Ana María Ibarra/Paulina Ruiz
La fe, el servicio y la esperanza continúan transformando vidas en la comunidad fronteriza, a través del incansable trabajo de familias que han entregado su vida al servicio del Movimiento de la Renovación Carismática.
Ellos son artífices y testigos del crecimiento espiritual de miles de jóvenes en la diócesis local, que se han visto favorecidos tras participar en un Congreso Juvenil como el que se realiza este fin de semana.
Aquí los testimonios de dos familias:

Testigos de una historia de amor
Casados hace 51 años, Gloria Molina y Mauricio Romo han servido en el Movimiento de la Renovación Carismática desde hace aproximadamente 30 años, iniciando en la capilla Nuestra Señora de la Soledad, de la parroquia Verbo Encarnado.
El matrimonio ha visto como el Congreso Juvenil ha ido creciendo tanto en el número de asistentes, como en los frutos espirituales que ofrece a la juventud fronteriza en toda una historia de amor a lo largo e 47 años.
Llamados a la Renovación
Don Mauricio contó que la enfermedad, primero de su padre y después de su hija mayor, en aquel entonces de ocho años, lo llevó a acercarse al servicio parroquial integrándose al equipo de Renovación. Después de un tiempo, su esposa Gloria se animó a ir a la capilla.
“Me evangelicé. Me enamoré mucho de mi Señor y dejé muchas cosas negativas que tenía. El Señor es maravilloso”, compartió Gloria.
Gloria y Mauricio se volvieron coordinadores de la Renovación en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad por casi una década, tiempo en el que llegaron a congregar hasta a 70 personas en las asambleas.
En ese tiempo, Anita Castorena era la coordinadora del movimiento y poco tiempo después, Gloria y Mauricio se integraron al consejo diocesano, en el que prestaron su servicio durante 20 años.
“Estábamos en el ministerio de oración y en algunos congresos coordinamos la cocina que anteriormente era para ofrecer comida a todos los asistentes. Fuimos también coordinadores de liturgia”, añadió el matrimonio.
Una de las anécdotas que Mauricio recuerda fue que, cuando al ir a pedir apoyo en una bodega de una tienda de supermercado con los insumos para la comida de un congreso, el joven que lo atendió no le cobró nada de todo lo que llevaba.
Frutos en la familia
Ese amor a Dios y al servicio en la Iglesia pronto se transmitió a la familia. La pareja invitó a Alfredo, hermano de Mauricio, a un congreso y este fue con su esposa Leticia. En ese evento el Señor hizo su obra.
“Estaban renuentes de ir. Pero el Señor tenía su plan. Eran jóvenes y tenían a su primer hijo. Se quedaron a servir y ahí, en el movimiento, nacieron cuatro de sus cinco hijos y hoy todos son servidores: Luis Romo es el coordinador de jóvenes; José y Jonathan están en liturgia, David en alabanza junto con su mamá Leticia. Y aunque Alfredo no se encuentra en este momento en algún ministerio, sigue apoyando en lo que se necesita”, contó don Mauricio.
Dado que su hija mayor falleció a los nueve años de edad, Gloria y Mauricio se quedaron solo con un hijo varón, adoptando después a una niña de ocho años.
“Mi hijo fue a dos congresos. El Señor lo ha tocado. En una ocasión que lo invité al congreso y no quiso ir, compré un cuadro para él y le pedí a María Sangiovani que se lo dedicara. Por medio de ella, el Señor le envió un mensaje”, recordó Gloria.

Testigos del crecimiento
Hoy, con tres décadas dentro del movimiento y al conocer de primera mano la importancia de evangelizar a los jóvenes, Gloria y Mauricio valoran haber atestiguado la positiva evolución de los congresos juveniles.
“Cuando entramos a Renovación asistían menos jóvenes, no como la cantidad que hay ahorita. Aunque en una ocasión, en la Casa de la Renovación, que era como una maquila, se dijo que hubo diez mil jóvenes”, recordaron.
Para el matrimonio es una alegría el ver a jóvenes interesandos en el Señor y sobre todo ver el amor que le tienen a la Eucaristía.
“Nos da mucha alegría al ver que los jóvenes acuden con entusiasmo y que se postran con amor ante el Santísimo. Antes, en los congresos, los jóvenes se salían del evento, ahora ya no lo hacen. Han entendido quién es el Señor y que está en ese pedacito de pan”, dijeron.
En frase…
“Los congresos ayudan mucho en la evangelización de los jóvenes, es hermoso que conozcan al Señor ahora en su juventud, porque se evitan muchas cosas negativas”,
concluyeron.
Aman el momento
cumbre del Congreso
Para Jorge Ramos y Guadalupe Avila, servidores de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo (RCCES), el Congreso Juvenil no es solo un evento anual, sino una misión de vida que ha transformado a su familia y fortalecido su fe.
Ellos tienen 18 y 15 años de servicio en el Movimiento -respectivamente- y hoy comparten cómo el servicio se ha convertido en el motor de su caminar espiritual.
Su historia transformada
Para ambos, el camino de inició con una experiencia personal definitiva: el “Seminario de Vida en el Espíritu Santo”. Tras vivir este retiro y dedicar un tiempo a la formación y vida en comunidad, sintieron el llamado de pasar de las bancas al servicio activo.
Decidieron servir en los congresos y así sembrar una semilla de fe que no tardó en dar frutos en su hogar.
“Yo llegué solo, pero después mis hijos también empezaron a servir”, relata Jorge con satisfacción, subrayando cómo el servicio al Señor tiene el poder de involucrar y unir a las familias en un mismo propósito.
Momento cumbre
Los entrevistados hablaron de la preparación de un evento de la magnitud del Congreso Juvenil: la logística y planeación comienzan con un año de anticipación. El equipo de servidores se sostiene en un pilar espiritual invisible, pero poderoso: en retiros, oraciones, ayunos y sacrificios.
Y para ambos servidores, el momento cumbre de cada congreso siempre ocurre frente al Santísimo: “el momento más significativo es la Hora Santa, porque es donde el Señor se manifiesta de una manera poderosa para sanar y liberar a los jóvenes”, dijo Jorge.
Guadalupe agregó: “Es el instante de mayor apertura, en la Hora Santa, después de los temas, el joven va abriendo su corazón al Señor. Es la oportunidad de ser un instrumento para salvar a los jóvenes del pecado”.
Comprendiendo el valor de estos bellos momentos dentro del evento, para los entrevistados servir a Dios a través de los jóvenes representa una gran alegría, misma que permanece intacta a través de los años.
Sal y luz del mundo
Para Jorge y Guadalupe, cada edición del congreso representa una oportunidad para que la fe y la confianza en el Señor sigan creciendo, no solo en los asistentes, sino en los mismos servidores.
Compartieron que este año, el equipo base de la RCCES eligió la temática del 47 Congreso tras un intenso ambiente de oración y votación de citas bíblicas.
Decidieron el lema “Ustedes son la Sal y la Luz del mundo”, que busca animar a los jóvenes a ser precisamente lo que Jesús quiso enseñar en el ‘Sermón de la Montaña’.
“Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino que se echa fuera y se pisotea.
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre una colina no se puede ocultar. Nadie enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Así alumbre la luz de ustedes delante de los demás, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.
En frase…
Invito a los sacerdotes a que envíen a sus jóvenes de Confirmaciones para que tengan un encuentro con un Jesús vivo. ¡No tengan miedo. Acudan al Congreso! Jesús los espera con los brazos abiertos.
Guadalupe y Jorge
































































