La historia de este joven bautizado en una comunidad juarense, deja claro que para la gracia de Dios, por medio del Espíritu Santo, no existen aduanas ni pasaportes.

Paulina Ruiz
La fiesta de Pentecostés celebra la venida del Espíritu Santo como un viento recio que rompe barreras lingüísticas, prejuicios culturales y fronteras geográficas.
En el altar de la comunidad de San Mateo, esta fiesta litúrgica cobró un rostro concreto y profundamente conmovedor a través del testimonio de Ryan Max Thomas, un joven de 18 años cuya llegada a la fe católica rompe cualquier lógica.
Hijo de padre estadounidense con marcadas posturas de rechazo hacia lo hispano y de madre taiwanesa, profundamente arraigada en la doctrina y tradiciones del budismo, Ryan recibió este mes de mayo los sacramentos del Bautismo, primera Comunión y Confirmación.
Fue el pasado sábado 16 de mayo cuando el joven se confirmó en la parroquia San Mateo, en una misa que contó con traducción simultánea, acompañado por su maestro y ahora padrino sacramentos -Demetrio Hernández- y teniendo como testigo a la comunidad que pudo adentrarse en una historia donde la convicción personal y la sed de Dios se impusieron con valentía a una crianza familiar marcada por la oposición ideológica.

Ajeno a la Iglesia
El punto de partida de Ryan estaba en las antípodas de la fe que hoy abraza. La familia del joven es completamente ajena a la religión católica; Ryan no creció escuchando el Evangelio, ni asistiendo a misa, ni compartiendo los códigos de la comunidad parroquial.
“Él era un niño que creció en una familia no religiosa. Aunque su papá fue bautizado católico y fue monaguillo, se alejó de la Iglesia y nunca más practicó la religión”.
“Además, no tiene ninguna gota de hispanidad. No conocía nada de México con excepción de la violencia que, supo, aquí acontecía”, explicó Demetrio, padrino y traductor de Ryan.
“Una vez le comenté que tenía que ir a cosas de celebración de Semana Santa y me dijo: ‘yo quiero ir’”, relató.
Le respondí Sí, pero es en Juárez ¿cómo crees que vamos a pedir permiso a tus papás? Y me dijo: Ok, déjame lo intento. Le marcó a su mamá -quien trabaja en la industria maquiladora-. Y la mamá le dijo ´No, no me convence, porque yo tengo amigos que sufrieron violencia y no me da buena espina, pero háblale a tu papá.
Su papá fue más duro cuando él le contó que le mostraron videos donde la gente ‘se disfraza’ como de los tiempos de Jesús y le dijo: Yo nunca he visto en algo así, y quiero estar ahí. Ryan, estudiante de UTEP, tuvo que desafiar la negativa de sus padres y con insistencia logró acudir a las celebraciones de Semana Santa en la parroquia San Mateo.

Desafiando las raíces
Así, el verdadero frente de batalla para Ryan no estuvo en la diferencia geográfica, sino en el muro ideológico complejo que representaba su propio hogar: su padre que de cierta forma rechaza lo hispano y su madre taiwanesa budista.
Entrevistados antes de que iniciara la misa de Confirmación de Ryan, el catecúmeno y su padrino contaron que abrazar el catolicismo en un hogar con esa dinámica no era una simple elección de vida, sino un acto de disidencia familiar.
“Él estaba muy convencido de que quería bautizarse en la iglesia católica”, dijo Demetrio.
“Le contamos la historia al padre Aurelio y el padre lo conoció, lo entrevistó para preguntarle por qué se quería bautizar y por qué quería estar en la Iglesia Católica. Entonces él reveló: quiero tener la protección de Dios antes de irme al ejército”, dijo Demetrio.
“Comprendimos entonces que Ryan no quería irse sin recibir la bendición de Dios”.
Demetrio siguió contando que cuando le explicaron sobre los sacramentos, dijo rápidamente ‘quiero que me bauticen’.
De la mano de Demetrio
En este escarpado camino, Ryan no estuvo solo. Dios puso en su vida a Demetrio, quien inicialmente fungió como su maestro y rápidamente se convirtió en su guía espiritual, protector y padrino de sacramentos. La complicidad y el afecto entre ambos se hicieron presentes durante la entrevista. Ryan se dirigió a su padrino con palabras que mostraron ese lazo espiritual que los une:
“Tú ya habías tomado un lugar de padrino en mi vida para los 4 años en que nos habíamos conocido. La única cosa que faltaba era el título o el documento oficial”, expresó Ryan.
Para el joven, el proceso implicó cuestionar de raíz todo su entorno y mantenerse firme cuando los pilares fundamentales de su casa se oponían. Mirando en retrospectiva, Ryan reconoció que el encuentro con su amigo y padrino fue un diseño providencial:
“Yo creo que, a través de conocerte y venir aquí durante la Semana Santa, fue una respuesta a mis oraciones, porque yo siempre quise haber estado cerca de Dios y tú solamente fuiste un instrumento para acercarme, pero yo siempre quería estar cerca de Dios”, reveló.
Antes de partir al ejército
La urgencia de Ryan por recibir el Bautismo, la Comunión y la Confirmación tenía también una razón de peso de cara a su futuro inmediato. El joven está a poco tiempo de dar un giro radical a su vida al instalarse de manera oficial en el Ejército de los Estados Unidos.
Para él, cruzar el umbral de la exigente vida militar sin la fuerza del Espíritu Santo y el amparo de los sacramentos no era una opción viable. Con una madurez que sorprendió a los adultos de la comunidad, Ryan definió su visión de la vida en relación con el Creador:
“Todas las vidas son mejoradas cuando te acercas más a Dios. Y yo creo que en cualquier dificultad que pueda encontrar mi vida, siempre seré feliz de que estaré con la protección de Dios. Es el propósito de todas las cosas que hemos hecho hasta este punto: recibir la protección de Dios”, reconoció.
A pesar de que su destino está en las fuerzas armadas y que su vida tomará rumbos distantes, el corazón de Ryan se ha quedado anclado en la comunidad que lo acogió sin juzgar su origen ni su idioma. Visiblemente conmovido por las muestras de cariño de los feligreses de San Mateo, el joven hizo una promesa: “yo seguiré viniendo aquí, este es mi hogar, no iré a otra iglesia”.
Ryan se mostró sumamente contento con la calidez de la comunidad y la forma tan generosa en que lo recibieron desde el primer día, disipando cualquier temor al rechazo y al aislamiento cultural. Tiene la certeza de que en esta parroquia tiene una comunidad que rezará por él.
Sin duda el testimonio de Ryan, proclamado en inglés, pero traducido al español para toda la comunidad, seguirá sacudiendo los corazones de los fieles en esta frontera tantas veces dividida por la política y el origen.
Hoy la historia de este joven bautizado en una comunidad mexicana, dejó claro que para la gracia de Dios, por medio del Espíritu Santo, no existen aduanas ni pasaportes.

































































