un medio para honrar a Dios. Aunque su disciplina base es el atletismo, su inquietud por superarse lo llevó a trazar una meta ambiciosa: prepararse para competir en un Medio Iroman, competencia de triatlón que incluye natación, ciclismo y medio maratón. Para lograrlo, tomó la decisión de integrar la natación y el ciclismo a su rutina, una disciplina por año; un plan que, tras verse alterado por la pandemia y adaptado inicialmente a través del spinning, hoy lo mantiene dando sus primeros pasos firmes como un entusiasta principiante en el ciclismo de ruta.
Conocer este deporte a través de otros ciclistas le permitió descubrir cómo las dos ruedas complementan perfectamente su faceta de corredor. Equipado con una bicicleta de ruta ajustada milimétricamente por un técnico para prevenir lesiones, además de casco, zapatillas de enganche, ropa adecuada y su botella de hidratación, el presbítero sale a rodar buscando espacios seguros.
No obstante, reconoce que pedalear en la frontera entraña retos complejos. Aunque la ciclopista de la ciudad es su refugio habitual, circular por las calles representa un riesgo debido al tráfico, la falta de acontecimientos limpios y el severo deterioro del pavimento asfáltico, factores que impactan tanto en la bicicleta como en la seguridad del atleta.
Pese a los obstáculos urbanos y las exigencias de una agenda pastoral sumamente demandante, el padre Jorge ha encontrado en las primeras horas de la madrugada el espacio ideal para ejercitarse. Lejos de restar valor a su labor, el ciclismo se ha convertido en una herramienta integradora para su vida sacerdotal.
Toda actividad me resulta enriquecedora cuando puedo asimilarla como integrativa en mi ministerio”, reflexiona el párroco.
El ejercicio me exige prevención, enfoque para corregir técnicas, gestión del tiempo y del esfuerzo… trato de seguir un programa que forme parte de mi ofrenda a Dios.
Para el párroco, el fruto de las extenuantes jornadas sobre el sillín va mucho más allá de alcanzar una óptima condición física o mental. Las mañanas de entrenamiento se transforman en momentos de profunda oración y contemplación mística.
El deporte te invita a contemplar la grandeza del Creador cuando puedes disfrutar de una luna llena que se oculta tras las montañas o apreciar el cielo rojizo de la aurora. Gracias a eso, me siento con energía y buen ánimo para la mayor parte del día en mi ministerio”, relata con gratitud, sin ocultar que, aunque termina físicamente cansado, siempre queda con la ilusión de que amanezca para volver a empezar.
El padre Jorge suele rodar en solitario. Sin embargo, cada vez que cruza caminos con otros ciclistas, eleva una oración por ellos: “pienso en sus experiencias, objetivos y proyectos… Dios también va con ellos en el camino”.
Con la mirada puesta en el futuro, el sacerdote no descarta sumarse pronto a recorridos con hermanos sacerdotes de mayor experiencia que ya le han propuesto explorar rutas en la vecina ciudad, reavivando el suelo del Medio Ironman. Mientras tanto, el pedalista del Inmaculado Corazón de María conserva una meta clara y trascendental: mantener una vida saludable que le otorgue un ministerio fecundo y lleno de energía por muchos años más, hasta que Dios se lo conceda.

































































