Esta pareja celebró hace unas semanas sus Bodas de Diamante (75 años de matrimonio) y sus hijos cuentan el bello impacto que deja en la familia y en la sociedad, este ejemplo de que sí se puede.
Ana María Ibarra
Fe, amor y entrega han sido la base que ha sostenido el matrimonio de Alfonso Murguía Valdez y Alicia Margarita Chávez de Murguía, quienes el pasado mes de abril cumplieron 75 años de casados.

Historia de amor
Con gran alegría y orgullo, la familia Murguía Chávez celebró las Bodas de Diamante de esta pareja, cuyo amor, fe y su compromiso del uno hacia el otro, hacia su familia y la sociedad, han sido un ejemplo para su numerosa familia que este año alcanzará a 114 integrantes.
Lucila Murguía de Arronte, hija de Alfonso y Alicia Margarita, compartió en entrevista la historia del matrimonio de sus padres, así como las enseñanzas que han recibido como hijos para llevar un matrimonio duradero.
“Es una gran bendición que los dos estén vivos y que puedan llegar juntos a este momento y sobre todo verlos igual de enamorados, queriéndose mucho. Ha sido un testimonio muy fuerte para todos nosotros. Mis papás tienen 97 y 98 años y están sanos, bendito Dios, no les duele nada, no están enfermos de nada”, dijo Lucila.
Recordó que sus padres les contaron que se conocieron cuando estudiaban en la primaria María Martínez, y desde los seis y siete años ya se gustaban.
La atracción y el cariño creció conforme ellos crecieron. Su padre fue a estudiar a Estados Unidos y a su regreso continuaron el noviazgo casándose cuando él terminó la universidad.
“Ambos son nacidos aquí en Ciudad Juárez y han vivido toda la vida aquí. Se conocen de toda la vida. Como anécdota, mi suegra, que estudió con ellos en la primaria, nos cuenta que a ella le tocaba pasar los recaditos de uno a otro. Es una historia de toda la vida”, resaltó.

Vida familiar y de pareja
El matrimonio Murguía Chávez tuvo ocho hijos, de los cuales actualmente viven siete.
“Éramos cinco hombres y tres mujeres. Una familia muy grande y con mucha dinámica familiar. Mi padre fue muy trabajador y el proveedor de todos. Nos dio universidad y nunca nos faltó nada. Mi mamá fue muy dedicada al hogar y a nosotros. Su relación de pareja fue muy especial», recordó la entrevistada.
La hija mayor de la familia Murguía mencionó que sus padres tenían designado el sábado para salir solos, como pareja.
“Lloviera, tronara o relampagueara, lo que fuera que pasara, ellos salían, porque era el momento para ellos, para estar juntos, platicar sobre la semana y divertirse solos o con amigos. Nosotros ya sabíamos que llegaba el sábado y cómo fuera se acomodaban para ellos tener ese momento a solas”, contó.
Añadió que nunca vieron pelear a sus padres, y si lo hacían, era en privado.
“Mi padre mencionaba que la rutina puede matar el matrimonio, por lo que siempre tenían muchos detallitos entre ellos. No dudo que tuvieran sus diferencias como todo matrimonio, pero nunca nos tocó verlo”, aseguró.
Sobre la crianza de los hijos, Lucila reconoció que ambos siempre estuvieron al pendiente de ellos.
“Había muchas actividades y viajes en familia. Estuvieron muy pendientes de nosotros, participando en las directivas de las escuelas y en todo lo que hacíamos”.

Cimientos en Dios
Para la entrevistada, la fe ha sido base fuerte en el matrimonio de sus padres y en su hogar.
“Estaban muy involucrados en movimientos de la Iglesia, de matrimonios, en el Movimiento Familiar Cristiano, fueron Cursillistas, e impulsaron escuelas católicas en Ciudad Juárez. La presencia de Dios ha sido constante en su vida matrimonial y eso ha sido un testimonio muy fuerte para nosotros”, señaló Lucila.
Agregó que su padre estudió en un colegio católico en El Paso y considera que desde ahí aumentó su fe y cercanía a Dios, ya que asistió a misa diaria toda su vida y visitaba al Santísimo.
“Hasta este momento se demuestran cariño, en la mañana se levantan y se dan su besito. Es un testimonio muy fuerte. Han sido un ejemplo para nosotros que tenemos también años de casados con nuestras parejas, algunos con más de 50 años de matrimonio”, expresó.
Actualmente, los padres de Lucila se encuentran en casa y, por su edad, pocas veces salen, pero son visitados por sus hijos, nietos y bisnietos.

Su fiesta
La celebración por su 75 aniversario matrimonial fue con una misa sencilla y emotiva, presidida por monseñor Isidro Payán, amigo de toda la vida del matrimonio, y concelebrada por el padre Héctor Xavier Villa. Asistieron únicamente sus siete hijos y sus parejas.
“La ceremonia fue hermosa, con mucho simbolismo, con mucho significado. El objetivo era dar gracias a Dios por esta vida, por este matrimonio, por este momento. La celebración fue en casa, acondicionamos un saloncito y después de la misa, hicimos un brindis”, contó.
Con la historia de amor de sus padres, Lucila quiso decir a los jóvenes que es importante pensar en el futuro y visualizar con qué te vas a quedar al final.
“Sí se puede tener un matrimonio duradero y feliz. Nada es fácil, ya que todo cuesta, todo implica sacrificio, entrega y trabajo, pero al final de la vida, se obtienen estos resultados de una familia que es una bendición”, dijo.
Papi, muy serio, le pregunté:
—¿Cuál es el secreto para llegar a 75 años de matrimonio?
Sin pensarlo, me respondió:
—Tres razones. La primera: ¡estar vivos!
Y soltamos la carcajada. El buen humor siempre ha sido parte de nosotros.
Luego añadió:
—La segunda: ¡con la misma!
Otra vez reímos. Porque su matrimonio siempre ha sido así: fiel, apasionado, dedicado y lleno de amor.
Pero después me miró fijamente a los ojos y, con una certeza que me dejó sin palabras, dijo:
—La verdad, solo hay una razón y una explicación: Dios.
Y en ese instante entendí todo.
Con Dios sí se puede. Con Dios sí se debe.
Terminé abrazándolo fuerte y agradeciendo a Dios por el regalo tan inmenso —e inmerecido— de poder tenerlos y aprender de un amor así.
Alfonso Murgía, hijo.
“Me siento muy orgullosa de mis papás y es importante que la gente vea este testimonio de que sí se puede. Sobre todo, porque Dios siempre ha estado a la cabeza de todo”.
Lucila Murguía
El mayor legado de mis padres fue enseñarme a poner a Dios y a la familia como el centro de mi vida. Lo hicieron desde el amor y la disciplina, pero, sobre todo, con su propio ejemplo. Hoy entiendo que la verdadera educación nace en el hogar a través del cariño y la convivencia; la escuela solo complementa los conocimientos.
Aunque de joven vi sus correcciones como exageradas, la vida y mi experiencia como padre/madre me demostraron que sus enseñanzas nunca se olvidaron. Gracias a su paciencia y constancia, esos valores florecieron en mí. Al final, el amor, el cariño y la ternura que recibí de ellos transformaron cada momento de mi vida en un recuerdo feliz.
Creo que lo que más tengo que agradecer a mis padres, es que siempre nos inculcaron tener fe en Dios, tenerlo siempre en primer lugar, y como el centro de todo; seguido por la familia. Y lo importante de esto, es que lo hicieron con todo el amor del mundo, corrigiendo y con disciplina, pero sobre todo con el ejemplo, no nada más con palabras.
De mis padres solo recibí amor, cariño, y ternura, todos los demás momentos de mi vida, buenos o malos, con estos tres dones, convirtieron mi vida en puros recuerdos agradables y felices.
Ricardo Murguía

































































