Ana María Ibarra
El padre José Armando Benavides Romero, quien se desempeñaba desde 2022 como vicario general, fue elegido por el Colegio de Consultores como Administrador Diocesano de la Diócesis de Ciudad Juárez.
Esto ocurrió el pasado lunes 27 de julio en un proceso que, según explicó en entrevista, se desarrolló con orden y conforme a lo establecido por el Código de Derecho Canónico.
El padre Benavides compartió con Periódico Presencia cuáles son las prioridades que tendrá durante el tiempo de sede vacante, y detalló el llamado que hace a sacerdotes y fieles para permanecer unidos mientras la Iglesia espera la llegada de un nuevo obispo.
Aquí la entrevista:
¿Cómo se siente con esta designación y esta responsabilidad?
Por una parte, agradecido con Dios por la confianza y, por otra, con el nervio de realmente poder cumplir esa responsabilidad. Obviamente es un honor, pero, más que nada, una responsabilidad.
Nuestro obispo fue trasladado a otro lugar y estamos en la espera. Creo que así se capta muy bien el ambiente en el que surge la figura del administrador diocesano. Al nombrarme a mí, obviamente no deja de sorprenderme. Nunca me había imaginado estar en esta situación. Desde que entré al seminario, la verdad, nunca pasó por mi mente.
Trato de vivir este momento con mucha fe, pidiéndole a Dios sabiduría. Coincidió con la lectura del domingo, cuando Salomón le dice a Dios lo que pide. Totalmente en esa línea: humildad ante Dios, ante los hermanos, y sabiduría para poder acompañar.
¿Cuál considera que es el mensaje principal que Dios le da a la diócesis en este tiempo de sede vacante?
Creo que es uno de los puntos más importantes. Nuestro Dios quiere que sigamos adelante. También puede ser un tiempo de gracia para valorar lo que somos como diócesis, manteniéndonos unidos: unidos en la fe y unidos en el servicio.
Sigamos perseverantes. Es un tiempo de espiritualidad interesante, porque le pedimos a Dios que la diócesis siga adelante guiada por su Espíritu y que nos envíe pronto un obispo que nos acompañe y sea nuestro pastor.
¿Cuáles serán las prioridades pastorales y administrativas durante el tiempo que desempeñe este cargo?
Una de las cosas más importantes en este tiempo de sede vacante es la unidad: la unidad diocesana y la unidad del presbiterio. Estamos viviendo un tiempo muy positivo como diócesis y como presbiterio, y esa unidad tenemos que cuidarla y cultivarla.
La unidad del presbiterio se manifiesta, por ejemplo, en nuestras juntas semanales y en la formación permanente de los sacerdotes. Estamos por iniciar un nuevo ciclo con un equipo renovado que trabaja con mucho compromiso, coordinado por el padre Juan Manuel Orona.
La función del administrador diocesano también es estar siempre en comunión con el Colegio de Consultores, que lo eligió, y con el presbiterio, desde la escucha, la cercanía y la comunión.

La unidad diocesana también se manifiesta en la vida espiritual, en la oración, pidiendo por nuestra diócesis y por el nuevo obispo que Dios nos enviará. Unidos también en el apostolado y en el servicio.
Me animaría a compartir con la comunidad que debemos seguir adelante con nuestro compromiso. Aunque exista el sentimiento por la partida de nuestro obispo, don José Guadalupe, es momento de perseverar. Que cada uno, donde Dios lo ha colocado, siga trabajando en sus grupos, movimientos y parroquias, dando continuidad al Plan Diocesano, que seguirá enriqueciéndose con nuevas iniciativas.
También está la Novena previa a los 500 años de la aparición de la Virgen de Guadalupe, una propuesta Continental.
Asimismo, hay momentos muy valiosos donde la diócesis se une en oración, como el Rosario Viviente, cuya próxima edición ya se está preparando. Lo más importante es que sigamos unidos y trabajando.
¿De qué manera la diócesis continuará los proyectos que ya estaban en marcha?
Una de las responsabilidades del administrador, y con él, de la sede vacante, es continuar y no cambiar el rumbo. No es un momento para hacer grandes innovaciones.
Es un tiempo no sólo de mantener, yo prefiero la palabra perseverar. Perseveremos en el camino que ya hemos iniciado. Todavía tenemos muchas cosas pendientes que comenzamos con nuestro obispo y con nuestro vicario de pastoral, especialmente en la implementación y actualización del Plan Diocesano.
También están las iniciativas del Equipo de Animación Pastoral, tanto parroquial como diocesano, el EDAP y los EPAP. Es importante que esta figura sea cada vez más conocida por toda la comunidad.
En la parte administrativa, debemos seguir llevando todo con orden: la administración, la campaña del diezmo y todos los procesos que permiten que la diócesis funcione adecuadamente.
¿Cómo será el trabajo del administrador con los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y los laicos durante esta etapa?
Lo primero es estar atentos a las necesidades de las comunidades, de los grupos, de los movimientos y de las personas, con una actitud de escucha. Poco a poco habrá oportunidad de preparar encuentros en los decanatos y realizar visitas.
Así como el obispo visita las parroquias para las confirmaciones, el administrador también tiene esa función. Son momentos privilegiados para estar cerca de las comunidades. No quiero adelantarme; deseo que todo se vaya dando paulatinamente y según lo que sea prudente.
¿Cuál es el llamado a las comunidades parroquiales, los movimientos y las familias católicas en este periodo de espera del nuevo obispo?
Lo primero es pedir mucho a Dios en la oración. Es un aspecto de la vida cristiana que nunca deberíamos descuidar. Como nos dice Nuestro Señor Jesucristo y nos recuerda san Pablo: Oren sin cesar.
La participación en los sacramentos es la gracia que nos impulsa al servicio y al testimonio. La presencia de la Iglesia tiene que seguir en la sociedad: los religiosos, los sacerdotes y también todos los laicos, dando testimonio en el trabajo, en la escuela y en todos los ambientes.
Todo esto es fruto de una vida espiritual y de oración. También debemos pedir por el nuevo obispo. Estamos revisando la oración que se publicará con esa intención. Apenas comienza este proceso, pero es muy importante unirnos en esa oración.

¿Cómo podemos los fieles ayudarle en su misión?
Definitivamente, como decía el papa Francisco: oren por mí. Oren por la diócesis y oren por la misión del administrador, para que tenga la unción del Espíritu y la sabiduría humana y espiritual necesarias para dar un testimonio de coherencia.
Alguien me dijo algo que me parece totalmente cierto: esto es juntos. Vamos a salir adelante juntos. Una tarea tan delicada solo puede salir adelante si nos mantenemos unidos como Pueblo de Dios: sacerdotes, presbiterio y toda la comunidad.
A mí me gusta decirlo con esas palabras: verdaderamente, el tesoro de nuestra diócesis son los seglares, son los laicos. Es un tesoro hermoso que hay que cuidar y cultivar.
Pbro. Lic. Armando Benavides Romero
*Nació el 2 de noviembre de 1971
*Su vocación surgió en la preparatoria, especialmente cuando se integró a la parroquia La Sagrada Familia.
*Fue ordenado diácono el 13 de febrero de 1999 -aniversario de su Bautismo- en El Señor de la Misericordia.
* Ordenado presbítero el 19 de junio de 1999 en Catedral.
* Administrador parroquial de N.S. de la Esperanza,
* Administrador parroquial de Nuestra Señora de Lourdes.
* Enviado a Roma en 2001 a estudiar Teología dogmática.
* Prefecto de disciplina del Seminario Menor por 10 años y director espiritual del Curso Introductorio por 4 años.
* Párroco de Santo Niño de Atocha por 4 años.
* Desde 1999 fue auxiliar de Mons. Isidro Payán acompañando a las Voluntarias Vicentinas.
* Actualmente asesor eclesiástico de Voluntarias y de los grupos de la Familia Vicentina:
* Vicario General de la diócesis, de noviembre de 2022 hasta su elección como administrador diocesano este mes de julio.































































